ANKARA.– En un contexto internacional marcado por las guerras, la creciente rivalidad entre potencias y las tensiones internas, los líderes de la OTAN se reúnen en Ankara para la cumbre anual que comienza el martes y que estará marcada por la respuesta al conflicto en Ucrania y la cambiante relación de la alianza con Estados Unidos.
El deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados en la OTAN ensombrece la reunión de dos días. Estados Unidos es el miembro que más aporta, pero el presidente Donald Trump ha amenazado con reducir el papel del país y ha criticado duramente a los países que, según él, no invierten lo suficiente en sus fuerzas armadas. También ha acusado a los aliados de la OTAN de deslealtad por no apoyar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Se espera que los miembros de la alianza discutan el aumento del gasto militar hasta alcanzar el 5% de su PBI para 2035. Los aliados de la OTAN también debatirán el fortalecimiento de sus propias industrias de defensa.
Durante los próximos dos días, 32 aliados de la OTAN, junto con socios de Ucrania, la Unión Europea, el Indo-Pacífico y el Golfo, se reunirán en Ankara con el objetivo de garantizar que el bloque continúe cumpliendo su papel central en la defensa colectiva.
En ese marco, Mark Rutte, secretario general, destacó que los aliados ya demostraron un compromiso significativo, dando un paso al frente de manera contundente frente a los desafíos actuales.
“Somos más fuertes juntos, en la OTAN, con nuestros socios, para garantizar la libertad y la seguridad que todos valoramos”, subrayó, al enfatizar la importancia de la cooperación internacional en un contexto global cada vez más complejo.
Con la presencia de jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, junto a socios estratégicos e invitados clave como el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, el encuentro —bautizado por diplomáticos como la “cumbre de la verdad”— estará atravesado por discusiones de alto voltaje sobre defensa, financiamiento, capacidades industriales y el futuro del vínculo transatlántico. Se espera que el líder de Kiev mantenga un encuentro con el presidente estadounidense, Donald Trump.
En este contexto, el propio Zelensky elevó el tono de sus reclamos en la antesala de la cumbre y apuntó directamente a la necesidad urgente de reforzar la defensa aérea ucraniana.
“Es de una importancia crucial que el mundo —y, ante todo, Estados Unidos y nuestros socios europeos— salga de la cumbre de la OTAN en Ankara con decisiones firmes en apoyo de nuestra defensa aérea”, afirmó el mandatario en redes sociales, en un mensaje dirigido a los líderes aliados.
En particular, insistió en la provisión de misiles para los sistemas Patriot, al advertir que “cualquier demora significa la pérdida de vidas y alienta a Rusia a continuar la guerra”.
El ucraniano subrayó que los recursos existen, pero que lo que falta es voluntad política para desplegarlos de inmediato: “Los misiles se necesitan ahora, no en almacenes, sino en las unidades en Ucrania”.
En la misma línea, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunció la intensificación de los ataques rusos contra objetivos civiles y reforzó el llamado a redoblar el apoyo militar a Kiev. “Anoche, el régimen ruso atacó una vez más a civiles desde el aire de manera indiscriminada, con más de 400 drones y misiles golpeando la capital”, señaló, al advertir que Ucrania necesita “urgentemente” más sistemas de defensa aérea, un tema que, según anticipó, ocupará un lugar central en la cumbre de Ankara.
Von der Leyen destacó además que la Unión Europea ya desembolsó los primeros 4000 millones de euros de un paquete de 90.000 millones destinado a fortalecer las capacidades ucranianas, en particular mediante tecnología avanzada de drones, y aseguró que habrá nuevos envíos en breve. Al mismo tiempo, confirmó que Bruselas trabaja para cerrar en los próximos días el vigésimo primer paquete de sanciones contra Moscú y subrayó que la presión seguirá en aumento “hasta que Rusia ponga fin al derramamiento de sangre”.
Estrategia de desgaste
La antesala de la cumbre estuvo marcada por una nueva escalada militar de Rusia, que en los últimos días intensificó sus bombardeos sobre Kiev y otras ciudades ucranianas mediante drones y misiles. Según analistas occidentales, el Kremlin repite este patrón cada vez que se aproxima una cita clave en el calendario internacional, en un intento de condicionar el clima político y reforzar su posición en eventuales negociaciones. En ese contexto, el presidente ruso, Vladimir Putin, volvió a mantener contactos con su par estadounidense, Donald Trump, lo que alimenta las sospechas de una estrategia orientada a influir directamente sobre la postura de Washington.
Desde la Casa Blanca, Trump sostuvo recientemente que tanto Putin como Zelensky “quieren la paz”, una afirmación que fue recibida con cautela —y en muchos casos con escepticismo— por los aliados europeos. Para varias capitales del continente, Moscú continúa apostando a una estrategia de desgaste, mientras que Kiev intenta mejorar su posición en el campo de batalla antes de cualquier instancia de diálogo. En ese marco, la presencia de Zelensky en Ankara cobra una relevancia singular. El mandatario ucraniano participará en la cena de líderes y en múltiples reuniones bilaterales, incluida una con Trump tras el Consejo del Atlántico Norte, en lo que podría convertirse en uno de los momentos más observados de la cumbre.
A diferencia de encuentros anteriores, Ucrania llega con una posición relativamente fortalecida. El desarrollo de drones de largo alcance capaces de impactar objetivos estratégicos en territorio ruso —como refinerías e infraestructuras energéticas— ha modificado parcialmente el equilibrio del conflicto.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, sostuvo que Kiev atraviesa su momento “más favorable” desde el inicio de la guerra, mientras que el secretario general de la OTAN, afirmó que Putin se encuentra cada vez más “desesperado”, al no lograr avances significativos en el frente y enfrentar un elevado número de bajas. Esta combinación de factores ha llevado a varios líderes de la alianza a respaldar una intensificación de las operaciones ucranianas como forma de presionar a Moscú para retomar negociaciones.
Sin embargo, el apoyo a Ucrania sigue siendo uno de los puntos más sensibles dentro del bloque. Aunque existe consenso en sostener la asistencia militar y financiera, persisten diferencias en torno al reparto de los costos. Estados Unidos redobló la presión sobre sus aliados europeos para que aumenten su gasto en defensa y reduzcan su dependencia de Washington. El objetivo de destinar hasta el 5% del Producto Bruto Interno (PBI) a defensa y seguridad, establecido en discusiones previas, genera resistencias en varios países, especialmente en aquellos con mayores restricciones fiscales.
Rutte intentó matizar estas tensiones al señalar que, si se suman el gasto militar y el destinado a seguridad, Europa y Canadá ya se aproximan al 4% del PBI, lo que sugiere que la meta no está tan lejana. No obstante, el promedio oculta disparidades significativas entre los miembros, reavivando el debate sobre la equidad en la distribución de la carga. Algunas propuestas surgidas desde Washington, como la posibilidad de sancionar a los países que no cumplan con los objetivos o premiar a los más comprometidos, generaron inquietud entre diplomáticos y analistas, que advierten sobre el riesgo de profundizar divisiones internas en un momento crítico.
Capacidad industrial de defensa
Otro de los grandes ejes de la cumbre será la capacidad industrial de defensa. A pesar del aumento sostenido de los presupuestos militares, el complejo industrial transatlántico enfrenta limitaciones estructurales que dificultan incrementar la producción de armamento al ritmo que exige el conflicto en Ucrania. Esta situación no solo pone en riesgo el abastecimiento a Kiev, sino que también podría generar presiones inflacionarias sin traducirse en una mayor disponibilidad de equipos.
Por ello, en el foro de la industria de defensa que se desarrollará en paralelo al encuentro se esperan anuncios de acuerdos por “decenas de miles de millones” de dólares, así como iniciativas destinadas a ampliar la capacidad productiva, incluidas licencias de fabricación en países aliados.
En ese contexto, uno de los movimientos más observados es el acercamiento entre Alemania y Canadá para concretar un acuerdo estratégico en materia de submarinos. Berlín busca asegurarse un contrato para la construcción de unas 12 unidades, en competencia con empresas de Corea del Sur. De concretarse, el acuerdo no solo representaría un impulso significativo para la industria alemana, sino que también consolidaría una alianza de largo plazo en el ámbito de la defensa entre ambos países.
Agencias AP, AFP y ANSA, y diario The New York Times

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