Es oficial: de manera previsible, la mora bancaria volvió a crecer de forma generalizada en mayo y alcanzó un nuevo máximo, al afectar al 7,7% del total de los créditos otorgados por las entidades al sector privado. Esto supone un alza de 0,4 puntos porcentuales respecto de abril y de 5,1 puntos en la comparación interanual.
Como viene sucediendo desde hace un año, el deterioro fue impulsado por un nuevo aumento en el nivel de impagos de los préstamos otorgados a las familias. De acuerdo con datos oficiales, la irregularidad en los hogares ascendió al 12,8% durante el quinto mes del año, el mayor nivel en más de 24 años.
El indicador aumentó 0,7 puntos porcentuales respecto de abril y acumula un incremento de 8,3 puntos frente a mayo del año pasado.
Pero el incumplimiento también volvió a crecer entre las empresas. El índice de irregularidad se ubicó en el 3,5%, 0,1 punto porcentual por encima del nivel de abril y 2,5 puntos por encima del registrado un año atrás.
Aunque el ritmo de deterioro de estos indicadores, cuya evolución resulta clave para que el crédito recupere un papel relevante en la economía, comenzó a moderarse, la cartera irregular de los bancos sigue mostrando un crecimiento real sostenido. Esto impacta especialmente sobre la capacidad de pago de los hogares, que en muchos casos se ven obligados a elegir qué obligaciones cumplir y, como consecuencia, enfrentan sobrecostos y penalidades por incumplir el pago de otros créditos.
Esto queda especialmente en evidencia al observar que los créditos personales siguen exhibiendo el mayor nivel de mora, con una tasa de 15,9% en mayo, lo que implica un aumento de 1,1 puntos porcentuales respecto de abril y de 10,4 puntos frente al mismo mes del año pasado.
Claro que este fenómeno, originado por el estancamiento de los ingresos en un contexto de aceleración inflacionaria y de tasas de interés que llegaron a niveles muy elevados mientras el Gobierno intentaba contener la dolarización preelectoral, también afecta a otras líneas de financiamiento. La irregularidad alcanza al 11% en las financiaciones con tarjetas de crédito, al 6,4% en los adelantos en cuenta corriente, al 5,8% en los préstamos con garantía prendaria, al 3,4% en el descuento de cheques y al 2,1% en los créditos hipotecarios, el nivel más alto desde marzo de 2022.
Para entender la magnitud del problema, basta observar que el propio Banco Central, en su último Informe de Estabilidad Financiera, reconoció que la carga mensual de los servicios de deuda de las familias representó en abril el 24,1% de la masa salarial formal, cuando apenas dos años atrás no alcanzaba al 9%.
La expectativa oficial es que la mora se haya estabilizado en junio y comience a descender muy lentamente en los próximos meses. Sin embargo, lo que no se menciona es que esa eventual mejora sería, en buena medida, meramente estadística, ya que la masa de crédito en pesos permanece estancada. Entre otras razones, porque alrededor de seis millones de personas quedaron excluidas de la posibilidad de solicitar nueva asistencia crediticia al registrar algún tipo de préstamo impago.
“La mora sigue avanzando, pero modera sobre todo en las familias. Veremos si los planes que están sacando los bancos públicos logran mitigar estos impactos en julio”, acota el economista Martin Onorato.
Por lo pronto, el BCRA destacó que, pese al avance constante de la mora, el sistema financiero local mantiene un amplio colchón de solvencia para absorber ese deterioro. “Las previsiones constituidas por las entidades cubrían en mayo el 86,3% de la cartera irregular y el 6,6% del total de créditos otorgados. Al considerar en conjunto la morosidad, el nivel de previsiones y el capital regulatorio, el crédito en situación irregular neto de previsiones representó apenas el 2,2% de la Responsabilidad Patrimonial Computable“, señaló la entidad al publicar hoy el Informe de Bancos.
En ese marco, la integración de capital del sistema alcanzó el 30,7% de los activos ponderados por riesgo, con un exceso de integración del 280,3% respecto de la exigencia normativa. Estos niveles de solvencia le otorgan a la banca un margen significativo para absorber el impacto del aumento de la mora sin comprometer su estabilidad.

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