Para Independiente Rivadavia, escribir otra página en su historia no significaba únicamente ganar otra vez en el Maracaná. Para la Lepra, plantarse de igual a igual, tener hambre de gloria y hasta significarle un peligro al Fluminense, ya son un triunfo que no se computa como una victoria en el marcador. Y eso fue lo que hizo el equipo mendocino. Porque más allá de no haberse traído de Río de Janeiro una ventaja en el global, el conjunto de Alfredo Berti sabe que del otro lado hay un rival que no pudo doblegarlo tanto en su casa como en Mendoza, sea en la fase de grupos o ahora en los octavos de final.
Con una zaga central (Iván Villalba y Sheyko Studer) que sabe cuándo chocar y cuándo jugar, un Leonard Costa que constantemente juega con los dientes apretados, un Matías Fernández que siempre genera la sensación de peligro y un Álex Arce comprometido con el trabajo “sucio”, el Azul del Parque tiene una columna vertebral que permite competirle a un rival que, si bien no fluye colectivamente, tiene jerarquía individual de sobra.
Claro está que aún falta la vuelta e internamente el mensaje es de tranquilidad ante una serie que, sin dudas, puede llevársela cualquiera. Sin embargo, en estos tres enfrentamientos entre CSIR y el Flu quedó claro que, para Independiente, en su primera expedición internacional, el saco no le quedó para nada grande.
El desarrollo del partido siempre contó con una cuota grande de roce y disputa por la pelota. Y en ese ámbito se sintieron cómodos los de Berti y compañía. Incluso Maxi Salas, que fue titular, está sumando sus primeros entrenamientos recién con su nuevo club y necesita una adaptación lógica, fue titular en un contexto más que pesado y no desentonó. De hecho, el ex River fue el primero en exigir al experimentado arquero brasileño Fabio.
En una semana se sabrá si Independiente Rivadavia continúa en esta aventura llamada Libertadores o si le toca despedirse. De todos modos, sobra aclarar que la Lepra superó por mucho las expectativas.






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