El mundo de los hongos se puede conectar a prácticamente todo lo que uno se imagine, desde alimentos hasta patógenos o desarrollo de antibióticos y la producción de vino o cerveza. Pero en esta ocasión vamos a ir un poco más allá y vamos a vincular a estos increíbles organismos con Chernobyl, en el marco del aniversario de la explosión del reactor nuclear.
Ahora, se preguntarán que tienen que ver los hongos con la radiación, como se conectan ambos mundos. La respuesta es fascinante y se descubrió en el punto de mayor radiación en Chernobyl, “la pata de elefante” dentro del reactor que estalló. El nombre se dio por la forma en que quedo la estructura del lugar que con el calor y la radiación se tornó a una forma similar a la pata de un elefante.
En este sitio tan peligroso, donde hoy en día los niveles de radiación son extremadamente altos, existen organismos que lograron adaptarse y no solo resistir esos niveles de radiación si no que lograron algo aún más increíble, se pueden alimentar de la misma.
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Estos organismos son los denominados hongos radiotróficos, que de una forma similar a como las plantas aprovechan la energía solar para alimentarse estos hongos utilizan los altos niveles energéticos de la radiación para obtener energía.
El nombre del protagonista es Cladosporiumsphaerospermum, pero lo llamaremos “moho negro”. Este hongo logró semejante hazaña mediante un pigmento que conocemos mucho, la melanina. Este pigmento que tenemos en la piel nos protege de los rayos UV del sol y nos da la coloración de nuestra tes, pero para el moho negro la melanina cumple un rol muy distinto.
En este caso, el hongo la utiliza para captar la energía de la radiación ionizante (como los rayos gamma, abundantes en el reactor) y transformarla en energía química que puede aprovechar. Este proceso se lo conoce como radiosíntesis y es un análogo a como en la fotosíntesis se transforma la energía lumínica del Sol en energía química aprovechable por las plantas, este proceso se podría considerar como “la fotosíntesis de la oscuridad”.
Así como las plantas utilizan la luz solar para producir energía, estos hongos utilizan la radiación, un recurso que para la mayoría de los seres vivos resulta letal.
Este hallazgo no solo amplía nuestra comprensión sobre los límites de la vida, sino que también invita a reflexionar sobre la capacidad de adaptación de los organismos. En un entorno marcado por una tragedia como la de Chernobyl, la aparición de estos hongos demuestra que la vida puede encontrar caminos inesperados para persistir. Lo que para muchos representa un ambiente extremo e inhabitable, para otros puede convertirse en una oportunidad.

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