El 1,7% del IPC de agosto fue celebrado por el Gobierno de Javier Milei, ya que se trata del nivel más bajo en 14 meses, aunque todavía está lejos de las estimaciones del propio Presidente, quien afirmaba que, justamente para este mes, la inflación iba a comenzar con “cero coma algo”.
Lo cierto es que todavía queda un largo trecho, sobre todo si se mira la inflación núcleo, que fue del 1,8%, por encima del índice general. Hay una tendencia de fondo persistente.
Eso complica, entre otras cosas, los planes del Gobierno para reducir el gasto público en 2026. Esto se debe a que aproximadamente el 45% del gasto primario está indexado por la inflación pasada.
Dicho de otro modo, mientras que hacia adelante los precios desaceleran, la tendencia de las erogaciones atadas al IPC es al alza en términos reales. Es un serio problema para el ministro de Economía, Luis Caputo, quien está obligado a ajustar partidas “tocables”, como las transferencias a las provincias, aunque el margen es cada vez más chico.
Suben las jubilaciones
El dato del IPC de agosto determinó el nuevo nivel de las jubilaciones a partir de octubre, debido a la fórmula de ajuste que introdujo el Gobierno en febrero de 2024.
El mes próximo, la jubilación mínima pasará a ser de $435.919,96 y, con el bono de $70.000, sumará un total de $505.919,96. Por otro lado, la jubilación máxima subirá hasta los $2.933.328,56.
El incremento del gasto en jubilaciones está matizado por el bono de $70.000, que se mantiene congelado desde marzo de 2024, lo que le ha permitido al Gobierno diluir una parte importante del gasto previsional.
Uno de los dos gastos que sube
Según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en los primeros ocho meses solo dos de los ocho tipos de gasto habrían registrado incrementos en términos reales interanuales: otras transferencias al sector privado, donde se contabilizan los subsidios económicos, con un aumento del 31,48%; y jubilaciones y pensiones, con una suba del 0,84%.
Por otro lado, los gastos con mayores descensos habrían sido las transferencias a provincias y municipios, con una caída del 63,74%, seguidas por los servicios no personales, con una disminución del 14,49%, y las transferencias a universidades nacionales, que habrían caído un 12,81%.
Solo en agosto, el gasto en prestaciones de la seguridad social cayó un 10% en términos reales, lo que se debería a un ajuste del gasto en la AUH.
Se pierde la licuadora
En ese sentido, el “efecto licuadora” sobre el gasto público total, que se hizo sentir con más fuerza al inicio de la gestión, se va perdiendo a medida que cae el ritmo de aumento de los precios.
Según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), la caída real de las jubilaciones y pensiones explicó aproximadamente el 35% de la reducción total del gasto primario durante el primer semestre de 2024. Al sumar otros componentes del gasto social que no contaban con una actualización automática directa, el aporte de la pérdida de poder adquisitivo del sector previsional y social representó entre el 30% y el 40% del ajuste primario acumulado durante ese año.
El gasto indexado complica el Presupuesto
En ese sentido, Lucas Bernabá, economista de la Fundación Libertad, sostuvo que “de cara a los próximos meses, aunque el superávit fiscal y el control de los agregados monetarios siguen siendo los fundamentos centrales de la estabilidad, aparece un desafío adicional: la indexación”.
“Las jubilaciones se actualizan con el IPC de dos meses atrás, el techo de la banda del dólar también incorpora la inflación pasada con rezago y parte de los precios regulados continúa ajustándose sobre parámetros retrospectivos”, señaló.
El profesional explicó que “a medida que la inflación baja, estos mecanismos ganan peso relativo y pueden hacer más difícil perforar de manera sostenida el 1% mensual”. “El REM, de hecho, espera una inflación en torno al 1,5% hacia fin de año”, indicó.


COMENTARIOS