Meloni anunció la prohibición del velo islámico en las escuelas y un límite al número de extranjeros en las aulas


ROMA.- Ya en modo campaña y después de haber descolocado hace unos días con la abolición de un “odiado” impuesto de circulación para autos pequeños, Giorgia Meloni volvió este domingo a sorprender al anunciar la prohibición del uso de la burka y el velo en las escuelas, así como un límite máximo al número de alumnos extranjeros en las aulas.

“Está por llegar al consejo de ministros un decreto que introduce por ley el número máximo de estudiantes extranjeros por aula e introduce la obligación de aprender italiano para los padres de estudiantes extranjeros con problemas graves de inserción escolar, así como la prohibición de la burka y el niqab (pañuelo islámico) en la escuela”, adelantó la primera ministra y líder de Hermanos de Italia, durante la fiesta nacional de la juventud de su partido post-fascista.

Meloni, con jóvenes de su partidoValentina Stefanelli – LaPresse

“Vas al colegio con la cara descubierta y en Italia, nadie, en nombre de una tradición real o supuesta, puede decidir que una joven deba esconderse. La igualdad entre hombres y mujeres es innegociable”, explicó Meloni, al referirse a la futura prohibición del uso de burka o pañuelo islámico. “No puede ser que en una clase italiana sean los niños italianos los que se sientan arrinconados, porque se volvieron minoría. No puede ser”, clamó, aludiendo a la introducción de un techo.

El anuncio volvió a remover las aguas del mundo político en el último domingo de uno de los veranos más bochornosos que se recuerden. Aunque aún no se sabe la fecha, en efecto, habrá elecciones en Italia el año que viene y la campaña ya ha comenzado. El clima es de lo más tenso porque la premier, de 49 años, busca su reelección. Y los sondeos anticipan que, de lograr unirse -lo cual aparece casi como un milagro-, las fuerzas de la oposición de centroizquierda podrían ganar la pulseada.

Chicas musulmanas toman clases cubiertas (archivo)AREF KARIMI – AFP

Aunque el gran temor para el oficialismo, que está con los nervios de punta, es otro: el ascenso de Futuro Nacional (FN), partido de extrema derecha, xenófobo, homófobo, soberanista, antieuropeísta, del exgeneral Roberto Vannacci.

Según encuestas, FN ya superó en intención de voto a Forza Italia y a la Liga, socios de la coalición de Meloni. Y es justamente por esto que la primera ministra -que hasta ahora hizo saber que jamás haría un acuerdo con Vannacci-, decidió lanzarse a una campaña electoral anticipada.

El miércoles pasado, en una medida claramente electoral, anunció la abolición de un impuesto a la circulación, que sólo será el año que viene y para autos pequeños. El fin es salir a recuperar a los votantes de derecha, frustrados ante una economía estancada, a través de argumentos siempre sobre el tapete como seguridad e inmigración.

En verdad, el tema del número de estudiantes extranjeros en escuelas italianas no es una emergencia: se trata de poco más de 900.000 alumnos, el 11,6% del total, es decir, no es un número alto, según destacó el Corriere della Sera.

Dos tercios de ellos son chicos de segunda generación, nacidos ya en Italia (lo cual no les garantiza la nacionalidad porque no hay “ius solis”) y la mitad tiene pasaporte de la Unión Europea, con Rumania como primer país. Es más, ya se había introducido la norma de un techo del 30% de estudiantes extranjeros en cada curso en 2010, durante el último gobierno del fallecido expremier y magnate Silvio Berlusconi, que nunca llegó a aplicarse.

Así lo recordó la oposición de centroizquierda, que salió a atacar a Meloni por un anuncio que consideró parte de propaganda electoral para seguirle el ritmo al exgeneral Vannacci.

“Meloni propone hoy el techo a los extranjeros en las aulas, cosa que ya existe pero que es imposible de realizar en la práctica. En su afán por seguirle el ritmo a Vannacci, la primera ministra ha perdido de vista por completo la realidad social y demográfica de nuestro país: ¿qué cree Meloni que debería ocurrir en las escuelas donde no hay niños de origen italiano, sino únicamente alumnos de familias inmigrantes? ¿Disolverá estas clases y enviará a los niños a la calle o a escuelas situadas a kilómetros de distancia, todo ello para preservar la ‘pureza racial’?”, disparó Riccardo Magi, de +Europa.

“Quisiera recordarle a Meloni que la escolarización obligatoria no solo está consagrada en la Constitución, sino que constituye un pilar fundamental de la integración. Sin embargo, a Meloni esto no le preocupa; prioriza perseguir las teorías descabelladas de Vannacci antes que afrontar la realidad de nuestro país: una realidad marcada por la presencia de niños extranjeros en nuestras escuelas, a quienes debemos ofrecer una educación que les permita convertirse en ciudadanos italianos. Los guetos no generan mayor seguridad; de hecho, ocurre exactamente lo contrario”, atacó.

Meloni sigue a la neofascista AfD y a Vannacci, que propuso clases separadas para los alumnos con discapacidad. La verdad es que a la premier no le importa en absoluto cómo funcionan realmente las escuelas”, reaccionó, por su parte, Angelo Bonelli, de la Alianza Verdes e Izquierda, que recordó que los salarios de los docentes italianos están entre los más bajos de Europa.

“Para este gobierno no hay fondos disponibles, pero siempre hay espacio para la propaganda. Pero ¿quiénes son estos alumnos extranjeros? Son niños y jóvenes que viven en Italia, se sientan en nuestros pupitres, hablan nuestro idioma y quieren aprender e integrarse. Muchos nacieron aquí y son italianos en todos los aspectos, salvo sobre el papel. Si el Estado los excluye o impone cuotas, no resuelve nada; al contrario, crea una generación olvidada, privada de educación y de futuro, con un costo social que todos tendremos que pagar”, argumentó.

Coincidió Marco Simiani, diputado del Partido Democrático -el principal de la oposición de centroizquierda-, que aseguró que “enfrentar las dificultades de la escuela introduciendo un techo a los estudiantes extranjeros en cada aula significa intervenir por el lado equivocado”.

Nuestras escuelas necesitan recursos, no nuevas divisiones. Si hay dificultades lingüísticas o de integración, la respuesta debe ser educativa: más docentes, cursos de italiano, mediadores culturales, ayuda a las familias y más atención a los chicos que viven situación de fragilidad”, sumó.

El exgeneral Vannacci fue el único que aplaudió el anuncio de Meloni: al margen de un evento, se manifestó “absolutamente de acuerdo” con la prohibición de la burka en las escuela, “una medida que debería haberse tomado hace varios años”, subrayó, y con ponerle un techo al número de extranjeros en las aulas, “porque si no, no estamos en un aula italiana, sino en un aula extranjera”.


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