El Banco Central decretó otra vez el pico de la mora, pero en los bancos advierten que el deterioro continuará

El Banco Central busca instalar en el mercado que lo peor de la crisis crediticia ya es historia. Según sus principales exponentes, la mora en el sistema financiero tocó su techo y el terreno está despejado para una reactivación de los préstamos privados. La lectura oficial, sin embargo, choca con los balances y las proyecciones que manejan en los principales bancos del país, donde observan un escenario macroeconómico recesivo que no permite relajar las previsiones.

El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, presentó esta semana un informe ante la Fundación Mediterránea donde introdujo un nuevo dato que recalculó la narrativa del Gobierno: la autoridad monetaria ahora ubica el pico de la mora recién en el segundo trimestre de este año. La actualización de la estadística supone un reconocimiento tácito de que el deterioro en la cadena de pagos se extendió mucho más allá de lo que el propio oficialismo había diagnosticado.

Meses antes, el titular de la entidad, Santiago Bausili, había asegurado que el estrés del sistema había quedado contenido en los meses de verano. “El proceso de digestión de la mora está muy avanzado. Muchos bancos ya han visto el pico de la mora, algunos en diciembre, otros en febrero o marzo. Eso hace que algunos bancos ya empezaron a retomar una política de expandir el crédito», afirmó el titular de la autoridad monetaria en su última conferencia de prensa.

Los números rojos de las familias

Lejos de estabilizarse en el arranque del año, la irregularidad del sector privado continuó escalando. Un informe de 1816 —consultora que anticipó con exactitud los números que mes a mes mostró el Informe de Bancos del BCRA— planteó que la mora de familias aumentó desde 12,1% en abril hasta 12,7%. Y afirmó que, en general, la irregularidad en los pagos no logró perforar su tendencia alcista debido a que, ante el escenario recesivo, el stock de deuda impaga siguió creciendo mientras que la base de créditos totales se mantuvo estancada. La falta de una originación impidió diluir el porcentaje de carteras deterioradas, dejando expuesta la debilidad estructural en la capacidad de pago del sector privado.

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“Más del 27% de las personas que tomaron préstamos dejaron de ser “sujetos de crédito”, por estar en mora (para calcular ese 27% incluimos el crédito de entidades no financieras; calculamos en este caso el porcentaje de gente en mora, independientemente del saldo)”, indicaron los expertos y definieron que es la decimonovena suba consecutiva del indicador. “La irregularidad en el crédito a familias era de solo 2,5% en octubre 2024, de modo que se multiplicó por más de 5 en un lapso de apenas 19 meses, algo sin antecedentes desde la salida de la Convertibilidad”, detalló el documento.

Salarios deprimidos y la ilusión de la «licuación contable»

La preocupación es palpable y en los bancos descartan que el problema financiero se resuelva con soluciones microeconómicas. En una importante entidad pública explicaron a este medio que el incremento de la morosidad no es un problema de evaluación de riesgo caso por caso, sino un residuo directo de la política económica actual. En esas oficinas apuntan a dos variables letales para el crédito: la caída abrupta del salario real y la destrucción de puestos de trabajo.

El análisis interno es que se están sustituyendo empleos de ingresos medios y altos por ocupaciones de menor remuneración y nula estabilidad. Bajo este diagnóstico, aseguran que si el poder adquisitivo no se recupera de base y la masa salarial no acelera, la mora no bajará de manera sistemática.

La visión no es muy distinta en la banca privada, donde domina la cautela. Desde uno de los bancos más grandes del sistema señalaron que, aunque el ritmo de aumento de la mora se está desacelerando, el nivel de irregularidad sigue en alza. En el mercado financiero explican que el Gobierno apostaba a una licuación contable: esperaba que la originación de nuevos préstamos creciera rápido para ensanchar la cartera total y empujar a la baja el porcentaje de morosidad.

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Ese efecto nunca llegó. Las instituciones que fueron más agresivas al inicio y sufrieron un salto sensible de la mora adoptaron de inmediato un comportamiento conservador en la originación de nuevos préstamos. Al frenarse la oferta, y con un crédito que en términos reales continúa cayendo levemente, el indicador de irregularidad quedó estancado en niveles altos.

En medio de esta digestión de pasivos, los bancos miran de reojo un proyecto de ley que avanzó en la Legislatura bonaerense para incentivar la reestructuración de pasivos. La iniciativa ofrece una exención del 50% en Ingresos Brutos sobre los intereses de aquellos préstamos refinanciados que acumulen un atraso de entre 60 y 180 días, siempre que se pacten a una tasa fija inferior al 35% anual y a un plazo no menor a 24 meses. Desde las entidades privadas aclaran que ya cuentan con herramientas propias incluso más favorables que los topes de la ley, pero admiten que el régimen facilitará que cada institución ofrezca un salvavidas a sus clientes en rojo con un menor costo impositivo.

El «lado B» de las estadísticas

Jorge Carrera, economista, y exvicepresidente del BCRA aseguró que el factor crítico reside en los bolsillos. «Más que en la actividad económica, que a veces está muy promediada por lo que pasa en tres o cuatro sectores muy dinámicos, los ingresos de las familias han caído fuertemente. Ese fenómeno es el que lleva a la dificultad para afrontar el pago de las cuotas», explicó el experto.

La génesis de esta crisis, indicó, es una trampa de expectativas. «Se tomaron créditos en un momento en que todavía tenías una dinámica un poco más positiva y, sobre todo, expectativas muy positivas. La gente se endeudó y después, entre la volatilidad de las tasas y que los ingresos disponibles para pagar empezaron a caer en la mayoría de las familias, tenés este fenómeno», profundizó Carrera.

El exfuncionario del Central lanzó además una advertencia sobre los datos oficiales, señalando que el sistema suele enmascarar la gravedad del problema. «Lo que muestran muchas veces es mucho más bajo de la realidad. Siempre tratás de evitar, sobre todo en los bancos públicos, que pase a cartera morosa. Entonces le vas refinanciando, le ofrecés cuotas adicionales. Esta morosidad que se muestra en las estadísticas es menos profunda de lo que la realidad es«, sentenció. La situación, agregó, toma un cariz dramático fuera del sistema tradicional: «La morosidad en las fintech es altísima porque son créditos muy usurarios. Hay un sistema perverso donde los buenos pagadores terminan pagando muy caro”.

Mientras las tarifas resten al ingreso disponible y los salarios —salvo excepciones como aceiteros o bancarios— pierdan contra la inflación, el mercado seguirá deprimido. «La gente que tiene buenos ingresos, ese 25% o 30% de la población que está estable o mejor, en general no necesita crédito. Es una típica crisis de crédito en un contexto de recesión o estancamiento. Ahora los bancos tienen que deglutir esa morosidad, por eso van a ser lentos en recuperar una dinámica muy fuerte», concluyó Carrera.

AM

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