La frágil resistencia de un oasis clave para 250.000 personas: secaron humedales ancestrales por venganza, 10 años después los recuperaron y ahora podrían volver a desaparecer
Las marismas de la Mesopotamia son un grupo de humedales (Hammar, Central y Hawizeh) que se hallan al sur de Irak. Hasta 1990 tenían la capacidad de retener el agua de deshielo y favorecían a la vida en un entorno desértico. Sin embargo, una venganza política terminó casi con estos pantanos. Una década después se intentaron recuperar, pero el cambio climático podría erradicarlos para siempre.
En 1991, los humedales se convirtieron en un instrumento político del exlíder iraquí Saddam Hussein, que desecó grandes extensiones para castigar a las tribus que habitaban en la zona: los árabes de los pantanos, quienes habían participado en rebeliones antigubernamentales.
Históricamente, el deshielo primaveral inundaba la franja de tierra entre el Tigris y el Éufrates, que permitía la formación de estanques cubiertos de juncos y otras plantas de humedal, además de aves y peces. Incluso, esta agua ayudaba a que las comunidades pudieran cultivar y generar su propio alimento.
Un informe del Conflict and Environment Observatory (CEOBS) analizó la crónica desde que se secaron los pantanos hasta que se resolvió devolverles la vida y cómo los esfuerzos no lograron dar los resultados que se esperaban por el cambio climático.
Venganza política
Todo empezó en 1991, cuando, a través de canales masivos (como el río de la Gloria o de la Prosperidad y el Tercer Río), la dictadura de Hussein desvió el flujo del Tigris y el Éufrates para evitar que entrara a los pantanos. Esto se consideró a nivel internacional como un desastre ecológico que provocó el vaciamiento de los humedales y obligó a que la población de árabes de las marismas colapsara drásticamente, pasando de 250.000 personas a solo unas 40.000 en su tierra ancestral debido a detenciones, desplazamientos forzados y asesinatos.
Todo cambió en 2003 con la caída del régimen de Saddam Hussein. En ese entonces, las propias comunidades locales destruyeron de manera espontánea los diques, compuertas y represas para permitir el regreso del agua.
Para el 9 de febrero de 2004, se produjo una transformación drástica en Mesopotamia. Diferentes extensiones de marismas al norte y al sur del Éufrates se habían vuelto a inundar, y la tierra seca al sur de la marisma de Al Hawizeh se llenaba sistemáticamente.
Parecía que todo volvería a ser como antes; incluso una serie de fotografías comparadas por la NASA dejó en evidencia el cambio drástico de estas marismas, que pasaron de un tono marrón a uno verde y azul.
En 2005 se inundaron zonas adicionales, especialmente al norte del Éufrates, y para el año 2006, se estimaba que se había recuperado aproximadamente el 39% de la extensión original de los humedales, lo que permitió el regreso de especies nativas de fauna y flora.
Estabilización y retorno gradual
Según el informe citado anteriormente, entre la década de 2007 y 2017 la vegetación de las marismas se mantuvo relativamente estable tras alcanzar un pico de recuperación.
De esta forma, los árabes de las marismas regresaron progresivamente y el gobierno iraquí impulsó proyectos de infraestructura, como el dragado de lodo para crear 43 islas artificiales de asentamiento.
La sequía de 2018, como reacción al cambio climático global, redujo los niveles de agua y provocó incendios forestales sin precedentes en la vegetación de las marismas y una intrusión salina extrema en el Shatt al-Arab que avanzó 150 km tierra adentro. Esta salinización destruyó miles de hectáreas de cultivos y provocó una mortandad masiva de peces.
Gracias a los registros satelitales se corroboró una recuperación entre 2019 y 2020, pero el suelo y la vegetación quedaron estresados. Las familias vieron cómo los pantanos volvieron a crecer, pero con una fragilidad extrema ante otra posible sequía.
Los problemas actuales que ponen en peligro la existencia de las marismas de la Mesopotamia
En el verano de 2021, la superficie de agua de los humedales fue un 30% inferior a la del año 2020 debido a la escasez de lluvias y la retención de agua en presas río arriba (como la presa Ilisu en Turquía). Además, en agosto, un incendio acabó con 26 km cuadrados en las marismas de Hawizeh, en la frontera entre Irak e Irán.
De acuerdo a las investigaciones científicas recientes, los humedales enfrentan descargas masivas de aguas residuales sin tratar, contaminación por agua de producción de la industria petrolera, quema de gas (flaring) y la amenaza existencial del aumento extremo de temperaturas derivado del cambio climático.

COMENTARIOS