Periodista: Regresó el entusiasmo. El S&P 500 pisa de nuevo la senda de los récords. Lo que no acontecía desde agosto. La suba de tasas largas se tomó una pausa después de su furibunda rabieta. La Bolsa soportó el chubasco con entereza, y ahora amaga salir el sol. ¿Hora de probar suerte hacia arriba? ¿O es un breve espejismo antes de volver a las andadas?
Gordon Gekko: Primero y principal, no se rompió nada. Y el berrinche de los bonos, después de dos semanas de altísimo voltaje, se pasó de revoluciones. La data se calmó. La inflación, la creación de empleo, los salarios. Todo más moderado que lo que se temía. En su envión, la suba de tasas siguió de largo, pero, ahora recalcula y baja un cambio.
G.G.: Volvió la forward guidance de la Fed. Sin el sello oficial, y, si se quiere, todavía de contrabando. Pero con una intención fácilmente reconocible. El mensajero – John Williams, el presidente de la Fed de Nueva York – supo hacer este trabajo antes. Sin ir más lejos, en noviembre del año pasado, para el chairman de entonces, Jay Powell, cuando se necesitó pasar el mensaje de una baja de tasas que parecía haber quedado descartada.
G.G.: Es menos probable que algo se rompa si la Fed puede tomarse su tiempo para decidir. Si no se lo imponen los mercados al borde de un ataque de nervios.
P.: El banco central recupera el control del timón que Kevin Warsh parecía haberles cedido a los bond vigilantes.
G.G.: Williams fue el primero en recordar que la Fed va a actuar conforme a su propio criterio. Que no lo dictan los mercados, y que no lo impone Trump (esa fue la señal detrás del aumento de fed funds en la reunión de septiembre). Después apareció Philip Jefferson, vicepresidente de la Fed. Luego, Beth Hammack, la titular de la Fed de Cleveland, un halcón de pico afilado, uno de los tres disidentes en julio. Todos con el mismo mensaje en pleno berrinche de los bonos. Tenemos tiempo, hay mucha data por delante para examinar. Las tasas largas pueden alcanzar los máximos de 24 años, pero, de ahí, no se sigue automáticamente que la suba de fed funds sea un hecho consumado que haya que convalidar de inmediato.
P.: La Fed, así, seguirá corriendo por detrás de los acontecimientos.
G.G.: De acuerdo. Pero, sin dramatismo. Williams dio a entender que habrá un nuevo aumento en diciembre. El banco central tiene que hacer un catch up. Lo sabe, y lo hará, aunque, sin atropellarse porque no hay necesidad tampoco de llamar a los bomberos.
P.: ¿Le parece? ¿No hay prisa?
G.G.: En septiembre había que corregir el paso en falso de la reunión de julio. Urgía desterrar, sí o sí, las dudas que sembró el fallido sobre el liderazgo de Warsh. Y la Fed subió las tasas en decisión unánime. Trump no pudo frenarlo. Esa era la prueba de fuego. Perentoria. Y se ejecutó.
P.: Pero la tarea no se completó. Recién empieza.
G.G.: Correcto. Mirando el mapa de puntos, hay otra suba apuntada para lo que resta del año. ¿Tiene que ser ya o puede esperar a diciembre? Se debe actuar, sí; pero no hay urgencia. ¿Cuándo? Veamos primero cómo se desarrollan los acontecimientos. Que lo indique la data. Existe una guerra de por medio, y una crisis de la energía. El conflicto puede avanzar o retroceder bruscamente, y modificar la recomendación de terapia.
P.: El tránsito de buques por Ormuz repuntó últimamente. En gran forma. Y el gobierno de Yemen recuperó el puerto de Mocka y desplazó a los hutíes que habían tomado el control del pasaje por el estrecho de Bab el Mandeb.
G.G.: Sí. Arabia Saudita reparó el oleoducto Este-Oeste y además puede despachar buques tanque por Ormuz sin percances. Ahora bien, el precio del crudo Brent permanece en torno a los 100 dólares. No regresó a los 80/85 dólares de agosto. Y la escasez de productos refinados se agrava.
P.: Es como si la guerra hubiera tenido un giro favorable; pero la crisis de la energía, no.
G.G.: Es que hay que reponer inventarios, también. China redujo sus importaciones, pero volvió a incrementarlas. Mientras la guerra permanezca en vigencia, uno piensa que el proceso de normalización será lento, con recaídas y sin un alivio potente a mano.
P.: Si es así, la Fed no podrá contar con esa válvula de escape, tampoco. No podrá dejar de endurecer su política.
G.G.: Si no operan cambios sustanciales, puede volver al umbral de fed funds vigente en septiembre de 2025 y que se recortó 75 puntos base por los indicios de una debilidad en el mercado de trabajo que ya se revirtió. La economía acelera en condiciones de pleno empleo. La inflación no se acelera, pero persiste por encima de la meta. Entiendo que sería lo prudente.
P.: ¿Aun así, no ve urgencias? ¿Por qué?
G.G.: Las expectativas de inflación no se dañaron. La tasa nominal a cinco años de los bonos del Tesoro trepó 129 puntos base el último año. Y la tasa real a cinco años de los TIPS (que son los bonos del Tesoro que ajustan por inflación) aumentó 134. Si repite la comparación a diez años, los incrementos son iguales: 111 versus 110 puntos base. A 30 años, 89 versus 85.
P.: Toda la suba de tasas es una suba de tasas reales. La inflación escaló. La preocupación por la inflación existe a nivel de los consumidores, pero no permeó la confianza del mercado de bonos.
G.G.: Por eso mismo, la Bolsa está donde está a pesar del fuerte avance de las tasas largas. Ya lo hemos dicho. Es la bonanza de la economía, no una crisis de la deuda, lo que explica este movimiento tectónico. La IA es el motor de una expansión formidable. Por eso la brecha entre el Nasdaq y el Russell 2000. La tecnología lidera y lo que no es tecnología, y debe afrontar las mayores tasas, recula y cruje. Está claro que si algo se rompe, ahí sí podemos gestar una crisis y un nuevo guión en paralelo. En principio, a modo de historia secundaria. Pero cuando cae una ficha, nunca se sabe hasta dónde puede llegar el dominó. Por eso importa que los mercados se den un respiro. Por eso entiendo que la Fed reconectó la forward guidance e inyectó calma.
P.: ¿Cree que volveremos a los récords o a las andadas?
G.G.: Por el posicionamiento extremo, tenemos más chances hoy de romper hacia arriba que hacia abajo. Sobre todo, si las subastas de bonos del Tesoro de diez y 30 años salen bien. Son reaperturas. A estos rindes, con una Fed independiente, los bonos son un “hedge” atractivo nuevamente, máxime para aquellos a los que no les dan las cuentas del boom de la IA. Y lo que viene después son los balances corporativos que prometen el tercer trimestre consecutivo de crecimiento interanual de la rentabilidad por encima de 25%. Y si nada se rompió, no se va a romper esa promesa.

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