la desconurbanización no avanza, el dólar retrocede y los inversores envían mensajes


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La desconurbanización no avanza. Entre 2023 y 2025, la caída del empleo privado formal fue generalizada en casi todo el país: 318 de los 498 departamentos registraron bajas, según un informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETYD) de la Universidad Nacional de San Martín. El dato más llamativo es que, pese al discurso oficial, en el interior se pierde más empleo que en el conurbano bonaerense. La pérdida de competitividad cambiaria y la negativa a sumar proveedores locales de los grandes proyectos mineros y energéticos enciende alarmas en la industria y la construcción.

“No veo un problema evidente en el mercado de trabajo”, aseguró hace una semana el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Según el funcionario, el crecimiento impulsado por las exportaciones terminará generando nuevos puestos de trabajo. “1,5 millones de personas se mudarán a Neuquén en los próximos treinta años, un millón a Catamarca y 800.000 a San Juan”, afirmó en diálogo con el canal de streaming Ahora Play.

El relato del «Coloso», casi siempre imposible de contrastar con datos fehacientes, coincide con la prédica del presidente Javier Milei sobre la «destrucción creativa». La idea es conocida: los trabajadores que pierdan su empleo en el conurbano bonaerense encontrarán nuevas oportunidades en el interior.

Los datos muestran que, hasta ahora, esto no ocurre. El informe del CETYD indica que el NEA (Noreste Argentino) fue la región más golpeada, con una caída del empleo formal del 7,1%. Le siguió el NOA (Noroeste Argentino), con un retroceso del 3,4%; Cuyo, con una baja del 2,2%; y recién después aparecen la Patagonia y el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires), las dos con deterioros cercanos al 2%. La región Centro cerró el ranking con una caída del 1,8%.

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“No hay evidencia de una desconurbanización virtuosa del empleo. Cuando observamos la proporción de puestos de trabajo perdidos en departamentos de tamaño medio y pequeño, vemos que fue superior a la registrada en los grandes aglomerados urbanos”, explica el informe elaborado por el especialista en mercado de trabajo Matías Maito.

En esa línea, el trabajo destaca que las pequeñas ciudades y los departamentos rurales registraron una caída del 3,9%. Las áreas suburbanas e intermedias mostraron retrocesos del 3,2%, mientras que la pérdida fue menor en los grandes centros urbanos, donde alcanzó el 1,8%.

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Sin derrame

Esta semana hubo un terremoto en el empresariado nacional. La noticia de que un megaproyecto minero importará desde China una ciudad entera prefabricada para alojar a sus trabajadores encendió todas las alarmas en la industria y la construcción.

La escena golpea sobre una de las promesas centrales del nuevo ciclo exportador: que las inversiones en minería y energía funcionen como locomotoras para una red de proveedores locales capaces de generar empleo y desarrollo regional. El secretario Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, dijo hace algunos meses que “la mejor política pública es la que no existe”, pero la teoría del derrame tampoco encuentra correlato en el empleo.

“Directamente no nos dejaron competir. Ni siquiera fuimos invitados a participar”, afirmó Leandro Seoane, vicepresidente de la Cámara Argentina de Construcción Modular e Industrializada, en diálogo con el canal de streaming País Productivo. “Es un mal augurio. Parece evidente la ventaja de contar con un proveedor local, con experiencia, certificaciones de seguridad y conocimiento de la zona. Veo una cuota importante de negligencia”, agregó.

En distintos sectores industriales no descartan que la minera que operará un proyecto de inversión de u$s18.000 millones haya utilizado esta licitación como caso testigo para enviar una señal clara: no habrá margen para flexibilizar la elección de proveedores y la integración local no será una prioridad.

Sobre llovido, mojado

La pérdida de competitividad comienza a sentirse incluso en actividades que deberían beneficiarse del boom exportador. La combinación de apertura comercial, enfriamiento de la demanda y ausencia de incentivos genera un escenario cada vez más complejo. Como si competir contra países que subsidian su producción no fuera suficiente, las empresas argentinas enfrentan una dificultad adicional: el encarecimiento en dólares. Según datos de Fundar, Argentina se encareció un 10% en dólares durante el primer trimestre del año, mientras América Latina se abarató un 0,7% en moneda dura.

Todo retroalimenta un ciclo que no encuentra piso. En marzo el empleo formal volvió a caer fuerte: fueron 10.728 los trabajos asalariados que se perdieron, mientras que se registraron 17.685 monotributistas menos frente a febrero según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino. La cantidad de empleos asalariados destruidos ya supera los 300.000 durante el gobierno de Javier Milei.

Las discusiones sobre competitividad, proveedores y empleo no son abstractas, son en el fondo la forma de organizarse de una sociedad. “Todos los días pasan un montón de chicos dejando currículums. Eso te parte al medio”, dijo, visiblemente emocionado, el empresario industrial Javier Viqueira. “Yo vengo de un lugar muy humilde, donde uno termina haciendo lo que ve hacer a los demás. Si lo natural es levantarte y ver a todo el mundo tirado en una esquina, ¿qué pensás que vas a hacer?”, reflexionó y remató: “El trabajo es un ordenador”.



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