A un año de la muerte del Papa Francisco: el libro que reconstruye cómo Bergoglio salvó perseguidos durante la dictadura

Salvados por Francisco surge del impulso de un periodista por revisar una de las controversias más persistentes en torno a Jorge Mario Bergoglio: su rol durante la última dictadura militar. «Nunca me imaginé que iba a terminar defendiendo a un Papa», confiesa Aldo Duzdevich, en diálogo con PERFIL. A un Papa argentino, un Papa que, según relatan allegados a la Santa Sede, pudo haber sido electo mucho antes de 2013 si no fuera por una persistente campaña de desinformación instaurada desde la Argentina por ciertos medios y sectores políticos que lograron trascender las fronteras.

La búsqueda de Duzdevich nació -revela- de la honestidad de un investigador que, al cruzar datos, descubrió que la historia oficial que circulaba sobre Bergoglio estaba incompleta. «Lo que encontré fue una red de protección real», sostiene el autor, subrayando que mientras en Roma se tejían intrigas políticas para frenar el ascenso del cardenal argentino, en los barrios, colegios jesuitas de Buenos Aires y hasta en el exterior, había personas que le debían su vida.

Aldo Duzdevich 08042026

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«Salvados por Francisco» (PRH, 2019) reúne al menos 25 casos de personas que aseguran haber recibido ayuda directa del entonces provincial de los jesuitas. “No se trataba de hacer una lista enorme, sino de demostrar que no tenía nada que ver con entregar gente”, señaló el autor. El libro se apoya en testimonios directos, documentos y reconstrucciones de época.

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El punto de partida fue indagar si esa imagen instalada se correspondía con los hechos. Esa búsqueda personal lo llevó a relevar casos de personas que aseguran haber recibido ayuda directa de Bergoglio, en un contexto marcado por la persecución y el riesgo de vida.

Entre ellos aparece el de Gonzalo Mosca, quien logró salir del país tras un operativo que incluyó planificación, resguardo y acompañamiento en momentos críticos. El libro también recoge testimonios de religiosos, seminaristas y militantes vinculados al ámbito católico que encontraron en espacios como el Colegio Máximo de San Miguel un lugar de resguardo ante la persecución.

A su vez, la investigación menciona gestiones realizadas para ubicar a personas detenidas o desaparecidas, como en el caso de la familia de Liliana Aimetta, donde Bergoglio intervino para intentar obtener información sobre su paradero.

Papa Francisco 08042026

Duzdevich detalla cómo aquel joven Provincial de los jesuitas utilizaba la estructura del Colegio Máximo de San Miguel para montar un refugio invisible a los ojos de los militares. Bajo la fachada de «retiros espirituales», Bergoglio ocultaba a perseguidos políticos, les proveía documentos falsos y, en los casos más extremos, los acompañaba personalmente hasta el aeropuerto para asegurar su salida del país. Esta «astucia» —como la define el autor— incluía maniobras de un riesgo extremo, como pedirle a los refugiados que no miraran el camino hacia su escondite o que se quitaran sus anillos de casados para simular ser seminaristas.

En diálogo con PERFIL, el periodista profundiza sobre esta reparación histórica: «Durante varios años, la idea de Jorge Bergoglio como colaborador de la dictadura fue repetida por un sector de la política y de la prensa de forma reiterada. Se convirtió en una mentira repetida muchas veces que terminó siendo una verdad. Mi trabajo no fue salir a discutir, sino esclarecer con hechos lo que realmente pasó».

Aldo Duzdevich 08042026

Duzdevich recordó que uno de los episodios que más alimentó las acusaciones contra Jorge Mario Bergoglio fue el secuestro, en 1976, de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, en pleno funcionamiento del aparato represivo de la dictadura. Y que, durante años, se construyó la presunción que Bergoglio tenía alguna responsabilidad en estas detenciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, Jalics aclaró públicamente su posición.

“El propio Francisco Jalics, que estuvo secuestrado, aclaró antes de morir que Bergoglio no lo había entregado. Esa declaración debería haber cerrado la discusión para siempre, pero el prejuicio ideológico a veces es más fuerte que la evidencia histórica«, indicó Duzdevich.

«Orlando Yorio y yo no fuimos entregados por el Padre Bergoglio».

Francisco Jalics

Papa Francisco 20042026

Esa narrativa, sostiene, se consolidó sin una verificación exhaustiva y reapareció con fuerza tras el «Habemus Papam», cuando medios internacionales retomaron las acusaciones sin contrastarlas con testimonios directos.

Jalics, días después de la elección de Francisco como Papa, publicó una declaración en la que buscó aclarar los hechos: “Estos son entonces los hechos: Orlando Yorio y yo no fuimos entregados por el Padre Bergoglio. Como ya en mis declaraciones anteriores dejé en claro, fuimos detenidos debido a una catequista, quien primero trabajó con nosotros y más tarde se unió a la guerrilla. Por nueve meses no la vimos más. Dos o tres días después de su detención, fuimos detenidos también nosotros». En ese testimonio, Jalics hacía referencia a Mónica Quinteiros, una catequista vinculada a la organización Montoneros.

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A ese conjunto de casos se suma en «Salvados por Francisco», el testimonio del jesuita Juan Carlos Scannone, quien sostuvo que durante años, incluso dentro de la propia Compañía de Jesús, no se conoció la dimensión de estas acciones.

«Muchos de nosotros nos enteramos de la magnitud de lo que Jorge había hecho recién décadas después. Él nunca hablaba de eso, no buscaba reconocimiento. Se movía con un secreto absoluto, no por falta de confianza en nosotros, sino porque entendía que, en ese momento, saber demasiado era un peligro mortal para todos», indicó.

El silencio de Francisco

Uno de los ejes que recorre el libro es la decisión de Jorge Bergoglio dde no hablar públicamente sobre su accionar durante esos años. Según Aldo Duzdevich, “no era un hombre de declaraciones estruendosas, sino de acción silenciosa”.

“Actuaba con una prudencia extrema porque sabía que un paso en falso podía significar la muerte, no solo para el refugiado, sino para toda la red”, explicó el investigador. Al ser consultado sobre la magnitud de esta labor, Duzdevich respondió: “Cuando me preguntan cuántos salvó Bergoglio, yo respondo: ¿vos a cuántos salvaste?”.

Papa Francisco 20042026

Tras la publicación de «Salvados por Francisco», Duzdevich viajó a Roma para mantener un encuentro privado con el Sumo Pontífice que se extendió por más de una hora. Durante la charla, contó, le entregó el ejemplar personalmente con una dedicatoria en la que le pedía perdón, en nombre de los argentinos, por la demora en esclarecer la verdad sobre su rol durante la dictadura.

El Papa, en un gesto que confirmó la veracidad de la investigación, le confió que uno de los sobrevivientes lo había contactado recientemente. En diálogo con PERFIL, el autor concluye: “Él siguió siendo ese mismo hombre que se preocupa por el individuo. Siendo Papa, levantaba el teléfono para llamar a alguien que estaba sufriendo, haciendo lo mismo que hacía en los setenta: estar cerca de los que más lo necesitan. La diferencia es que antes lo hacía en silencio y después lo vio el mundo”.

CP

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