Entre esos movimientos se destacaron el girasol argentino hacia Europa del Este, el petróleo y los alimentos hacia Asia, la carne a Estados Unidos y la miel hacia la Unión Europea. En cada caso, la explicación fue distinta: problemas de oferta en otros mercados, cambios en las condiciones comerciales, mejores precios internacionales o una mayor disponibilidad local por la cosecha récord y el avance energético.
Girasol argentino hacia Europa del Este: una mala cosecha externa abrió una oportunidad exportadora
Uno de los principales casos apareció en Europa del Este, donde el salto de las exportaciones argentinas estuvo asociado al girasol. La oferta europea quedó ajustada por problemas productivos y, en ese escenario, la cosecha local permitió cubrir parte de una demanda que necesitaba recomponer abastecimiento.
Esa combinación impulsó las compras de Bulgaria y Rumania, aunque por razones distintas. Según los datos relevados para enero-abril, las ventas a Bulgaria crecieron 3.808%, mientras que los envíos a Rumania avanzaron 716%. En el primer caso, el salto estuvo asociado principalmente a la falta de producción propia, mientras que en el segundo, en cambio, fue más determinante la competitividad del precio argentino.
En el caso búlgaro, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el país, segundo productor de girasol de la Unión Europea, sufrió un golpe climático en un momento crítico del cultivo. Esa caída redujo la producción, dejó a su industria aceitera con stocks bajos y obligó a las fábricas locales a buscar semilla en el exterior.
Esa búsqueda coincidió con un mercado global ajustado por malas campañas en Ucrania, la Unión Europea y Turquía, lo que abrió espacio para que Argentina apareciera como proveedor disponible. A su vez, la oportunidad externa encontró respaldo en una cosecha local excepcional: la producción argentina de girasol se ubicó entre 7,3 millones y 7,4 millones de toneladas, cerca de 30% por encima del año anterior.
Gonzalo Augusto, economista jefe de la Bolsa de Comercio de Córdoba, explicó al respecto que el salto exportador respondió “básicamente por cantidades” más que por precios y remarcó que estos cambios se dieron «por la cosecha récord”. En esa línea, destacó que, además del trigo y el maíz, en girasol «también tuvimos una gran producción”.
El cambio en este caso, también fue significativo para la presencia argentina en Europa. El país pasó de abastecer apenas 1% de las importaciones de semilla de girasol de la Unión Europea a 30,6%, mientras que en harina de girasol la participación subió de 27% a 54%. Con ese desempeño, Argentina capturó 13% de la producción mundial de girasol, su mayor participación en cinco años.
Rumania también incrementó sus compras, aunque allí no pesó tanto una escasez interna como en Bulgaria, sino la competitividad del precio argentino, donde incluso con el costo del flete, la semilla local quedó en condiciones de abastecer a la industria molinera rumana. Así, ambos casos muestran cómo una cosecha récord puede transformar un problema de oferta externo en una oportunidad exportadora puntual.
El nuevo peso del petróleo en las exportaciones argentinas en Asia
El avance de las exportaciones argentinas también se reflejó en Asia, donde la demanda combinó alimentos, oleaginosas, petróleo, litio y combustibles. De esta forma, en mayo, China fue el principal destino exportador, con ventas concentradas en porotos de soja, petróleo crudo, carbonato de litio y carne bovina congelada. India, en tanto, quedó entre los mercados más relevantes del acumulado, donde en los primeros cinco meses del año, el intercambio bilateral dejó para Argentina un superávit de u$s1.945 millones, con exportaciones por u$s2.398 millones y una suba de 13,4%.
Ese mayor peso asiático coincidió con un escenario internacional más sensible al abastecimiento de materias primas y energía. Al respecto, Marcelo Elizondo, especialista en negocios internacionales, señaló que el cierre de Ormuz aceleró un reacomodamiento de cadenas de suministro en una región donde China e India dependen en buena medida de la energía que circula por el Golfo. En ese marco, indicó que India empezó a buscar gas en Argentina y que el potencial energético regional ganó relevancia geoeconómica.
Así, la oportunidad externa encontró a Argentina con un frente energético en expansión. En mayo, las exportaciones de combustibles y energía crecieron 167,1% interanual, con el petróleo crudo como principal componente. En esta línea, Federico Bernini, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, sostuvo que el rubro fue “claramente un motor muy fuerte”, en un contexto donde los precios subieron cerca de 50%, pero las cantidades aumentaron 78,5%.
El dato también alteró la composición habitual de las ventas externas. Augusto remarcó al respecto que “el petróleo fue el producto más exportado en mayo”, incluso en plena cosecha, cuando suelen liderar productos como maíz, harina y pellets, porotos y aceite de soja. Para el economista, ese resultado “ya te está hablando de una diversificación en la matriz exportadora”.
De todos modos, el vínculo entre Ormuz y el salto exportador argentino debe leerse con cautela. Bernini consideró posible que la crisis haya mejorado precios o abierto mercados con mayor necesidad de abastecimiento, pero aclaró que el volumen exportado dependió sobre todo de la infraestructura, la inversión y la capacidad local. “Lo que exportaste lo hubieses exportado igual”, señaló en este sentido.
Tomás Cuenin, economista de Abeceb, planteó una lectura similar para el balance argentino. En el corto plazo, sostuvo que el shock energético dejó un saldo “mixto, con sesgo comercial positivo si el shock es transitorio”, ya que la suba del Brent puede mejorar el valor de las exportaciones de energía y algunos commodities. Según estimó, cada u$s10 adicionales en el precio del crudo pueden aportar entre u$s100 millones y u$s120 millones mensuales a las ventas externas, aunque ese beneficio convive con mayores costos por GNL, combustibles, fertilizantes, fletes, seguros, financiamiento e inflación.
Carne a EEUU y miel a Europa: exportaciones impulsadas nuevas condiciones comerciales
Otros movimientos inusuales no se explicaron por una cosecha récord ni por la tensión energética, sino por cambios concretos en las condiciones comerciales. En ese grupo apareció el caso de la carne a Estados Unidos, cuyas exportaciones aumentaron 370%.
Bernini identificó ese caso como uno de los más claros dentro de los saltos por destino, porque el aumento respondió a una nueva cuota de carne. “Ahí sí el aumento de las exportaciones se explica porque tenés una cuota que antes no tenías”, expresó. A diferencia de los casos vinculados a granos, oleaginosas o combustibles, el salto respondió a una mejora específica de acceso a un mercado relevante.
Un fenómeno parecido, aunque de menor escala, ocurrió con la miel hacia la Unión Europea. Bernini señaló al respecto que, con la entrada en vigor del acuerdo, algunos productores se apuraron a cubrir cuotas y las ventas pasaron de unos u$s7 millones a u$s17 millones. “Es un 150% de aumento, pero el valor agregado es poquito”, aclaró.
En conjunto, estos casos muestran otra clase de variación extraordinaria: operaciones que pueden concentrarse en pocos meses porque cambia una regla comercial, se habilita una cuota o aparece una ventana puntual de colocación. Por eso, no necesariamente marcan una nueva tendencia estructural, aunque sí ayudan a explicar por qué algunos destinos sobresalieron dentro del informe.
Más volumen, más destinos: la base del salto exportador
Más allá de las particularidades de cada destino, varios de los saltos extraordinarios tuvieron una base común: Argentina llegó a 2026 con más producto disponible para exportar. En ese sentido, la campaña 2025/26 cerró como la mejor de la historia, con una producción estimada en 163,2 millones de toneladas, un 21,25% más que en el ciclo anterior, impulsada por récords en maíz, girasol y trigo.
Ese mayor volumen, a su vez, fue clave para compensar precios menos favorables en algunos rubros. Augusto sostuvo en este sentido que “el gran salto” se explicó básicamente por mayores cantidades: en productos primarios, los precios cayeron 1,5% en mayo y 2,7% en el acumulado de los primeros cinco meses, pero las cantidades crecieron más de 22% en el mes y casi 30% en el período. Por eso, afirmó, “hoy las cantidades más que compensan en productos primarios las caídas en los precios”.
Esa misma dinámica también alcanzó a las manufacturas de origen agropecuario y no quedó limitada a unos pocos complejos. Bernini señaló que, de los 47 componentes en los que el INDEC desagrega las exportaciones, 42 mostraron incrementos: junto con soja, maíz, girasol, harina y aceite de soja, también crecieron carnes, lácteos, vinos, lanas, algodón, frutas, hortalizas, miel y vehículos, especialmente pickups. En esa línea, remarcó que Vaca Muerta aportó al crecimiento, pero que “lo importante es que no sea exclusivamente por eso”.
Para Bernini, sin embargo, esa amplitud respondió más a un “empuje” de condiciones estables y normalizadas que a un cambio estructural definitivo. Así, la macroeconomía aparece “un poco más previsible” que en años anteriores y, a partir de ese marco, sectores naturalmente rentables pudieron volver a invertir, acceder a insumos y exportar más. El desafío, ahora, será sostener ese impulso cuando cambien las condiciones de clima, precios, financiamiento e infraestructura.

COMENTARIOS