América Latina tiene los recursos que el mundo necesita, pero hay una ventana de oportunidad para aprovecharlos


Hoy el mundo está atravesado por una serie de megatendencias que generan tensiones y transformaciones. Las dos más relevantes son la geopolítica y la aceleración tecnológica, porque condicionan al resto. A partir de ellas se redefine la matriz energética, la demografía, las cadenas de valor —que se están fragmentando—, el poder y el comercio internacional. El mundo está buscando un nuevo equilibrio y, durante esa transición, predominan las tensiones, pero todavía no hay reglas definidas. Esa es la conversación que queremos llevar al Foro: cómo leer lo que está pasando en un mundo en permanente tensión y cuyo nuevo esquema de reglas todavía no sabemos cómo va a terminar configurándose.

Esto afecta a todos los países que están expuestos a una economía abierta. Argentina está insertándose en ese mundo y enfrenta condicionamientos. Uno de ellos es el costo del capital. Vamos hacia un mundo con una inflación estructuralmente más alta y un acceso al financiamiento más selectivo y caro. Todas estas transformaciones necesitan capital, por lo que los países y las empresas van a tener que competir para conseguirlo.

P.: ¿Entonces estamos ante un cambio de paradigma que puede traducirse en conflictos recurrentes?

M.C.: Hoy la disputa por el poder involucra a los dueños de la tecnología. Estados Unidos está disputando el poder global con China. Uno es hegemónico y el otro emergente. En esa disputa, el resto de los bloques económicos tiene que definir una alineación y un posicionamiento. Nadie sabe todavía dónde va a terminar ese proceso.

Además, estamos en un contexto de sociedades polarizadas y una globalización que sigue existiendo, pero de manera fragmentada. Vuelve una política más proteccionista y pierde peso el multilateralismo. Son cambios de sistema que están sucediendo y cuyo resultado todavía no conocemos.

P.: Hace poco escuché en un evento internacional al presidente del consejo de asesores internacionales de Goldman Sachs, José Manuel Barroso, sostener que la diversificación será el patrón de las inversiones del futuro, tanto a nivel regional como sectorial. En particular, mencionó a defensa, infraestructura, inteligencia artificial y energía como los sectores de mayor potencial. ¿Coincide con ese diagnóstico? ¿Qué oportunidades tienen Argentina y América Latina en este nuevo mapa de inversiones?

M.C.: Coincido. Tenemos que mirar en qué regiones del mundo se están produciendo esas transformaciones. América Latina tiene los recursos naturales y el talento que el mundo necesita. Son recursos que se vuelven estratégicos por su escasez o porque constituyen insumos fundamentales para las economías y los negocios que vienen.

Europa, por ejemplo, tiene un doble problema. En algunos casos carece de recursos propios, como la energía, y tuvo que resolver cómo reducir su excesiva dependencia, por ejemplo, de los hidrocarburos de Rusia (con el caso de Alemania como paradigma). También quedó expuesta su necesidad de destinar más presupuesto a defensa. América Latina no tiene ese problema. Lo que históricamente se consideraba un pasivo —estar lejos de Europa— hoy puede convertirse en un activo.

Pero hay que entender que esa ventana tiene un límite temporal. La oportunidad existe porque hay demanda global, pero necesitamos invertir, poner nuestros recursos en valor y venderlos. Esa es una de las grandes discusiones: cómo conseguir inversiones en un mundo que compite por el capital y en el que el financiamiento es cada vez más selectivo.

P.: ¿Es el abaratamiento del financiamiento el principal desafío que tiene Argentina para insertarse de manera virtuosa en las nuevas cadenas de valor?

M.C: Cuando el capital es más selectivo, primero se dirige a los sectores que tienen recursos estratégicos para la economía global: minería, energía, actividades vinculadas con las plataformas tecnológicas y nuevas infraestructuras, tanto físicas como tecnológicas. Para Argentina es mucho más difícil conseguir financiamiento en actividades que no están vinculadas con esa demanda global. Allí se necesitan proyectos más atractivos y el riesgo del contexto puede tener un impacto mayor.

P.: ¿La inteligencia artificial es hoy el principal factor de crecimiento? ¿Qué lectura hace del reciente derrumbe en las acciones del sector?

M.C: La inteligencia artificial ya no es solamente un factor de disrupción: también ayuda a explicar el crecimiento, las inversiones y la productividad. Una de las preocupaciones de este nuevo mundo en disputa es la falta de productividad. La economía global va a crecer menos de lo que venía creciendo y, en ese marco, la IA es un socio estratégico para ganar productividad. No solo permite mejorar la eficiencia de las actividades existentes, sino también desarrollar nuevas plataformas, escalar negocios y generar otros nuevos.

Todavía tenemos que entender el alcance de la IA y los gobiernos también deben comprender su potencial. Uno de los temas que vamos a abordar en el Foro es justamente cómo esta transformación atraviesa el liderazgo.

P.: En el plano doméstico, ¿cómo evalúa la performance de la actividad económica, después de dos trimestres consecutivos a la baja y con poco dinamismo en los sectores intensivos en generación de empleo?

M.C.: Tanto nosotros como el REM y el FMI esperábamos que Argentina creciera más. Por distintas razones, tanto domésticas como internacionales, la economía no estuvo a la altura de esas expectativas. Estamos viendo un trimestre técnicamente recesivo.

Por otro lado, los últimos datos de algunas variables de actividad muestran señales levemente positivas, aunque muy marginales. El crédito creció un poco, bajó la morosidad y aumentó el consumo de cemento, entre otras actividades. Ese crecimiento permite sostener una proyección de expansión del PBI de alrededor del 1% para este año. Para 2027 esperamos un crecimiento más cercano al 2% o 3%.

¿Eso alcanza para invertir en el mercado interno? No. ¿Alcanza para hablar de un boom de empleo y de una mejora generalizada de las condiciones de crecimiento, más allá de los sectores dinámicos? Tampoco. Pero creemos que tiene que empezar a construirse una expectativa positiva. Hay que monitorear cómo evoluciona la recuperación del mercado interno, porque de ella dependen el empleo y el consumo. El año electoral también será importante para entender si la transición que está llevando adelante este Gobierno, de un modelo económico a otro, puede generar en algún momento y a la velocidad necesaria un crecimiento más parejo.

P.: La semana pasada fue interesante ver en Rosario el contraste entre dos eventos: la ronda de negocios del RIGI, donde se celebraban las bondades del programa para las grandes empresas, y un congreso de pymes, donde las empresas reclamaron la falta de medidas que ayuden a mejorar la competitividad exógena a las firmas, como una reducción de impuestos o mejoras en el acceso al financiamiento. ¿Cree que faltan avances en ese sentido?

M.C.: Hay dos cuestiones sobre este punto. Una es la competitividad sistémica, que todas las empresas reclamamos y que forma parte de una agenda que el Gobierno tiene que atender. Incluye el entorno impositivo, las regulaciones, la flexibilidad laboral y el financiamiento.

Pero, mientras esa demanda existe, las empresas también tienen que trabajar en su propia competitividad. Tienen que prepararse para aprovechar las oportunidades que aparecen. Por ejemplo, una pyme puede encontrar una posibilidad de incorporarse a los encadenamientos productivos de la minería, a partir de las inversiones que están llegando con el RIGI. Sin embargo, para convertirse en proveedora de esa cadena necesita adecuar su competitividad: adoptar tecnología, mejorar la productividad y alcanzar estándares internacionales. De lo contrario, no va a poder ingresar.

Esos son los desafíos de una economía abierta. La oportunidad para las pymes existe; la dificultad es cómo logran prepararse a la velocidad que esa oportunidad requiere para subirse a ese tren. Y eso depende mucho del punto de partida de cada empresa.

P.: Por último, ¿qué expectativas tienen para el Foro y qué encontrará el público de diferente respecto de las ediciones anteriores?

M.C.: Las expectativas son muy altas porque la agenda es muy buena. Una de las particularidades de esta edición es que estamos atravesando un período de mucha dinámica electoral. Brasil acaba de elegir presidente, en Estados Unidos hay elecciones y España anticipó sus comicios. Hay mucha tensión política y polarización social, y eso también genera presión sobre las decisiones económicas.

Vamos a tener representantes de España y Estados Unidos. Gary Litman, vicepresidente sénior de Iniciativas Globales de U.S. Chamber of Commerce en Estados Unidos, analizará la mirada del empresario estadounidense sobre el mundo. También estará Luis de Guindos, exministro de Economía de España y exvicepresidente del Banco Central Europeo, para explicar cómo Europa se está reposicionando frente a los cambios globales y qué podemos esperar del financiamiento y las inversiones.

Además, participará Paulo Guedes, exministro de Economía de Brasil, para compartir su lectura sobre el ciclo político que viene.

Por la tarde nos vamos a concentrar en los negocios y el liderazgo. Estará Mauricio Macri y habrá representantes del mundo empresarial, como Techint, además de referentes que abordarán la inteligencia artificial y su impacto en sectores como la comunicación. También participarán referentes de la política local, como José Luis Daza, Federico Sturzenegger y Vladimir Werning.

Me parece que es una agenda que combina visión global, política, liderazgo y perspectiva empresarial. Busca reunir distintas miradas y protagonistas relevantes para discutir una agenda que importa mucho.



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