Con Trump, las comidas de Estado dejaron de ser un gran evento público para convertirse en un asunto privado


WASHINGTON.– Este jueves por la noche tendrá lugar uno de los eventos más importantes de la presidencia de Trump: una cena de Estado en la Casa Blanca en honor al presidente chino, Xi Jinping. Esa gala es el epítome de la diplomacia blanda, la oportunidad de limar las frecuentes asperezas entre Estados Unidos y una de las superpotencias mundiales.

La lista oficial de invitados no será difundida hasta que la cena haya empezado, pero se supone que asistirá una buena porción de los líderes tecnológicos, y algunos de esos megamillonarios –Elon Musk, Jensen Huang, CEO de Nvidia, y el jefe de Apple, Tim Cook–, acompañaron a Trump en el mes de mayo durante su visita a China.

“Hay miles de personas que adorarían estar en esa cena”, les dijo Trump a los periodistas la semana pasada. “Me está costando decirles que no. Tengo un montón de buenos amigos que me llaman y les tengo que decir que simplemente no pueden venir”.

Donald Trump durante una ceremonia por la visita de Xi Jinping a la Casa BlancaSAUL LOEB – AFP

Pero a diferencia de las cenas de Estado anteriores, esta vez el evento transcurrirá a puertas cerradas. Tradicionalmente, los medios de prensa tenían tres momentos para interactuar con los invitados y observar la gala. Primero, cuando los invitados llegaban, eran anunciados, y luego pasaban al área conocida como “Booksellers”, un atrio dónde se congregaban los fotógrafos y reporteros. Todos eran fotografiados, y muchos de los invitados VIP se detenían a contestar preguntas de los periodistas.

El segundo encuentro con la prensa se producía al inicio de la cena, cuando un pequeño grupo de periodistas era escoltado hasta el salón para las palabras y el brindis de bienvenida, también una oportunidad de calibrar los ánimos de la velada y observar la interacción entre los asistentes. Y el último vistazo era al concluir la comida, cuando los periodistas tenían otra chance de verlos a todos antes de que empiecen los números artísticos y de entretenimiento.

Sin embargo, tras la demolición del Ala Este de la Casa Blanca y en ocasión de la cena de Estado del mes de abril en honor al rey Carlos III del Reino Unido, limitaron la cobertura de la prensa al momento del intercambio de brindis. Y con la prohibición de acceso que les impuso Trump a la CNN, MS NOW y Politico y el consecuente boicot televisivo del resto de los medios que cubren las actividades de la Casa Blanca, nadie sabe exactamente cuánta información de lo que ocurra allí dentro quedará en los registros públicos.

Si esta cena de Estado es parecida a la del rey Carlos, es muy probable que no haya fotógrafos invitados, ni entrevistas, ni ninguna referencia real de cómo interactuaron los dos presidentes y los demás concurrentes. Salvo que Trump vuelva a romper el protocolo, como cuando durante su brindis dio detalles de sus conversaciones privadas con el rey.

Guests listen to Britain’s King Charles III speak during a State Dinner in the East Room of the White House in Washington, DC, on April 28, 2026. (Photo by HENRY NICHOLLS / AFP)HENRY NICHOLLS – AFP

Eso implica que no abría oportunidad de preguntarles a los grandes empresarios y a los megamillonarios sobre las serias preocupaciones que rodean esta cena: las recientes advertencias acerca de la evolución de la IA, el interés económico de Trump en esta tecnología en vertiginoso ascenso, o la competencia entre las empresas chinas y las norteamericanas.

Las cenas de Estado son organizadas por la Oficina de la Primera Dama, representan la faceta más visible y glamorosa de la diplomacia norteamericana y suelen sentar las bases para acuerdos comerciales y tratados a largo plazo. Tradicionalmente, su organización lleva meses de negociaciones entre bastidores y su función es honrar a aliados de larga data o a las democracias emergentes. Los expertos las analizan como un símbolo de las prioridades del presidente.

Una mirada a la trastienda

“Para un historiador o un investigador, poder asomarse a estas cenas, ver a los asistentes y cómo se comportan, es algo único y fundamental”, señala Azadeh Moaveni, autora del libro de próxima aparición The East Wing: Power, Intrigue, and the Untold Story of America’s First Ladies (“El Ala Este: Poder, intriga y la historia jamás contada de las primeras damas norteamericanas”). “Son eventos con un guion establecido, pero también espontáneos, así que revelan infinidad de matices y pistas sobre la filosofía y los objetivos de un gobierno”.

Recibir una invitación para una cena de Estado en la Casa Blanca siempre ha sido un privilegio sumamente exclusivo y codiciado en Washington. Históricamente, los invitados eran propuestos por las diversas oficinas de la Casa Blanca y del Departamento de Estado: la oficina política sugiere a miembros del Congreso que podrían resultar útiles, el equipo de la primera dama propone a personas que apoyan sus causas prioritarias. Por lo general, la lista incluye a grandes donantes y líderes empresarios que tienen intereses en el país homenajeado, así como a celebridades, personalidades destacadas con vínculos con dicho país, secretarios del gabinete y algunos periodistas.

No existe un límite establecido, salvo la capacidad del espacio: el Comedor de Estado tiene capacidad para 130 personas y el Salón Este para unas 250; se prevé que el nuevo salón de baile podrá albergar a unos 1000 invitados.

El estudio de la historiadora Moaveni sobre las personas que son invitadas a las cenas de Estado le permitió armarse la imagen que cada presidente y primera dama deseaba proyectar. Jimmy y Rosalynn Carter eran famosos por desafiar el protocolo sentando en la mesa principal a su familia. Nancy Reagan cultivaba relaciones con políticos de posturas menos belicistas y con figuras de la alta sociedad que, a su juicio, podían ayudar a su marido. Las listas de invitados de Bill Clinton revelan un énfasis en los donantes y reflejan la forma en que la recaudación de fondos pasó a primer plano, relegando la diplomacia o la gestión del Estado.

El día en que bailó con John Travolta en la Casa Blanca

“Algunos presidentes llegaron a considerar la cena de Estado como una caja registradora”, apunta Moaveni. “Pero todo eso solo puede deducirse teniendo la lista de invitados, la distribución de los asientos y los análisis posteriores al evento”.

A veces una cena de Estado se convierte instantáneamente en un clásico. En la cena de 1985 ofrecida por el presidente Reagan, la princesa Diana bailó con John Travolta, y entre los invitados figuraban Clint Eastwood, Neil Diamond, Tom Selleck, Mijail Barishnikov, Beverly Sills, Leontyne Price y el astronauta Alan Shepard. La cena de Estado de 1998 del presidente Clinton en honor a Tony Blair contó con las actuaciones de Stevie Wonder y Elton John, y la lista de invitados incluía a John F. Kennedy Jr., Barbra Streisand, Steven Spielberg, Tom Hanks, Harrison Ford y Carol Channing.

Y otras cenas se hacen famosas por quiénes no son invitados, como los intrusos que se colaron en la cena de Estado de Obama en 2009 y desataron una investigación del Congreso sobre las fallas de seguridad.

Por supuesto que la mayoría de esas cenas transcurren más discretamente: siguen siendo elegantes, pero se centran más en el estatus y el acceso que en las celebridades o los titulares en la prensa. La lista de nombres VIP que supuestamente asistirá esta noche pone de relieve la dependencia de Trump de los megamillonarios, en especial los tecnomagnates, y de los sectores empresario y financiero. Difícil predecir cómo se traducirá esto en el comercio futuro entre ambos países; el viaje de Trump a China en mayo fue todo pompa y ceremonial –durante la cena, una banda tocó el tema “YMCA–, pero se lograron pocos acuerdos sobre inteligencia artificial o aranceles a las importaciones.

Además, siempre es valioso saber quién figura en esa lista y por qué. El senador John Curtis, republicano por Utah, le solicitó esta semana a la Comisión de Justicia del Senado que investigue a Umar Kremlev, el oligarca ruso que financió las lujosas fiestas que siguieron a la boda de Donald Trump Jr. en las Bahamas. Por esa misma razón se escrutan minuciosamente las listas de invitados a las cenas de Estado, en busca de cualquier vínculo o conflicto de intereses, ya sean pasados o futuros. La Asociación Histórica de la Casa Blanca declaró que no conserva un archivo independiente de las listas de invitados; por lo general, esas listas quedan preservadas en las bibliotecas presidenciales que suele fundar cada mandatario cuando abandona la Casa Blanca.

(Traducción de Jaime Arrambide)


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