Los extremismos dan un doble golpe en Alemania y dejan al canciller Merz contras las cuerdas


PARÍS.- Dos estados, dos votaciones, dos veredictos opuestos y un único denominador común: el rechazo al centro. Este domingo, la izquierda radical de Die Linke se impuso en Berlín con un 25,8 % de los votos, mientras que a unos cientos de kilómetros al norte, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) se hizo con la victoria con un 37,8 %. Dos resultados aparentemente antagónicos que, en realidad, cuentan la misma historia: tras el terremoto político en Sajonia-Anhalt el pasado 6 de septiembre, donde la AfD rozó la mayoría absoluta con un 43,8 % de los sufragios, los 3,8 millones de electores que acudieron a las urnas este domingo confirmaron, con una participación en fuerte aumento, que Alemania quiere dar vuelta página, aunque sin que emerja un consenso sobre el rumbo a seguir.

En Berlín, la victoria de Die Linke se debe en gran medida a su cabeza de lista, Elif Eralp, de 45 años, cuya campaña, inspirada en la de Zohran Mamdani en Nueva York y centrada en la crisis de la vivienda y el poder adquisitivo, permitió al partido casi duplicar su resultado de 2023. Le siguen la democracia-cristiana (CDU) del canciller Friedrick Merz, Los Verdes (15,4 %), la AfD (13,8 %, frente al 9,1 % de hace tres años) y la social-democracia (SPD), en claro retroceso con un 12 %. En la capital federal se perfila una coalición Die Linke-SPD-Verdes, lo que supondría que la ciudad sería gobernada por primera vez en su historia por la izquierda radical, un giro simbólico de gran importancia en un momento en que la cuestión migratoria domina el debate público en el resto de Alemania. Sin embargo, el éxito de Elif Eralp no está exento de sombras para su propio partido: desde 2024, Die Linke ha visto la llegada de una nueva generación de militantes radicalizados por el conflicto en Gaza, al punto que varios cuadros históricos dimitieron denunciando un aumento del antisemitismo en las filas del partido, especialmente en el bastión de Neukölln. Una paradoja que Eralp deberá gestionar ahora desde el ayuntamiento.

El candidato de AfD en PomeraniaDANNY GOHLKE – AFP

En Mecklemburgo-Pomerania Occidental se ha producido un escenario inverso, pero igualmente espectacular: la AfD supera al SPD por un estrecho margen, con un 37,8 % frente al 36,3 %, lo que supone más del doble de su resultado de 2021 (16,7 %). El candidato de extrema derecha, Leif-Erik Holm, lideró las encuestas durante mucho tiempo, antes de ser superado en los últimos días de campaña por la actual primera ministra regional, Manuela Schwesig, quien se presentó como la “Frau gegen blau” (la mujer contra el azul, color de la AfD), la única capaz de evitar que el partido se convirtiera en la principal fuerza política del estado. En Schwerin, se espera la formación de una coalición liderada por el SPD junto a Die Linke (6,2 %) y Los Verdes (5,5 %), manteniendo por ahora el “Brandmauer” , ese cordón sanitario que aísla a la AfD de cualquier participación en el gobierno, a pesar de los resultados obtenidos.

En todo caso, para la CDU del canciller Friedrich Merz no hay motivos de alegría en ninguna parte. Si su segundo puesto en Berlín (20 %) le permite salvar la cara, Merz lo calificó el domingo por la noche como un “resultado honorable”, a pesar de que el partido debería perder el control de la alcaldía, el naufragio es total en Mecklemburgo-Pomerania Occidental: con un 5,1 % de los votos, apenas por encima del fatídico umbral del 5 % necesario para entrar en el parlamento regional, la CDU registra su peor derrota electoral desde aquel 9 % en Bremen en 1951.

“Es un desastre”, reconoció el propio canciller, quien canceló de inmediato su viaje previsto para la próxima semana a Nueva York para la Asamblea General de la ONU, prefiriendo convocar de urgencia a la cúpula de su partido. Este doble revés regional se suma a una crisis interna ya avanzada en el seno de la CDU, sacudida este verano por una remodelación ministerial caótica y por dirigentes locales que, ya en julio, hablaban abiertamente de “la crisis más profunda” en los 81 años de historia del partido.

Steffen Krach, candidato principal del Partido Socialdemócrata (SPD) en Berlín, durante un acto de campañaBernd von Jutrczenka – dpa DPA

La pregunta que domina ahora Berlín ya no es si Friedrich Merz sobrevivirá políticamente, sino cuánto tiempo. Los rumores de Kanzlerwechsel , un cambio de canciller, que ya circulaban desde el golpe en Sajonia-Anhalt no han hecho más que intensificarse este domingo por la noche. Un septuagenario cuya posición nunca había parecido tan precaria apenas 15 meses después de su llegada al poder, y cuyo partido se prepara para tener que gestionar, en dos estados federados simultáneamente, el inicio de negociaciones para coaliciones que lo excluirán casi por completo del poder regional.

Haciendo buena cara a la mala fortuna, Merz prometió este domingo continuar las reformas a pesar de la derrota.

“Estas reformas deben llevarse a cabo (…) Asumo esa responsabilidad porque quiero hacer avanzar nuestro país”, declaró, descartando de facto su dimisión tras días de especulaciones.

Pero más allá del destino individual de Friedrich Merz, es todo el tablero político tradicional alemán el que tambalea. El SPD, aunque se felicita por haber evitado por los pelos que la AfD tomara el poder en el noreste, se desmorona en Berlín, donde su escaso resultado de dos dígitos apenas enmascara un declive estructural. Los Verdes, por su parte, se mantienen sin progresar, atrapados entre dos dinámicas de radicalización que no les pertenecen. En cuanto a la AfD, incluso privada de una vía inmediata al gobierno debido al cordón sanitario, ha liderado o rozado la cabeza en tres procesos electorales regionales consecutivos en apenas dos semanas, alcanzando un nivel de normalización electoral inédito. En Sajonia-Anhalt, donde el partido estuvo a un paso de obtener la mayoría absoluta, su cabeza de lista, Ulrich Siegmund, afirma mantener “discusiones intensas” con representantes de otras fuerzas, incluida la CDU, para intentar formar antes de fin de año lo que sería el primer gobierno regional dirigido por la extrema derecha en Alemania desde 1945: una prueba de fuego para el dique que, en otros lugares, sigue resistiendo.

Ulrich Siegmund, principal candidato del partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), sale de una casilla electoral tras votar en las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt, el domingo 6 de septiembre de 2026, en Tangermünde, en el este de Alemania. (AP Foto/Matthias Schrader)Matthias Schrader – AP

Quizás ahí resida la verdadera lección de estas tres votaciones: en el espacio de dos semanas, los electores de tres estados federados han votado, sucesivamente, a la extrema derecha, a la izquierda radical y, de nuevo, a la extrema derecha. Esto, más que una señal de adhesión a una ideología concreta, habla de un rechazo masivo y transversal al bloque centrista que gobierna el país desde hace décadas. Queda por ver si los partidos tradicionales, atrapados entre una izquierda que se radicaliza y una derecha que se desplaza hacia la derecha, serán capaces de representar una alternativa creíble de cara a las elecciones federales de 2029. O si Alemania, la principal economía de Europa y pilar histórico del consenso democrático del continente, se prepara para entrar en una era política completamente inédita e imprevisible.


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