Con la mirada hacia abajo, serio y sentado en una mesa rodeada de su círculo más fiel, Mauricio Macri escuchó el discurso en el que Javier Milei cuestionó su gestión con datos y aseguró que profundizará el programa económico. Una tribuna libertaria y liberal lo aplaudió, y las mesas empresarias también, aunque con reparos sobre el dólar y los márgenes.
“El equilibrio está muy finito”, planteó un dirigente del agro a PERFIL en la previa de la cena de la Fundación Libertad. El establishment presente pareció validar el rumbo general, con “peros” sobre un tipo de cambio que necesita “$200 más”, y resultados prometidos que todavía no se materializaron en los negocios.
En los distintos sectores cuestionan la falta de rentabilidad. “La guerra en Irán hizo subir el petróleo y que el piso quede muy alto y el techo bajo, el margen es nulo», explicó una fuente empresarial a este medio en el cóctel que se realizó en el Golden Center de Parque Norte. Del otro lado del salón, un funcionario del equipo económico festejaba que los créditos en dólares tomados por exportadores estaban funcionando “muy bien”.
La incomodidad de Macri y el PRO en modo libertario
El evento anual de la usina ideológica juntó por tercer año consecutivo en el mismo lugar a Milei y a Macri, esta vez con un expresidente lejos de las fronteras gubernamentales que criticó el ego de los líderes. Luego, el mandatario nacional se paró en el escenario con gráficos comparativos sobre cuentas públicas, inflación y cuenta corriente, entre otros, y aseguró ser “el mejor Gobierno de la historia”. La Casa Rosada bajó a su plana mayor al evento. El ministro de Economía, Toto Caputo, no apartó la mirada de Milei en la hora y diez minutos de oratoria que ofreció el jefe de Estado. A su lado, Patricia Bullrich, Karina Milei, Federico Sturzenegger y Diego Santilli en la mesa principal. Manuel Adorni también estaba en ese centro; fue recibido por Alejandro Bongiovani, líder de la Fundación, y apenas terminó el Presidente se lo vio salir a los pocos minutos. “No pongo las manos en el fuego”, planteó a la salida una fuente política.

En una mesa contigua, la foto del viejo Cambiemos recobró vida. Francisco Cabrera, Dante Sica y Cristian Ritondo rodearon a un Macri serio que no emitió palabra durante el discurso y se fue rápido al término, sin saludo de Milei. Un Guillermo Francos andaba suelto entre las mesas, a los saludos y besos con todo el mundo, sin muchas definiciones sobre su futuro. Los macristas se mixeaban sonrientes entre el público liberal. “Hay mucho PRO que quiere saltar para este lado”, bromeaba un economista afín a la gestión.
Desgaste y dudas sobre el capital político
Un clima general ondeaba entre el público, sin distinción partidaria: el Gobierno está “quemando capital político”, definió un empresario. La sensación general es que la catarata de acontecimientos que cambian la imagen oficial —el patrimonio de Adorni, las condiciones económicas, entre otras— son reflejo de lo que pasaba un año atrás. Pero la diferencia es que “el año pasado había elecciones”. Por eso el desconcierto: “Tantas cosas buenas para comunicar y se esfuerzan en hacer las cosas mal”, cuestionaba un exlibertario.
Los más de 1000 invitados esperaron casi dos horas para comer una carne con papas a la crema, entre el discurso de la ganadora del premio Nobel Marina Corina Machado vía Zoom, la charla de Macri y el discurso del Presidente. El exmandatario fue entrevistado por Álvaro Vargas Llosa. Y en un tramo, el hijo del escritor le preguntó: “¿La derecha está de moda en la región?“. “Soy más optimista”, respondió el expresidente, y argumentó: “El populismo se está agotando. Tal vez se inventó en la Argentina y lo exportamos exitosamente al mundo. Se está agotando acá y en la región. Hay muchísima más gente que entiende la importancia de la meritocracia, del libre emprender, cosas que antes estaban tapadas”.
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Gráficos, ortodoxia y un fuerte rechazo a devaluar
Luego Milei mostró una presentación del economista Ramiro Castiñeira para elogiar sus propios números de gestión. Lo llamativo es que las placas resaltaban no sólo falencias del gobierno del Frente de Todos, sino que también incluían el período entero de Cambiemos. En ese contexto, cuestionó a quienes en el pasado creían «que más de un punto por año era un montón» para ajustar, contrastándolo con el ajuste de 5 puntos del PBI que su gobierno hizo «en un mes». También rechazó las advertencias del círculo rojo sobre el atraso cambiario, al que ironizó como «el atraso cambiario más loco del mundo» tras proyectar que las exportaciones tocarán los 100 mil millones de dólares.
Lejos de ceder ante los pedidos de devaluación del establishment, argumentó que «cuando se genera confianza la moneda se aprecia» y celebró el saneamiento del Banco Central al afirmar que «hoy básicamente no existe más el déficit cuasifiscal». Para despejar cualquier duda sobre un posible volantazo frente a la tensión cambiaria, sentenció: «No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia».
Por otro lado, trazó un panorama de la economía real diametralmente opuesto al clima de asfixia y márgenes en cero que se respiraba en los pasillos, asegurando que «el PBI, medido por el EMAE, está en su pico máximo». En un encendido rechazo a cualquier tipo de auxilio o proteccionismo para los sectores productivos golpeados, advirtió: «Nosotros somos liberales, no decidimos a dedo qué sector gana y qué sector pierde. Don’t pick the winners«.
AM/ML

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