El fenómeno Burnham, un ascenso meteórico que divide a Gran Bretaña


PARÍS.– Andy Burnham se convertirá oficialmente el lunes en primer ministro del Reino Unido, tras un ascenso político tan vertiginoso como inesperado. Su elección a la cabeza del Partido Laborista y su posterior confirmación como próximo líder en Downing Street han provocado una oleada de reacciones, dejando al descubierto un país profundamente dividido.

Entre el mesurado entusiasmo de los medios de izquierda, que ven en él una esperanza de cambio, y las mordaces críticas de la prensa conservadora, que teme un regreso a las políticas socialistas de los años 2000, Burnham tendrá que navegar en un panorama político más tenso que nunca, que tendrá una gran incidencia en sus relaciones con el resto de Europa.

El “rey del Norte”, como lo llaman los británicos tras sus nueve años al frente de la alcaldía del Gran Manchester, llega al poder en circunstancias inéditas: nunca un primer ministro había entrado tan tarde al Parlamento –el 22 de junio, tras una victoria arrolladora en una elección parcial en Makerfield– para encontrarse, apenas un mes después, al frente del gobierno.

Andy Burnham habla tras ser confirmado como el nuevo líder del Partido Laborista (Archivo)Henry Nicholls – Pool AFP

Ante los militantes reunidos el viernes en el Trades Union Congress de Londres, Burnham prometió devolver “la esperanza a cada hogar” y lograr un “crecimiento sólido en cada código postal”, antes de lanzar, entre aplausos: “Les devolveremos la esperanza”.

Asimismo, se ha fijado como misión “derrotar a la nueva derecha británica”, en una referencia directa a la derecha radical de Reform UK. Un ascenso meteórico y un discurso decidido que alimentan tanto la ilusión como la desconfianza en las redacciones británicas.

Repercusión mediática

Por parte de los titulares de derecha, la acogida ha sido gélida. The Telegraph, que sin embargo había recogido varias confidencias de Burnham en los últimos meses sobre sus ambiciones, advierte contra un programa que considera “fiscalmente irresponsable”. El diario califica el proyecto estrella de Burnham –crear un “N° 10 North” en Manchester, una segunda sede para el despacho del primer ministro– como una “maniobra populista sin fundamento económico”.

Burnham, en efecto, declama el objetivo de “arrebatar el poder a Westminster (el Parlamento) y a Whitehall (sede del gobierno) para devolverlo allí donde la gente vive”. Según el editorial del 17 de julio de The Telegraph, esa descentralización del poder debilitaría la autoridad de Londres y desviaría la atención de los problemas reales, como la inflación o la deuda pública. “Burnham quiere convertir al Reino Unido en un laboratorio de experimentos socialistas. Su proyecto del ‘N° 10 North’ no es más que una cortina de humo para ocultar su falta de un plan concreto frente a la crisis”, anota.

Andy Burnham posa para una foto con colegas del Partido Laborista en el Parlamento (Archivo)Yui Mok – PA

El popular Daily Mail va, a su vez, mucho más lejos presentando a Burnham como “una amenaza para la estabilidad del país”.

Los comentaristas conservadores condenan las propuestas del nuevo primer ministro a favor de un endeudamiento masivo para construir viviendas sociales, un aumento del impuesto a la propiedad en el sureste y una mayor punción fiscal para los ingresos más altos.

Esa inquietud ya la había expresado sin rodeos el propio Keir Starmer –mucho menos a la izquierda que su sucesor– antes de su salida: en una entrevista con ITV Granada, advirtió que “no hay nada progresista en abandonar las reglas presupuestarias”, comparando abiertamente las líneas económicas de su rival con las de la conservadora Liz Truss, cuyo fugaz paso por Downing Street en 2022 desencadenó una crisis financiera.

En un editorial muy comentado, The Independent se mostró igualmente escéptico. El diario recordó las palabras de Nigel Farage cuando, en una rueda de prensa conjunta con el líder conservador Kemi Badenoch, se le preguntó si prefería enfrentarse a Starmer o a Burnham en las próximas elecciones generales: el líder de Reform UK insinuó que un giro del laborismo hacia la izquierda bajo el mando de Burnham lo condenaría a la derrota, agregando que “no estaba preocupado”. El editorialista consideró que esa respuesta, por muy hábil que fuera, contenía una parte de verdad que los diputados laboristas no deberían ignorar.

En un análisis ampliamente reproducido en el Reino Unido, The New York Times resume esa desconfianza generalizada con una fórmula mordaz: describe al nuevo primer ministro como la encarnación de “una quimera que busca superar el centralismo de Londres y la dispersión del poder y la prosperidad”. Un envoltorio seductor, según el diario estadounidense, pero que no garantiza en absoluto una reactivación real del país.

Keir Starmer dejará su puesto en 10 Downing Street Thomas Krych – AP

El tono es más mesurado en la izquierda, aunque lejos de ser triunfalista. The Guardian, que ha seguido de cerca la rebelión interna contra Starmer, destaca la popularidad real de Burnham en el norte de Inglaterra y su posición como posible baluarte contra la ola de Reform UK. No obstante, el periódico recuerda que esa misma popularidad debe demostrarse ahora a escala nacional, una prueba que el nuevo primer ministro nunca tuvo que afrontar.

En su crónica del discurso de investidura, la revista Time destacó la confesión de Burnham al reconocer que “esta generación de políticos, yo incluido, no supo cuestionar una cultura política y un modelo económico que, sencillamente, no funcionan lo suficientemente bien para la gente común”. Un mea culpa inusual en boca de un líder recién investido, que algunos comentaristas de izquierda celebraron como una señal de autenticidad, pero que otros consideran insuficiente mientras no se detallen las medidas concretas de la prometida descentralización.

Una encuesta de Ipsos realizada para LBC antes de su investidura ilustra esta ambivalencia en la opinión pública: aunque Burnham es considerado más capaz que Nigel Farage o Kemi Badenoch para dirigir el país, cuatro de cada diez británicos consideran, no obstante, que no está preparado para el cargo.

Reacciones opositoras

En cuanto a la oposición, las reacciones han estado a la altura de los próximos desafíos electorales. Nigel Farage, líder de Reform UK y actual favorito en las encuestas, reaccionó en GB News calificando a Burnham de “gran camaleón de la política británica” y prediciendo “muchas obviedades y palabras bonitas, pero muy pocas acciones concretas para sacar al país de la profunda crisis que atraviesa”. Añadió que prevé una “luna de miel muy corta” para el nuevo primer ministro, al tiempo que exigió, tras su investidura, la convocatoria inmediata de elecciones generales, alegando que Burnham no cuenta con ningún mandato popular para gobernar.

El líder derechista Nigel Farage, del partido Reform UK (Archivo) Thomas Krych – AP

Por su parte, el conservador Kemi Badenoch denuncia la continuidad de un gobierno laborista al que considera responsable del deterioro de las finanzas públicas, mientras que varias figuras de su propio partido cuestionan abiertamente su capacidad de supervivencia ante un duelo entre Burnham y Farage, que se perfila como el eje central de las próximas elecciones generales previstas para 2029.

Dentro del propio laborismo, la unanimidad mostrada durante el congreso extraordinario del 17 de julio, en el que Burnham obtuvo el respaldo de 379 de los 403 diputados del grupo parlamentario, encubre tensiones de larga data: el exalcalde de Manchester ya había fracasado en dos ocasiones al intentar conquistar la dirección del partido, en 2010 y 2015, y su regreso es percibido por algunos cuadros del partido más como una solución de última instancia que como una elección entusiasta.

Expectativa europea

En el resto de Europa, la llegada de Burnham despierta un optimismo cauteloso, especialmente en Kiev y Bruselas. Conocido por su compromiso personal con Ucrania desde 2022 –durante su etapa como alcalde de Manchester estableció alianzas municipales con Kiev y Lviv–, el nuevo primer ministro se ha esmerado en tranquilizar a sus aliados occidentales mediante una columna publicada en The Times el 10 de julio. En la misma, reafirmó el mantenimiento del apoyo militar y financiero británico a Ucrania, el compromiso con la disuasión nuclear permanente en el mar y la solidez de la alianza estratégica con Washington.

El presidente Volodimir Zelensky, reaccionando de inmediato tras la dimisión de Starmer, elogió la cooperación previa al agradecer a su homólogo haber contribuido a hacer “nuestra Europa y la protección de nuestras vidas más fuertes”, una frase en la que varios analistas ucranianos vieron un mensaje dirigido tanto a su sucesor como al propio Starmer. No obstante, expertos en Kiev matizan ese entusiasmo, señalando que, si bien Burnham es innegablemente proucraniano, carece de experiencia en política exterior y podría, una vez en Downing Street, verse absorbido por las urgencias internas.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, recibe el afectuoso saludo de Keir Starmer durante una visita a Londres Kirsty Wigglesworth – AP

En todo caso, es en el terreno europeo donde las expectativas son más pronunciadas. A diferencia de Starmer, que se mantuvo en una gestión prudente, Burnham es percibido como sensiblemente más eurófilo: casado con una holandesa, ya había manifestado en 2025 su esperanza de que el Reino Unido se reincorporara algún día a la Unión Europea durante su mandato.

Burnham nunca ocultó su arrepentimiento respecto al Brexit. En 2016, se opuso firmemente a la salida de la UE, una postura que hoy resuena con la opinión pública pues, según una encuesta reciente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), el 66% de los británicos considera que el Brexit perjudicó al país, y el 75% desea incluso una relación más estrecha con Bruselas. Sin embargo, a pesar de ese panorama, los observadores europeos se mantienen escépticos.

“Nada garantiza que su llegada a Downing Street marque el inicio de una luna de miel eurobritánica”, resume un eurodiputado francés. El tema sigue siendo sumamente tóxico en la escena política británica, donde cualquier concesión hacia Bruselas podría ser aprovechada por la oposición.

Burnham ha sido un declarado anti-Brexit, pero nada indica que vaya a intentar incorporarse a la Unión Europea Delpixel – Shutterstock

De hecho, Burnham matizó sus declaraciones durante su campaña, evitando defender de forma demasiado abierta la idea de un regreso a la UE, una posición que, aunque sostuvo en el pasado, podría haber alienado a parte del electorado: “Hizo un llamado a la reintegración, pero intentó suavizar su postura”, señalan sus colaboradores, recordando que el futuro primer ministro apuesta, ante todo, por la descentralización y la justicia social para recuperar la confianza de los británicos.

Su ambición declarada de reforzar las “capacidades soberanas” británicas –desde la construcción naval y la energía hasta la inteligencia artificial y la computación cuántica– establece, sin embargo, un auténtico paralelismo con los discursos europeos sobre la “autonomía estratégica” y la reducción de las dependencias externas.

Bruselas espera, por lo tanto, una reactivación de la alianza de seguridad y defensa firmada el año pasado durante la cumbre UE-Reino Unido, que hasta ahora ha quedado prácticamente en la nada, así como una participación británica más activa en el programa europeo de financiación común de la defensa (SAFE) y en las misiones conjuntas bajo bandera europea. Queda por ver si este acercamiento declarado resistirá la presión de una agenda interna saturada por la crisis del costo de la vida y la amenaza electoral que representa Reform UK.




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