WASHINGTON.– El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, y su esposa, la segunda dama Usha Vance, anunciaron este domingo el nacimiento de su cuarto hijo, el primero que nace de un vicepresidente en funciones en más de 150 años y una muestra de la política pronatalista de la administración Trump.
El bebé, Alec Neel Vance, nació durante la jornada y se suma a sus hermanos mayores Ewan, de 9 años; Vivek, de 6; y Mirabel, de 4. La pareja quien se conoció mientras ambos estudiaban Derecho en la Universidad de Yale, difundió la noticia a través de un comunicado en redes sociales firmado por ambos.
“Nos entusiasma anunciar que nuestro bebé, Alec Neel Vance, nació esta mañana. Usha y el bebé están felices y saludables, y nuestros hijos están encantados de conocer a su hermanito”, señalaron en el mensaje. También agradecieron a los médicos y al personal del Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, así como al equipo médico de la Casa Blanca.
El nacimiento marca un hecho poco frecuente en la política estadounidense. La última vez que un vicepresidente en ejercicio se convirtió en padre fue en el siglo XIX. Según la Asociación Histórica de la Casa Blanca, Schuyler Colfax tuvo un hijo en 1870 durante su mandato, mientras que décadas antes John C. Calhoun también había sido padre estando en el cargo.
La ampliación de la familia del vicepresidente republicano se alinea con su insistente defensa de políticas y discursos pronatalistas. Desde el inicio de su carrera política, Vance expresó su preocupación por la caída de la natalidad en Estados Unidos y ha instado públicamente a las familias a tener más hijos. En 2025, durante la Marcha por la Vida en Washington, afirmó: “Quiero que haya más bebés en los Estados Unidos de América”.
El dirigente, de 41 años y exmarine, incluso sugirió que el asesinato en 2025 del activista conservador Charlie Kirk, cercano a él, influyó en su decisión de agrandar la familia.
Usha Vance, de 40 años e hija de inmigrantes de la India, ha acompañado habitualmente a su esposo en viajes oficiales junto a sus hijos, que en ocasiones abordan el Air Force Two incluso en vuelos nocturnos. El embarazo, anunciado en enero, despertó una fuerte atención pública, en parte porque es inusual que altos funcionarios estadounidenses tengan hijos mientras ocupan cargos de primer nivel.
El nacimiento también se inscribe en un reciente “mini baby boom” dentro del entorno de la administración del presidente Donald Trump. En los últimos meses, Katie Miller, esposa del subjefe de gabinete Stephen Miller, dio a luz al cuarto hijo de la pareja, mientras que la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tuvo su segundo hijo en mayo.
A su vez, la exposición pública del embarazo de la segunda dama generó también controversia. Usha Vance fue objeto de críticas tras un comentario de moda publicado por The New York Times sobre un vestido de maternidad que utilizó en un episodio de su podcast en video “Storytime with the Second Lady”. El artículo titulado “La política y el poder de la imagen del embarazo” analizaba la imagen pública de las mujeres embarazadas en el círculo del presidente Trump, las cuales contribuyeron a crear una imagen pública centrada en la familia, la maternidad y la fertilidad dentro de la administración.
La propia segunda dama respondió con ironía en redes sociales, donde defendió su estilo y restó importancia a las interpretaciones políticas de su vestimenta. “Ahora que sabemos el significado político de mi vestido de maternidad color coral de Old Navy de 8,75 dólares, ¡no puedo esperar a escuchar lo que The New York Times tiene que decir sobre mis pantalones con cintura elástica y mis medias de compresión!”, escribió en X.
Vance publicó un recibo para mostrar que el vestido premamá color coral de Old Navy mencionado en el artículo le costó apenas 8,75 dólares tras aplicar descuentos y cupones, cuando su precio original era de 44,99. “Pagó 8,75 dólares por un vestido de 50. ¡Estados Unidos, aquí tienen a su próxima directora de presupuesto federal!”, bromeó su esposo, el vicepresidente, en redes sociales.
El episodio se inscribió en un debate más amplio en torno al llamado movimiento pronatalista, que promueve el aumento de la natalidad como respuesta a la caída de las tasas demográficas en el país.
Agencias AP y Reuters

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