WASHINGTON.– La dificultad del presidente estadounidense Donald Trump para salir de la impopular guerra con Irán encontró un nuevo obstáculo con el más reciente intercambio de ataques entre ambas partes, lo que deja al mandatario con pocas opciones favorables y un alto el fuego debilitado.
Trump declaró que un acuerdo provisional para poner fin al conflicto estaba “terminado” y ordenó nuevos ataques el miércoles, después de que Irán atacara instalaciones militares estadounidenses en Bahrein y Kuwait en respuesta a los bombardeos de Estados Unidos contra objetivos iraníes, lanzados tras los bombardeos contra buques petroleros en el estrecho de Ormuz.
Más de tres semanas después de la firma de un “memorando de entendimiento” para iniciar una tregua entre Estados Unidos e Irán, la nueva escalada ha puesto de relieve las dificultades que enfrenta Trump para alcanzar un acuerdo de paz integral y una salida de la guerra que le permita preservar las apariencias. Sus opciones son limitadas y, en su mayoría, desfavorables, según analistas.
Cualquier escalada significativa que vaya más allá de los ataques de represalia podría implicar el riesgo de un regreso a una guerra abierta, aunque Trump insistió el miércoles en que los últimos acontecimientos terminarían “muy rápidamente”, mientras los precios internacionales del petróleo se disparaban alrededor de un 7%.
Sin embargo, dar marcha atrás frente a la actitud desafiante de Irán podría reforzar la percepción de Teherán de que puede ejercer presión sobre el canal de transporte de petróleo más importante del mundo cuando lo considere conveniente.
Trump podría estar esperando que los bombardeos contra Irán lo obliguen a volver a la mesa de negociaciones para discutir el futuro de su programa nuclear, que él estableció como el principal objetivo de la guerra. Sin embargo, la mayoría de los expertos no ven señales de que Teherán vaya a aceptar las concesiones profundas que busca el mandatario.
“Trump se ha metido en una caja”, afirmó Aaron David Miller, exnegociador de Medio Oriente de gobiernos demócratas y republicanos. “Ya sea mediante medios militares o diplomáticos, no parece probable que consiga mucho de Irán”, agregó.
La Casa Blanca no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Trump, bajo presión
La búsqueda de un plan de salida por parte de Trump ocurre mientras enfrenta presiones para poner fin de manera definitiva a una guerra que dejó miles de muertos, provocó dificultades económicas dentro de Estados Unidos y redujo sus niveles de aprobación a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.
Una encuesta de Reuters/Ipsos del 23 de junio mostró que la aprobación de Trump había caído al 34%, regresando al nivel más bajo de su segundo mandato y reduciendo las posibilidades del Partido Republicano de mantener el control del Congreso.
Los últimos ataques, que opacaron la cumbre de la OTAN a la que Trump asistió esta semana en Turquía, redujeron las esperanzas de transformar el memorando firmado el 17 de junio en un acuerdo de paz definitivo que ponga fin a la guerra, iniciada con los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero.
La mayoría de los analistas se muestran escépticos respecto de que ambas partes puedan alcanzar un acuerdo integral dentro del plazo de 60 días de negociaciones establecido en el documento. El memorando dejó los asuntos más complejos para más adelante, en conversaciones intermitentes que han logrado pocos avances –o ninguno–, mientras que la próxima ronda de negociaciones sigue siendo incierta.
Irán, que sufrió graves daños en su economía y en sus capacidades militares, también enfrenta una presión creciente después de que Washington revocara una exención que permitía a Teherán vender petróleo en los mercados internacionales, anulando uno de sus principales logros obtenidos bajo el acuerdo provisional.
Aun así, sus gobernantes de línea dura parecen dispuestos a soportar nuevos golpes, y algunos analistas sugirieron que los ataques de esta semana por parte de ambos bandos podrían haber tenido como objetivo fijar posiciones de cara a futuras negociaciones.
Jonathan Panikoff, exsubdirector de Inteligencia Nacional de Estados Unidos para Medio Oriente, afirmó que es probable que este patrón continúe en el futuro cercano.
“La situación no va a volver a una guerra a gran escala”, dijo Panikoff, quien actualmente trabaja en el centro de estudios Atlantic Council, con sede en Washington. “Pero la configuración por defecto ahora es una inestabilidad gestionada: violencia recurrente sin una salida permanente”, aseguró.
Trump, quien hizo campaña para un segundo mandato con la promesa de evitar intervenciones extranjeras y concentrarse en las preocupaciones económicas de los estadounidenses, presentó el acuerdo provisional como una contundente victoria de Estados Unidos, aunque Irán también hizo afirmaciones similares.
Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que Trump, quien en un momento exigió la “rendición incondicional” de Irán, se ha visto frustrado en muchos de sus objetivos para la guerra, que además han ido cambiando con el tiempo.
El estrecho de Ormuz
En el origen de la última escalada de hostilidades se encuentran las distintas interpretaciones sobre lo que significa el acuerdo preliminar para el control del estrecho, donde Irán demostró durante la guerra su capacidad para bloquear una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo.
Irán considera que tendrá un papel futuro en la gestión de esa vía marítima, posiblemente incluso cobrando tarifas o peajes, mientras que Trump y sus aliados del Golfo Pérsico exigen el restablecimiento del tránsito libre y seguro.
“Los iraníes han llegado a la conclusión de que Trump no quiere verse arrastrado a una guerra abierta e indefinida, y el Golfo está desesperado por volver a la normalidad”, afirmó Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), un centro de estudios con sede en Washington.
“Su apuesta es que Trump luchará durante unos días y que los Estados árabes del Golfo presionarán para que se detenga”, agregó el experto.
Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, junto con la preocupación de que los altos precios de la nafta provocados por la guerra puedan volverse contra el Partido Republicano, también son consideradas ampliamente como un punto de presión sobre Trump.
“Perseguido por el fracaso del expresidente estadounidense Herbert Hoover en la gestión de la economía, Trump sabe que debe concentrarse en la economía”, afirmó Laura Blumenfeld, especialista en Medio Oriente de la Universidad Johns Hopkins, en referencia a la afirmación de Trump de que prolongar la guerra podría hacer que terminara pareciéndose al presidente que gobernó durante el inicio de la Gran Depresión.

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