Millones de personas visitan cada año el Palacio de Versalles, recorren sus salones y jardines y se van del predio al terminar la jornada. De todas formas, un pequeño grupo puede quedarse y pasar la noche cuando las puertas se cierran al público.
Dentro de la finca funciona un alojamiento exclusivo que busca recrear la vida de la corte francesa del siglo XVIII, con habitaciones históricas, gastronomía de alta cocina y accesos privados a algunos de los espacios más famosos del palacio.
Una noche en el siglo XVIII: habitaciones con dosel, antigüedades y mayordomo personal
El alojamiento es Airelles Château de Versailles, Le Grand Contrôle, instalado en edificios históricos de la finca y restaurado para recuperar la estética que tenían hacia 1788. La renovación estuvo a cargo del arquitecto y director artístico Christophe Tollemer, quien recurrió a inventarios históricos para reconstruir los interiores.
Según la información del hotel, cerca del 90% del mobiliario del siglo XVIII fue recuperado a través de subastas. También se usaron chimeneas procedentes del propio palacio, piedra de la misma cantera empleada en Versalles y telas inspiradas en diseños del Petit Trianon.
El establecimiento cuenta con 15 habitaciones y suites, cada una bautizada en homenaje a personajes relacionados con el lugar. Las camas con dosel, los muebles antiguos, las bañeras de época, los tejidos de brocado y los libros repartidos por los ambientes buscan transportar al huésped a la Francia previa a la Revolución.
Algunas suites incorporan detalles todavía más particulares, como la Madame de Fouquet, por ejemplo, que esconde su baño detrás de una puerta secreta, mientras otras tienen vistas directas a los jardines y la Orangerie. La experiencia incluye además servicio de mayordomo.
Cada mañana puede empezar el día con el llamado «despertar real», en donde un integrante del personal entra con un farol, abre las cortinas con música del siglo XVIII y prepara el baño. El edificio también conserva espacios reconvertidos, como la antigua capilla, hoy transformada en el Bar de la Chapelle.
El gran banquete: la alta cocina de Alain Ducasse a la luz de las mil velas
La gastronomía es otro de los ejes principales de la experiencia, el restaurante principal está dirigido por Alain Ducasse y funciona bajo la conducción diaria del chef ejecutivo Stéphane Duchiron.
La cena busca recrear el ceremonial de los banquetes de la corte, ya que la experiencia empieza con aperitivos en el Salón de Audiencias y sigue con un menú estructurado en diferentes tiempos, desde los entrantes hasta los quesos y postres.
El personal usa vestimenta inspirada en el siglo XVIII, mientras los platos se sirven en reproducciones de porcelana de la antigua Manufactura Real de Limoges y las bebidas llegan en cristalería de firmas como Cartier y Baccarat. El menú también juega con la historia de Versalles.
Durante la tarde se ofrece Les Délices de Marie-Antoinette, una propuesta creada por Ducasse y el pastelero Aymeric Pinard que recupera sabores que le gustaba a la antigua reina francesa. Entre ellos aparece un chocolate caliente perfumado con azahar.
Después de la cena, el Bar de la Chapelle puede iluminarse con 1.000 velas, reforzando la ambientación histórica antes del último trago de la noche. Además, cuatro veces al año se hacen versiones especiales del Gran Banquete, acompañadas por espectáculos en vivo y un ceremonial más elaborado.
Recorrer los jardines vacíos cuando el palacio cierra sus puertas
Uno de los mejores momentos aparece cuando termina el horario habitual de visitas. Versalles recibe cerca de 10 millones de visitantes al año, pero los huéspedes del hotel pueden quedarse en la finca una vez que el público abandona el lugar. El alojamiento organiza recorridos privados guiados por historiadores en momentos en los que determinados sectores están cerrados para los visitantes habituales.
Entre los espacios que pueden formar parte de estas experiencias se encuentran la Galería de los Espejos, el Domaine de Trianon, el Petit Trianon y la Orangerie. También existe la posibilidad de explorar parte de los jardines usando carritos eléctricos equipados con GPS y música clásica.
La experiencia se extiende más allá de los salones, ya que el hotel ofrece actividades como picnics junto al agua, paseos a caballo al amanecer y demostraciones de cetrería. Desde las habitaciones y terrazas también se observan los jardines diseñados por André Le Nôtre, las fuentes, los rosales y los bosques que rodean al palacio.
El edificio donde funciona Le Grand Contrôle también tiene su propia historia, fue construido por orden de Luis XIV y llegó a albergar a integrantes de su administración, entre ellos funcionarios del Ministerio de Hacienda. Más de tres siglos después, esos mismos espacios permiten pasar una noche dentro de la finca y conocer una cara de Versalles que desaparece para la mayoría de los visitantes cuando el palacio cierra sus puertas.




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