Entre enero y septiembre, los embarques de granos y aceites se vieron impulsados por una cosecha excepcional y el robusto apetito internacional. En paralelo, la liquidación de divisas del sector volvió a dar buenas señales.
Mientras el Gobierno cruza los dedos para que la actividad termine de acomodarse, las terminales portuarias y los analistas del mercado de granos no paran de recalcular planillas. Tan solo entre enero y septiembre de este año, las exportaciones agroindustriales argentinas acumularon la friolera de 88,9 millones de toneladas y ya se superó el récord anual de 2021.
En perspectiva, el volumen no solo supera por casi un 10% a lo colocado en el mismo período del año pasado, sino que ya dejó atrás por unas 6 millones de toneladas al récord anual histórico de 2021, cuando el país había alcanzado los 83 millones en los doce meses completos. Quedan tres meses por delante y la marca ya quedó atrás.
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) explican el fenómeno a través de dos factores. Por un lado, la campaña gruesa 2025/26 dejó la mejor cosecha de la historia —nada menos que 172,4 millones de toneladas— gracias al invierno más generoso en precipitaciones de las últimas seis décadas en la zona núcleo. Por el otro, la demanda global salió a buscar grano argentino con desesperación ante faltantes crónicos en otras latitudes.
Dentro del podio de los cultivos, el trigo se lució con 12,8 millones de toneladas embarcadas (un 60% por encima de su promedio histórico para estas alturas del año), mientras que el girasol no se quedó atrás, y superó los 6,5 millones y duplica las marcas habituales de las últimas campañas.
Dólares que entran y un maíz imparable
Ese caudal físico, lógicamente, se tradujo en billetes verdes para una plaza cambiaria que siempre mira con lupa el colchón de reservas. Según los registros de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), las cerealeras liquidaron u$s3.228 millones solo en septiembre, un salto mensual del 17% que se metió de lleno en el podio de los registros más altos de los últimos 25 años. Con esto, el acumulado de los primeros nueve meses trepó a los u$s22.275 millones, y las proyecciones más optimistas de la BCR ya calculan que la campaña podría cerrar con ingresos globales por la friolera de u$s42.200 millones.
En el detalle fino de los embarques, el maíz se anotó como el gran protagonista del bimestre. Entre agosto y septiembre volaron desde los puertos locales unas 7,63 millones de toneladas del cereal, lo que consolida un acumulado de campaña de 30,2 millones de toneladas.
La baja de las retenciones del 12% al 8,5% empujó al grano y mejoró sensiblemente la ecuación del productor local frente al exterior. Por otro lado, el tablero geopolítico y comercial internacional le tendió una alfombra roja a la competitividad argentina.
El tablero internacional: Ucrania bajo fuego y un Brasil enfocado en el etanol
La tormenta perfecta en el comercio global de granos tiene dos epicentros claros. En primer lugar, la escalada bélica en el Mar Negro recrudeció en las últimas semanas con ataques que golpearon de lleno la logística de Ucrania —el cuarto exportador mundial de maíz—, lo que complicó sus salidas marítimas y lo obligó a desviar flujos hacia una Europa que transita su peor cosecha maicera en un cuarto de siglo por culpa de las sequías.
A esto se le suma un jugador de peso pesado que este año frenó la marcha: Brasil. La Asociación Nacional de Exportadores de Cereales (ANEC) reportó que los envíos norteños de maíz cayeron un 22% interanual en septiembre, lo que marcó su piso en años. Esto, a partir de la voracidad de su mercado interno. La industria de los biocombustibles brasileños absorbe volúmenes monumentales, lo que transforma al gigante sudamericano de exportador a consumidor.

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