Un cese del fuego de 10 días entre Israel y Líbano -anunciado por Donald Trump– entró en vigor este jueves después de más de seis semanas de conflicto.
La reciente ofensiva israelí en territorio libanés contra el grupo militante Hezbollah, respaldado por Irán, comenzó a principios de marzo, pocos días después de que se iniciara la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán.
Y los enfrentamientos han sido devastadores para Líbano: más de 2.000 personas han muerto y más de un 1,2 millones han sido desplazados, aproximadamente una quinta parte de la población del país, según la ONU.
Asimismo, vastas zonas del sur de Líbano han sido arrasadas por Israel para crear lo que el gobierno de Netanyahu describe como una “zona de amortiguamiento”.
La tregua se produce mientras está en vigor otro cese del fuego: el de la guerra contra Irán, país que anunció este viernes la reapertura del estrecho de Ormuz.
Muchos pensaron que ese alto el fuego que entró en vigor el 8 de abril incluiría a Líbano, como lo anunció el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, quien actuó como mediador entre las partes en conflicto.
Pero un día después de ese anuncio, cuando muchos en la región respiraban aliviados, aviones israelíes lanzaron un ataque aéreo relámpago de 10 minutos sobre Líbano, una ofensiva masiva que dejó al menos 300 muertos y 1.150 heridos, según el Ministerio de Salud libanés.
Tanto en la región como en el resto del mundo hubo una dura condena de lo que fue calificado como “los 10 minutos más letales en décadas” en Líbano.
Irán declaró que se trataba de una “flagrante violación” del acuerdo de alto el fuego y pidió a Trump que detuviera la “agresión” israelí.
Pero Estados Unidos e Israel al parecer no compartían esa visión.
El gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que el alto el fuego con Irán no incluía a Líbano, y Donald Trump declaró que la guerra en ese país era “un conflicto aparte”.
Israel ha dicho que el objetivo de sus operaciones en Líbano es debilitar a Hezbollah, que ejerce un gran poder en el país y con el cual se ha enfrentado en numerosas ocasiones en las últimas décadas.
Y para lograr lo que Israel dice son sus “objetivos militares pendientes”, además de atacar a Hezbollah también ordenó a sus soldados ocupar amplias zonas del sur de Líbano.
Israel anunció la creación de lo que describió como una “zona de seguridad protegida” que se extenderá entre 8 y 10 kilómetros dentro del territorio libanés, afirmando que la medida es necesaria para proteger a las comunidades israelíes de los ataques de Hezbollah.
Ahora, tras el acuerdo de alto el fuego temporal de 10 días en Líbano, Netanyahu declaró que las tropas israelíes permanecerían en esa “zona de seguridad” durante la pausa.
Hezbollah, por su parte, afirmó que mantendría el “dedo en el gatillo” ante cualquier “acto de traición” por parte de Israel durante la tregua.
Cuando Donald Trump publicó su mensaje del alto al fuego en Líbano el jueves, se informó que el anuncio había sorprendido a Israel.
Tan solo un día antes, un portavoz del ejército israelí indicó que las cinco divisiones del ejército estacionadas en el sur del Líbano continuarían su avance.
Según señaló Lucy Williamson, corresponsal de la BBC en Israel, “el anuncio de alto el fuego tomó a Israel por sorpresa, incluso, según informes, dentro del propio gabinete de seguridad del gobierno”.
“Un medio de comunicación israelí de gran prestigio informó (el jueves) que el primer ministro israelí convocó una reunión del gabinete de seguridad con tan solo cinco minutos de antelación, poco antes de que se anunciara el alto el fuego”.
“Según filtraciones de esa reunión, los ministros no tuvieron voz ni voto sobre la tregua”.
“Para muchos, este es otro ejemplo de cómo Netanyahu cede ante las exigencias del presidente estadounidense Donald Trump de detener los combates, incluso cuando los términos o el momento no son los que Israel desea”, afirma la corresponsal.
Según explica Scott Lucas, profesor de Política Internacional del Instituto Clinton de la Universidad de Dublín, Benjamin Netanyahu “no tiene interés en poner fin a la guerra (en Líbano) hasta que logre algo que pueda proclamar como ‘una “victoria’”.
“El objetivo de Israel en Irán es un cambio de régimen”, escribió el experto en The Conversation. “Pero el régimen iraní sigue en el poder y el bando de Trump parece ahora dispuesto a negociar con él”.
“Entonces, Netanyahu está ahora centrando su atención en Líbano y en la expansión de la ocupación israelí en el sur del país. Y continuó atacando para lograr ese objetivo”.
“Al presentar una victoria sobre la amenaza de Hezbollah, alejando al grupo aún más de la frontera israelí, Netanyahu puede intentar reforzar su apoyo interno a pesar de la decepción por el resultado inconcluso de la guerra en Irán”, afirmó el profesor Lucas.
Netanyahu, aunque presentó el alto el fuego como “una oportunidad para alcanzar un acuerdo de paz histórico con Líbano”, también dejó claro que haría pocas concesiones sobre el terreno.
Afirmó que Hezbollah había insistido en dos condiciones: la retirada de las fuerzas israelíes de Líbano y el principio de “calma por calma”.
“No acepté ni la primera ni la segunda”, declaró Netanyahu. “Estas dos condiciones no se están cumpliendo. Permanecemos en el Líbano, en una zona de seguridad reforzada […] Estamos allí y no nos iremos”.
Así, como informa el corresponsal de la BBC en Beirut, Hugo Bachega, “este cese del fuego puede ser una pausa, pero no es el final”.
“Continúan sin resolverse problemas más complejos. Hezbollah conserva sus armas, las tropas invasoras israelíes permanecen en territorio libanés sin fecha prevista para su retirada y, según el acuerdo, Israel podría incluso continuar atacando Líbano”.
Los términos del acuerdo de cese el fuego especifican que Israel conserva “su derecho a adoptar todas las medidas necesarias en legítima defensa, en cualquier momento”.
Asimismo, se establece que las fuerzas de seguridad libanesas deben tomar “medidas efectivas” para impedir que Hezbollah y otros grupos armados no estatales perpetren ataques contra objetivos israelíes.
Pero incluso los militares israelíes reconocen lo que se sabe en Líbano desde hace tiempo: Hezbollah no será desarmado por la fuerza.
El grupo chiita está clasificado como organización terrorista por países como Reino Unido y Estados Unidos. Sin embargo, en Líbano, Hezbollah es más que una milicia.
Es un partido político con representación en el Parlamento y en el gobierno, y un movimiento social que gestiona servicios como escuelas y hospitales en zonas donde el Estado está ausente. Es el grupo más poderoso del país.
Israel y Estados Unidos han debilitado el grupo considerablemente en los enfrentamientos que estallaron con la guerra en Gaza tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, pero no lo han derrotado.
Hezbollah forma parte de lo que Irán denomina el “Eje de la Resistencia”, una alianza de facciones armadas que incluye a Hamás en Gaza y Cisjordania, y a los hutíes en Yemen. Y, como señalan los expertos, es probable que cualquier decisión sobre el futuro del grupo no se tome en Beirut, sino en Teherán.
Por su parte, el ejército libanés, mal equipado y con escasos recursos, no tiene el poder para desarmar a Hezbollah, como explica Michael Young, editor del centro de estudios Carnegie Center en Beirut.
“No se puede imponer esto por la fuerza a la comunidad chiita libanesa. Los ejércitos no están hechos para entrar en confrontaciones militares con su propia población”, le dijo a la BBC.
“¿Qué significa desarmar a un grupo como Hezbollah? ¿Tiene el ejército la capacidad de entrar en cada casa chiita y desarmarla? No, no la tiene. ¿Pueden entrar en zonas donde Hezbollahtiene misiles y armamento pesado y desarmarlas? No pueden”.
Israel y Líbano solicitaron que Estados Unidos continúe facilitando nuevas conversaciones directas con el objetivo de “resolver todos los problemas pendientes”, y es probable que continúen las negociaciones.
Pero con la limitada influencia del gobierno libanés sobre Hezbollah, no parece haber mucho margen para lograr ese objetivo.
“Líbano no tiene nada que ofrecer ya que no puede garantizar el desarme de Hezbollah”, resaltó Michael Young. “El gobierno no tiene cartas para jugar y esta es una realidad que debemos aceptar”.

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