Trump y Delcy Rodríguez afianzan su vínculo: desconcierto en Venezuela y quiebre con María Corina Machado
“El vencedor se queda con el botín”. Con esa frase, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resumió ante la Asamblea General de la ONU su prioridad en Venezuela: el petróleo. Lo dijo ante la atenta mirada de su aliada, Delcy Rodríguez, quien en su primera visita a Estados Unidos como mandataria interina de facto consolidó su reinserción internacional, entre reuniones bilaterales y fotos sorpresivas con mandatarios latinoamericanos.
En paralelo, en las calles de Caracas y diversos puntos de Venezuela se multiplicaron las protestas con el correr de la semana. De día y de noche, decenas de venezolanos encauzaron sus reclamos en tres pedidos urgentes: acceso a energía, una fecha clara de elecciones libres, y que vuelva la líder opositora, María Corina Machado.
Fue una semana de decepción y desconcierto para la mayoría de los venezolanos que, el pasado 3 de enero, cuando las fuerzas militares de Washington incursionaron en Miraflores y extrajeron a Nicolás Maduro -ahora preso en Nueva York-, vieron una ventana de esperanza para una transición a la democracia. También marcó un quiebre entre la oposición venezolana y la Casa Blanca, después de que el círculo cercano a María Corina Machado denunciara que, por séptima vez, se le impidió el regreso al país a la líder opositora.
El primer golpe llegó a mitad de semana. Trump, quien celebró en la ONU como un triunfo de su gobierno la captura del “dictador y corrupto” Maduro, posó sonriente con la exvicepresidenta chavista tras un encuentro cara a cara en el que acordaron fortalecer su relación bilateral y cooperar en materia energética.
Sin fijar una fecha ni dar mayores detalles, el presidente estadounidense dijo este sábado que habló “de elecciones” con Rodríguez, elogió el “histórico” acuerdo petrolero y celebró avances en el vínculo con su “amable y fantástica” contraparte.
Mientras el chavismo se caracterizaba en el pasado por el aislamiento y las críticas al “imperialismo yanqui”, Delcy Rodríguez optó esta semana por abandonar esas antiguas consignas. Su agenda en Nueva York fue tan intensa como impensada. Además de su reunión con Trump, se juntó con el presidente de Chile, José Antonio Kast, antiguo crítico acérrimo del régimen.
Días antes había experimentado su primer encuentro de alto nivel con el presidente de Paraguay, Santiago Peña, también conservador, aunque éste fue tajante al reclamar una fecha de los comicios en su discurso en la ONU.
Dentro del recinto, a la exvicepresidenta de Maduro se la vio sonriente saludando a su homólogo español, Pedro Sánchez, y dio un discurso en el que prometió al mundo que “en Venezuela habrá elecciones”, aunque dijo vagamente que “el pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto”. Si bien Rodríguez estaba en el poder tras unas elecciones denunciadas por fraude, constitucionalmente en julio se cumplió el plazo máximo de 180 días de su mandato interino.
“Venimos contentos como delegación por la misión cumplida”, declaró Rodríguez al aterrizar de vuelta en Caracas, al celebrar sus logros en el plano internacional. En este sentido, dos cosas quedaron claras. La primera es que la nueva líder del chavismo es funcional para que la Casa Blanca logre sus objetivos, principalmente en materia de hidrocarburos. La segunda es que, mientras siga siendo útil para que el gobierno de Trump cumpla con esas metas, Machado sigue fuera de la mesa.
“Desde el punto de vista de Donald Trump, tener a Delcy Rodríguez en Nueva York es como un trofeo de guerra para un presidente que enfrenta una elección de medio término complicada. Necesita la presencia de Delcy para mostrarla como un éxito de la política exterior”, dijo a LA NACION el politólogo venezolano Daniel Chang Contreras.
“Es también una victoria diplomática para Delcy Rodríguez: por más de que genera una contradicción dentro del chavismo, y que no tenga legitimidad de origen entre los venezolanos, refuerza sus facciones internas al presentarse en la ONU como la persona que acepta a Estados Unidos y la comunidad internacional”, agregó.
Si había sectores del chavismo que dudaban de Delcy Rodríguez, ante sospechas de que fue ella junto a su poderoso hermano quienes entregaron a Maduro y a la ex primera dama Cilia Flores a Washington, con su visita a Nueva York dejó en claro que “no hay razón de reemplazarla, porque ahora es la aceptada por la comunidad internacional”, indicó Contreras. “Delcy aprovecha a Washington para consolidarse en el poder con su objetivo de sobrevivir dos años más al gobierno de Trump hasta que haya un cambio de gobierno”, sumó.
Para el politólogo Miguel Martínez Meucci, profesor de la Universidad de las Hespérides, los cálculos de Trump son evidentes. “El principal interés de Estados Unidos es la estabilidad de un proceso por el cual Venezuela deja de convertirse en un foco de inestabilidad hemisférica y vuelve a ser un surtidor seguro de energía. En la medida en que el régimen de Delcy Rodríguez obedezca las órdenes de Washington, hay menos incentivos para que la actual administración altere el ritmo del proceso”, analizó en conversación con este medio.
Las reuniones bilaterales, los saludos, y las fotos de Delcy Rodríguez con diferentes mandatarios de la región también dejaron en claro el alineamiento de estos líderes con la estrategia geopolítica de Trump. Para Mariano de Alba, abogado venezolano especialista en geopolítica y diplomacia, aunque pueda haber críticas de la opinión pública, no hay un costo político significativo para esos mandatarios que dejaron de criticar al régimen en línea con el discurso de Washington.
Quiebre con la oposición
En este juego de estrategias, según los analistas consultados por LA NACION, Machado sabe que todavía tiene un as bajo la manga: su poder movilizador. Pero, hasta ahora, parece ser la única carta que no le han dejado mostrar.
El medio español ABC reveló que la Premio Nobel de la Paz intentó siete veces regresar a Venezuela, por tierra, mar y aire, tres de los cuales sucedieron en menos de 24 horas esta semana en Panamá. En un desglose de cada trayecto por el que intentó volver, el medio indicó que las advertencias vinieron “desde Venezuela” así como también a través de “una comunicación estadounidense”. Ante este escenario, baraja la posibilidad de volver acompañada junto a otros líderes políticos.
“Desde hace ya varios meses, la preferencia del gobierno estadounidense ha sido que Machado no regrese a Venezuela. Posiblemente, en las negociaciones que ha habido entre el gobierno de Delcy Rodríguez y el gobierno estadounidense, esta ha sido una de las condiciones que ha puesto Rodríguez y Estados Unidos ha aceptado”, señaló De Alba. “El gobierno de Rodríguez está temeroso de que un regreso de Machado pueda llevar al país a una protesta masiva y poner en jaque la estabilidad de su propio gobierno. Esto es una estabilidad que Estados Unidos ve con buenos ojos para firmar acuerdos petroleros”, agregó.
Desde el 3 enero y tras los dos devastadores terremotos de junio que dejaron más de 6000 muertos y miles de desaparecidos, la popularidad del gobierno de Delcy Rodríguez y la de Estados Unidos dentro de Venezuela ha caído en picada. El 93,7% de los venezolanos no se sintió representado por Rodríguez como mandataria venezolana en la ONU, mientras que un 91,4% no aprobó su reunión con Trump, según la última encuesta de Meganalisis.
Además, apenas el 12,6% de los venezolanos apoya el acuerdo petrolero firmado entre ambos países en agosto, que supone 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano para Estados Unidos, contra un 79,8% que lo rechaza, de acuerdo a los datos de la misma encuesta.
“En los días posteriores a la extracción del 3 de enero, Trump llegó a tener un nivel de valoración positiva de un 92,2% entre los venezolanos. Ese índice, que en principio correspondía a un agradecimiento por parte de los venezolanos, fue decayendo con el paso de los meses, sobre todo alimentado por los elogios de Trump a Rodríguez. En el imaginario colectivo venezolano ella es la figura más relacionada al chavismo. Trump ha dicho que los venezolanos están bailando de felicidad en las calles, cosa que contrasta con una buena parte del territorio afectado con problemas eléctricos constantes, suministro de agua potable, hiperinflación, acceso a bienes y servicios. Y anunciar un acuerdo petrolero en este contexto, justo cuando hay apagones, le ha bajado mucho la imagen”, explicó a LA NACION Ruben Chirino, presidente de Meganálisis.
El experto afirma que hoy María Corina Machado es la figura más popular tanto dentro como fuera de Venezuela. La líder opositora y su entorno impulsaron la campaña “Fijar una fecha” (“Set the Date”), en línea con el mensaje que manifestó en sus redes sociales el congresista republicano Bernie Moreno para presionar por una cita electoral.
Además, en los últimos días venezolanos dentro del país se movilizaron al grito “María Corina vente, te estamos esperando”, mientras que en las protestas contra los apagones sumaron pedidos a Trump para que “se termine de dar cuenta” de que Venezuela “ya no aguanta absolutamente más este desespero”, dijo a la agencia EFE una vecina del estado de Lara.
El pedido urgente se hace eco en las redes sociales. Las menciones sobre elecciones en el país fueron incrementando mes a mes. “El porcentaje que ocupan las elecciones en el total de la conversación en redes sociales en Venezuela se ha incrementado más del 100% desde la extracción de Maduro. Los venezolanos no solo saben que no quieren más a la dictadura sino que además tienen claro cuál es el mecanismo que han elegido para terminar con ella”, explicó a este medio Patricio Hernández, CEO de la consultora Methodo.
El poder de convocatoria que ha demostrado tener Machado podría ser otro de los grandes temores de Trump. Durante su campaña y tras el fraude electoral de 2024, Machado ha movilizado a miles de venezolanos en todo el país. Pero el problema es que, en muchas de esas ocasiones, el chavismo ha respondido con represión. Es probable que Trump, quien tutela al gobierno de Delcy, prefiera evitar quedar vinculado con ese desenlace.
Es que, según el último reporte de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU en Venezuela, “pese a cambios políticos limitados, el aparato represivo del país permanece intacto”.
Si bien el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró el miércoles que “hay un proceso de transición política que está en marcha”, el camino parece más pantanoso de lo que se esperaba. Todavía quedan 344 presos políticos que están bajo una estrategia de “moneda de cambio” para poner negociar, y por eso es “muy difícil que ellos renuncien a tener ese capital para negociar mientras estén en una situación tan precaria como tienen ahora”, explicó a LA NACION Gonzalo Himiob, miembro fundador de la organización no gubernamental Foro Penal.

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