DUBAI.– La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán tenía como objetivo quebrar a la república islámica. En cambio, las partes beligerantes parecen acercarse a un acuerdo interino que dejaría a Irán golpeado, pero no destruido.
Según los contornos de un posible acuerdo que surgen de fuentes familiarizadas con las conversaciones, Irán podría emerger de la guerra con su economía devastada y con su base militar-industrial severamente degradada, aunque con el dominio de los sectores más duros de la Guardia Revolucionaria más consolidado que antes.
Incluso si pronto se acuerda un memorando para poner fin a la guerra, diplomáticos, funcionarios y analistas regionales sostienen que es poco probable que represente un avance duradero. Más bien, lo consideran una tregua temporal.
Según estas fuentes, el resultado más probable sería un arreglo destinado a reabrir el estrecho de Ormuz, aliviar la presión económica sobre los mercados financieros globales y sobre Irán, y ofrecer al presidente estadounidense Donald Trump una salida política, mientras los asuntos más difíciles quedan postergados para una etapa posterior.
“Ha habido éxitos militares tácticos extraordinarios y ninguna ganancia estratégica fundamental”, afirmó Dennis Ross, exdiplomático estadounidense de alto rango. “No hay ningún expediente que haya quedado cerrado”.
“Superposición mínima”
Después de que los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán comenzaran el 28 de febrero, Trump afirmó que buscaban eliminar amenazas inminentes provenientes de los programas nuclear y de misiles balísticos iraníes, y exhortó a los iraníes a tomar el control de su país.
Según el borrador de memorando descrito por fuentes cercanas a las conversaciones, Irán levantaría su bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, una arteria clave para el suministro mundial de petróleo, y obtendría alivio financiero mediante la liberación de activos iraníes congelados o una flexibilización limitada de las sanciones.
Funcionarios iraníes consideran que un acuerdo limitado les permitiría ganar tiempo, acceder a recursos financieros y contener los crecientes riesgos internos derivados del deterioro económico, sin abordar las cuestiones más conflictivas.
Trump, atento también a las elecciones legislativas de medio término de noviembre, busca una formulación que le permita presentar avances respecto del programa nuclear iraní, en particular sobre las reservas de uranio altamente enriquecido, material necesario para fabricar una bomba atómica.
Sin embargo, los factores que impulsaron la guerra seguirían prácticamente intactos. Irán se niega a abandonar el enriquecimiento de uranio; Washington no está dispuesto a ofrecer garantías de seguridad; e Israel continúa decidido a contener a un adversario que considera una amenaza existencial.
Irán calcula que solo podrá disuadir futuros ataques si conserva su arsenal de misiles, su red regional de aliados y la capacidad de alterar los flujos energéticos del Golfo.
“Lo que Trump necesita políticamente y lo que Irán está dispuesto a ofrecer pueden parecer cercanos, pero la superposición es mínima”, sostuvo Alan Eyre, exdiplomático estadounidense y experto en Irán.
Según Eyre, el modelo consiste en alcanzar un acuerdo ahora y “patear todos los asuntos difíciles hacia una segunda fase”, una instancia que probablemente nunca llegue.
Un alto el fuego de corto plazo
De acuerdo con dos fuentes regionales familiarizadas con las conversaciones, Trump parece encaminado a obtener un alto el fuego temporal, un compromiso ambiguo respecto del uranio altamente enriquecido y un estrecho de Ormuz que seguiría bajo control iraní.
Analistas regionales señalan que, incluso si el paso marítimo se reabre, continuará esencialmente bajo la influencia de Teherán, independientemente de cómo se estructuren los peajes o tarifas de tránsito.
Añaden que Washington ha dejado en segundo plano la exigencia de desmantelar los misiles balísticos iraníes, pese a las preocupaciones expresadas por Israel y por los países del Golfo.
Entre los obstáculos pendientes figuran la exigencia iraní de vincular cualquier acuerdo al cese de los ataques israelíes contra Hezbollah, y el interés de Trump por obtener una presentación favorable del acuerdo en materia nuclear.
Las fuentes sostienen que Trump ha aceptado, en los hechos, una conexión entre la situación en Líbano y el estrecho de Ormuz, aunque lo haya negado públicamente. Según ellas, el mandatario presionó a Israel para que suspendiera los ataques contra Beirut y los suburbios del sur de la capital libanesa por temor a que una escalada frustrara las negociaciones sobre Ormuz.
Irán considera esencial la liberación inmediata de unos 12.000 millones de dólares en activos congelados y difícilmente avance sin esa concesión, indicaron las fuentes.
David Schenker, del Washington Institute for Near East Policy, señaló que Trump quiere evitar comparaciones con el acuerdo nuclear alcanzado por el expresidente Barack Obama en 2015, aunque liberar fondos iraníes podría provocar precisamente ese tipo de críticas.
“No estoy seguro de que haya forma de evitarlo”, afirmó Schenker.
Los factores de fondo
En 2018, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, mediante el cual Irán aceptó limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. El entonces presidente argumentó que el pacto no protegía adecuadamente los intereses de seguridad nacional estadounidenses.
Ahora busca una redacción que le permita proclamar una victoria sobre el programa nuclear iraní sin provocar una nueva escalada bélica.
“Creo que se puede terminar con un lenguaje que cada parte interprete a su manera. Y luego las negociaciones posteriores serán bastante complicadas”, dijo Ross.
Analistas consideran que cualquier pausa en el conflicto probablemente fortalecerá aún más a la Guardia Revolucionaria.
“Antes eran el poder detrás del trono, y ahora son el poder”, afirmó Schenker.
Un acuerdo interino también podría dejar incómodo a Israel, mientras los líderes iraníes continúan describiendo la guerra en términos ideológicos y dejan en claro que ningún acuerdo resolverá el conflicto de fondo.
“Para Israel e Irán, este capítulo de la guerra puede haber terminado, pero el conflicto no está terminando”, concluyó Ross.
Agencia Reuters

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