Nacho Vegas regresa a la Argentina y presentará por primera vez en el cono sur su reciente álbum, Vidas Semipreciosas. El show del asturiano es el próximo 1° de mayo en el Teatro Vorterix.
Sus padres de convicciones de izquierda, su paso por la carrera de filología, su vida y la experiencia en su tierra forjaron a un creativo que es auténtico, consecuente, inspira, genera consciencia, emociona. Es para no perderse. En una conversación con PERFIL el artista habló de música, política y poesía, que en él son indisociables.
“Las canciones que hablan de la propia infelicidad, lo hablan porque eso nos revela verdades y tenemos que enfrentarnos a ellas y, del mismo modo, creo que la disidencia política también revela verdades muy incómodas y esas son las cosas que merece la pena que sean cantadas, que se canten bien alto”, destacó Vegas.
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Cada uno de los discos de Nacho Vegas encuentra una narrativa común, pero no es algo tramado de antemano. “Me gustaría ser capaz de hacer un álbum conceptual, hay muchos de mis discos favoritos que responden un poco a esa técnica. En mi caso las canciones van surgiendo. En un primer momento, resulta todo muy caótico, cada canción parece de su padre y de su madre, no sabes muy bien qué tienen en común, pero cuando las pones juntas, las vas maquetando, las voy compartiendo ya con la banda y las vamos grabando, es cuando vas dándote cuenta de hay algo que las une y bueno va surgiendo un poco ahí el concepto, una tesis que late siempre por debajo de las canciones aunque sea de manera implícita”.
Vidas semipreciosas, su noveno álbum de estudio, se estrenó este año. Su título alude a piedras no consideradas oficialmente “preciosas”, que para Nacho son lo que verdaderamente importa: la impureza, lo común, lo imperfecto. El álbum se abre con “Alivio”, que incluye como un mantra una línea de William Burroughs como hilo conductor (“Perhaps all pleasure is only relief / Quizás cualquier placer sea un alivio”).
La segunda canción es “Fíu”, una pieza de raíz popular que deviene en canto antifascista y que dedica a su madre, Cristina Vegas. El músico, poco antes de que se lanzara, había contado a El País de España que el tema iba a mostrárselo a su madre en el día de su cumpleaños número 76 a modo de regalo. “Se la mandé por mensaje el mismo día que cumplía 76 años y bueno, me respondió, ‘gracias cariño, es preciosa, acuérdate que quedamos en comer el domingo’”. Una madre siendo madre.
Vidas semipreciosas subraya su anclaje con la actualidad ya que incluye tres interludios hablados en castellano, catalán y euskera firmados por Javitxu, Anna Gabriel y Adur, involucrados en casos como el de los 6 de Zaragoza, los juicios del Procés y el de Altsasu, respectivamente. Cada una conecta las canciones con luchas concretas y reivindican la música como espacio de comunidad.
“En los años que fui escribiendo las canciones de este disco, en Gijón, mi ciudad, tuvo lugar el conflicto de las seis de la Suiza, que eran seis compañeras sindicalistas que por defender una trabajadora que había denunciado un acoso laboral -trabajaba una pastelería-y por un montaje judicial y un juez fascista que hizo que se diera la vuelta a todo, acabaron siendo judicializadas tanto la trabajadora como las compañeras sindicalistas y condenadas a 3 años y pico de cárcel”, relató el músico sobre uno de los casos. “Hace apenas 2 semanas les concedieron el indulto pero estuvieron cerca de 9 meses en la cárcel”, agregó.
“Hay una canción pues dedicada a ellas, ‘Seis Pardales’ y esa canción me hizo pensar también en otros casos análogos en los que también hay gente que está sufriendo esta represión por parte del Estado español, en virtud de una ley que aquí conocemos como la ley mordaza con la que pueden penalizar protestas que deberían ser absolutamente legítimas, sobre todo cuando son frente a discursos de odio o frente a situaciones de explotación o injusticias”, detalló.
“La ternura es lo contrario al cinismo que es la postura que emana del hiperindividualismo”
Nacho Vegas era un fan de la música británica como The Smiths, pero fueron The Housemartins los que le desbloquearon algo que él quería hacer. En su primer disco bajo su exclusiva autoría, Actos inexplicables, firmó de forma contundente su identidad. Incluyó en él “El ángel Simón”, dedicada a la muerte de su padre cuando él tenía 19 años, que señala crudamente: “Y ahora no sé por qué viene a mi mente el colchón/ que tuvimos que bajar Javi y yo a la basura / sin poder dejar de mirar esa mancha oscura /que allí nos dejaste como herencia y recuerdo antes de partir en tu último viaje / probablemente al infierno”.
“Un Serrat dramático, un Sabina trágico, un Nick Cave ibérico”, fue como lo describió tiempo atrás la periodista y escritora Mariana Enríquez para una reseña en Radar. Algo de eso tiene sentido.
— En el interludio de Javitxu, uno de “Los 6 de Zaragoza”, destaca que lo vivido no les hace tener miedo, que les hace tener más fuerza y algo que vos venís también trabajando mucho y haciendo hincapié es en la ternura, que es algo positivo. ¿Seguís sosteniendo esto y cierto optimismo, cierta esperanza en el medio de todo esto?
— Sí, bueno, creo que es necesario, que no si no pues acabamos claudicando. Hay un momento en el que una de las compañeras de la Suiza dice también en uno de sus mensajes que el amor es una herramienta de lucha. Creo que la ternura también. Son sentimientos que tienen que ver, no solo con el apoyo mutuo, sino que también nos obliga a ponernos en la piel del otro, de la otra, es lo contrario al cinismo que es un poco pues, digamos, la postura que emana del hiperindividualismo que parece que nos están metiendo por vena todo el tiempo con un montón de estímulos que nos llevan pues a esos discursos tan cínicos que que son lo contrario a la ternura. La ternura implica reconocer a la persona que tienes enfrente, tejer redes de empatía, de solidaridad y creo que de esa manera no solo nos apoyamos mutuamente, sino que también haciendo las cosas de forma colectiva, pues nos empoderamos y al final conseguimos tener herramientas de lucha que son las que nos legitiman y las que nos hacen conseguir poco a poco pequeñas victorias. Al final son muy pocos los que acumulan mucho poder, pero como somos muchas más, pues entonces tenemos que aprovechar y poner en común todo esto que nos une y con ello lograr por lo menos gritar más alto que ellos. Y la música en ese sentido tiene un poco la capacidad de poder hacer de altavoz de luchas colectivas y poder ayudar a visibilizar y a enfrentarse más a todas estas injusticias que al poder le conviene silenciar y dar una apariencia de estabilidad, de democracia, de convivencia que se da siempre que estés bien callado y que no remuevas mucho las cosas.
–Hay una letra, en una parte, donde hablás del cormorán, en la primera canción en “El alivio”: “Cuando el cormorán vuelve a planear, puede que eso sea en este mundo lo único que envidio” ¿Recordás cómo te apareció esa frase tan sensible ahí volviendo a esta sensibilidad latente en tus letras?
– Claro, vivo aquí muy cerca del mar, lo tengo aquí pues no sé a 150 metros y en el Pedrero que es la zona un un poco más alejada de la ciudad, es la playa donde aparece algún cormorán majestuoso encima de una roca esperando a sumergirse en el agua a ver si pesca algo y siempre me fascinó mucho su vuelo. La elegancia, la pose del cormorán y cómo se hunden y a veces están hasta un minuto buceando por debajo del agua. Y alguna vez, en una ocasión me lo encontré dándome un baño, por sorpresa, pasando muy muy cerca de mí y fue una una imagen muy fugaz, muy nada, durante unos segundos, pero muy bonita. Tuve un poco de un pequeño síndrome de Stendhal ahí que fue que hizo que se aclare luego la canción.
En su disco Desaparezca aquí, de 2005, también se incluía un pájaro. En “Ocho y medio”, Nacho cantaba: “Vino un pájaro a posarse en mi ventana/ Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul/ Y al acercar mi mano y comprobar que no echaba a volar/ Supe de inmediato que lo enviabas tú/ Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir/ Y, cuando lo hizo, aún llovía aquí/ Y la sangre al gotear entre garras de animal presagió mi suerte/ Como un ave que voló de Madrid hacia Gijón aún herida de muerte/ Reescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien,/ de cometer un nuevo error,/ de no saber pedir perdón o pedirlo demasiadas veces”.
Ahora, el cormorán viene a traer alivio. Quizás porque los tiempos son más peligrosos. Y el asturiano lo advierte en “Tiempo de lobos”:
“Pensé en las estrellas y en los mares
Y luego en el mal terrenal
El odio disfrazado, disfrazado
Con la piel de un hermoso animal
Porque son tiempos de lobos
Y no nos podemos ir
Son tiempos de lobos
Y no quisimos huir”.
Nacho Vegas, tour “Vidas semipreciosas”
1 de mayo en Teatro Vorterix

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