EE.UU. enfrenta una caída crítica de misiles interceptores tras meses de guerra con Irán


WASHINGTON.– Los recientes enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán dejaron al descubierto una preocupación creciente en el Pentágono. El rápido agotamiento de sus reservas de misiles interceptores avanzados, clave para la defensa aérea en escenarios de alta intensidad, comenzaría a condicionar las decisiones del presidente Donald Trump.

Según un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), la disminución de los sistemas Patriot y THAAD podría obligar a Washington y a sus aliados en Medio Oriente a asumir mayores riesgos si las hostilidades se intensifican.

El informe señala que el uso sostenido de estos sistemas durante casi cinco meses de guerra ha reducido de manera significativa los inventarios disponibles.

Antes del inicio del conflicto, Estados Unidos contaba con aproximadamente 2330 misiles Patriot, pero tras la tregua de abril, esa cifra había caído a 1030, y luego de los combates más recientes se ubica entre 759 y 827 unidades. Esto representa una reducción de al menos el 65%. En el caso de los interceptores THAAD, las reservas también sufrieron un descenso notable y se mantienen al menos un 38% por debajo de los niveles previos al conflicto.

Un informe del CSIS advierte que la disminución de estos sistemas podría obligar a las fuerzas estadounidenses a asumir mayores riesgos frente a ataques con misiles y dronesMINISTERIO DE DEFENSA DE PAÍSES – MINISTERIO DE DEFENSA DE PAÍSES

La situación genera inquietud en los círculos militares porque estos sistemas constituyen la primera línea de defensa contra misiles balísticos y drones. “Ese porcentaje podría no aumentar mucho, pero sí subir de a poco”, advirtió Mark Cancian, excoronel de la Infantería de Marina y asesor del CSIS, en referencia al riesgo de que más proyectiles enemigos logren impactar sus objetivos ante una menor disponibilidad de interceptores.

El deterioro de los arsenales quedó en evidencia tras un ataque reciente, en el que fuerzas estadounidenses interceptaron múltiples misiles balísticos lanzados por Irán contra posiciones en Medio Oriente. El episodio reavivó el debate interno sobre la capacidad de sostener operaciones prolongadas sin comprometer la seguridad de las tropas desplegadas.

De acuerdo con fuentes oficiales, el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, transmitió al presidente Trump que el estado de las reservas podría influir en la planificación de futuras operaciones. Si bien el Pentágono rechazó públicamente las preocupaciones sobre una merma crítica en sus capacidades, funcionarios admiten en privado que la disponibilidad de municiones se ha convertido en un factor central en la toma de decisiones estratégicas.

“Las fuerzas armadas estadounidenses son las más poderosas del mundo y cuentan con todo lo necesario para actuar en el momento y lugar que el presidente determine”, sostuvo el vocero del Pentágono, Sean Parnell, en un intento por desestimar las alertas.

Costo político y económico de la guerra

Sin embargo, la presión sobre los inventarios coincide con un aumento del costo económico y político de la guerra. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, estimó que el conflicto ya demandó unos 37.500 millones de dólares, mientras que el Pentágono solicitó al Congreso otros 67.000 millones para reponer existencias, incluidas municiones de alta tecnología. El uso intensivo de estos sistemas, además, alimenta críticas en el Congreso, especialmente entre los demócratas, que cuestionan la decisión de iniciar el conflicto sin aprobación legislativa.

El impacto no es solo inmediato. Expertos advierten que la reposición de estos arsenales podría demorar al menos tres años, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de Estados Unidos para enfrentar otros escenarios de conflicto, en particular una eventual confrontación con China.

El debate interno en la Casa Blanca enfrenta la opción de escalar el conflicto o priorizar una salida diplomática ante los crecientes costos y riesgos– – US ARMY

En el terreno operativo, la escasez de interceptores podría obligar a modificar la doctrina militar. Entre las opciones analizadas figura reducir el número de misiles lanzados para interceptar cada amenaza o incluso permitir que algunos proyectiles enemigos caigan en zonas deshabitadas si se estima que no representan un riesgo significativo.

El contexto se vuelve aún más complejo ante la persistente capacidad ofensiva de Irán. Ataques recientes contra bases estadounidenses en la región dejaron muertos y heridos, lo que eleva a 18 el número de militares estadounidenses fallecidos desde el inicio de la guerra.

Mientras tanto, la Casa Blanca evalúa los riesgos de una nueva escalada. Trump ha dejado en suspenso, por ahora, un aumento drástico de las operaciones militares, en parte por el temor a agotar aún más las reservas de defensa aérea. Según funcionarios, la posibilidad de una guerra regional más amplia, el impacto en los precios de la energía y el riesgo de desestabilización global también influyen en la cautela.

Agencias AP y diario The New York Times




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