WASHINGTON.– Estados Unidos lanzó una nueva ronda de bombardeos contra objetivos vinculados a Irán en medio de un deterioro acelerado del frágil alto el fuego alcanzado semanas atrás, en una escalada que vuelve a tensar el conflicto en una de las zonas más sensibles para el comercio energético global.
Según informó el Pentágono, los ataques se concentraron en instalaciones estratégicas destinadas a “debilitar la capacidad iraní de amenazar la navegación” en el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que circula cerca de un tercio del petróleo que se comercializa en el mundo. Entre los blancos se incluyeron posiciones militares costeras, sistemas de radares y puntos logísticos asociados a operaciones navales iraníes.
Los nuevos bombardeos de Estados Unidos se concentraron principalmente en la costa sur de Irán, en zonas clave cercanas al estrecho de Ormuz. Según reportes, los ataques alcanzaron ciudades y enclaves estratégicos como Bandar Abbas, Konarak y Chabahar, además de otras posiciones militares distribuidas en varias provincias.
De acuerdo a fuentes estadounidenses, la ofensiva fue en respuesta directa a una serie de ataques iraníes contra buques comerciales y energéticos en el estrecho de Ormuz, un paso clave para el transporte global de petróleo y gas.
Washington acusa a Teherán de haber intensificado en los últimos días acciones de hostigamiento, incluyendo disparos y maniobras de interdicción contra petroleros, lo que elevó el riesgo para la navegación internacional.
La ofensiva se produjo pocas horas después de que el presidente Donald Trump advirtiera que una nueva fase de ataques era inminente, aunque intentó restarles carácter de guerra abierta. “Todo lo que suceda, sucederá muy rápido”, advirtió. El mensaje reflejó la ambigüedad de la postura estadounidense: presión militar sostenida sin declarar formalmente el fin de las negociaciones.
Desde la perspectiva iraní, en cambio, es Washington quien incumplió compromisos asumidos en el acuerdo provisional, especialmente en lo referido a la seguridad regional y a la implementación de un alto el fuego más amplio que incluya otros escenarios de conflicto en Medio Oriente.
El cruce de acusaciones se produce en un contexto de profunda desconfianza mutua. Fuentes involucradas en la mediación internacional señalaron que las negociaciones continúan de forma permanente, con la participación de actores como Qatar, Pakistán, Egipto, Turquía y Arabia Saudita, que buscan evitar un colapso definitivo del entendimiento alcanzado.
Pese a esos esfuerzos diplomáticos, la retórica de Trump se volvió más agresiva. El mandatario llegó a afirmar que el alto el fuego “se acabó” y deslizó la posibilidad de “terminar el trabajo”, en referencia a una acción militar más contundente. Sin embargo, también evitó confirmar un cambio de estrategia hacia una guerra prolongada.
Analistas consideran que esta ambigüedad forma parte de una táctica de negociación. La combinación de presión militar y mensajes contradictorios buscaría forzar concesiones de Irán, tanto en el plano nuclear como en la seguridad marítima. No obstante, advierten que este enfoque implica riesgos crecientes de una escalada fuera de control.
Los funcionarios iraníes también endurecieron su discurso. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, acusó a Estados Unidos de violar repetidamente el acuerdo inicial y aseguró que su país no cederá ante la presión. “No nos rendimos”, afirmó en una publicación en X, en línea con una postura que combina resistencia política y respuesta militar limitada.
Los canales diplomáticos siguen abiertos, pero la intensificación de las acciones militares y la retórica confrontativa elevan el riesgo de una escalada mayor.
Riesgo político para Trump
El impacto del conflicto trasciende lo estrictamente militar. La incertidumbre en torno a la estabilidad del estrecho de Ormuz ya comenzó a reflejarse en los precios del petróleo, que registraron subas ante el temor de interrupciones en el suministro. Este factor añade presión sobre la economía global y, particularmente, sobre el escenario interno estadounidense.
Con las elecciones de mitad de mandato a pocos meses, la evolución del conflicto adquiere también un componente político. Un aumento sostenido en el precio de la energía podría afectar a los consumidores y complicar las aspiraciones del oficialismo en el Congreso.
Trump reconoció indirectamente ese vínculo al señalar que “como va el petróleo, va todo lo demás”, aunque sostuvo que los costos económicos son aceptables si se logra frenar el desarrollo nuclear iraní.
Agencias AP, AFP y Reuters

COMENTARIOS