La suba del dólar cortó el carry trade por primera vez desde las elecciones y reactivó la intervención oficial
El dólar comenzó a moverse y puso a prueba una de las apuestas más rentables del año: el carry trade. En junio, la suba del tipo de cambio oficial mayorista, que acumula un avance de 4,9% y cerró el viernes en $1477, dejó por primera vez desde las elecciones de la provincia de Buenos Aires de 2025 una pérdida mensual para quienes habían apostado a quedarse en pesos, por caso, con un plazo fijo.
El movimiento no derivó en venta de reservas; el Banco Central (BCRA) siguió comprando divisas, aunque a un ritmo menor que semanas atrás. Sí se notó de parte de la autoridad monetaria una mayor utilización de herramientas como los futuros y los bonos atados al tipo de cambio para moderar la presión sobre el billete verde, según coincidieron operadores y consultoras privadas.
Para el gobierno de Javier Milei, la cuestión excede el rendimiento de una estrategia financiera. La evolución del dólar es una de las variables más sensibles de la economía argentina porque condiciona las expectativas, impacta sobre los costos de importación y, si el movimiento es persistente o desordenado, puede trasladarse a la inflación.
Hasta ahora, sin embargo, el ajuste cambiario sigue siendo acotado en perspectiva: en todo 2026 el dólar oficial apenas avanza 1,4%, muy por debajo de la inflación acumulada hasta mayo, de 14,7%, y permanece prácticamente en el mismo nivel que hace un año. Además, según GMA Capital, el tipo de cambio todavía se ubica alrededor de 18% por debajo del techo de la banda cambiaria, por lo que el avance reciente puede leerse como una corrección dentro del esquema vigente, más que como una ruptura del régimen.
“El viento cambió en el mercado cambiario”, resumió Econviews en su informe semanal. Para la consultora, el dólar “subió casi 5% en junio y cortó con una estabilidad que había durado más de cinco meses”, en lo que definió como “el primer test real” que enfrenta el Gobierno desde que comenzó el programa de acumulación de reservas y adoptó una política monetaria más expansiva.
La consultora sostuvo que el equipo económico “intensificó la intervención en futuros y títulos dollar linked para contener la presión cambiaria”. Como efecto colateral, señaló, el mercado de pesos perdió liquidez y las tasas comenzaron a subir. “Todo indica que el Gobierno está dispuesto a sacrificar tasas bajas por estabilidad cambiaria”, concluyó.
GMA Capital destacó que el carry trade “evaporó dos meses de ganancias en dólares” y acumuló una pérdida de 2,5% en junio, la primera desde septiembre de 2025, cuando la volatilidad electoral se había acelerado tras la derrota de La Libertad Avanza frente al peronismo en los comicios de la provincia de Buenos Aires. En octubre, luego del respaldo financiero y político de Donald Trump, el oficialismo ganó las legislativas nacionales.
Al mismo tiempo, la consultora observó que el BCRA respondió “con moderación en el spot” —reduciendo el ritmo de compras de divisas— y con “mayor presencia en futuros y dollar linked para administrar la corrección sin desarmar el esquema”. En junio, las compras del Central promediaron US$64,9 millones diarios, muy por debajo de los US$139,5 millones de mayo. En la última semana, el promedio bajó incluso a US$48 millones por día.
GMA además señaló que el interés abierto en el mercado de dólar futuro aumentó en 378.466 contratos durante la semana. Solo el jueves, trepó en 108.393 contratos y se negociaron 3.042.838 contratos, un volumen 84% superior al de la rueda anterior y casi el doble del nivel habitual de las últimas jornadas.
La lectura, de todos modos, no es lineal: una parte importante respondió al vencimiento (del bono dollar linked TZV26 y al desarme de posiciones que estaban armadas alrededor de ese bono. Aun así, para la consultora, el aumento del interés abierto y el elevado volumen operado en instrumentos de cobertura son consistentes con una mayor presencia oficial.
El punto de partida le daba margen al Banco Central. Según datos citados por la consultora 1816, la posición neta vendida del BCRA en futuros se había reducido desde el equivalente a US$2127 millones a fines de abril a apenas US$193 millones a fines de mayo. Eso dejaba un margen de intervención de US$8807 millones dentro de los límites vigentes.
“El desafío pasa por administrar una sintonía cada vez más fina entre tasas, tipo de cambio y reservas”, señaló GMA Capital, en un contexto de menor ingreso estacional de dólares del agro y una demanda de cobertura que volvió a ganar protagonismo.
En la misma línea, 1816 sostuvo que el Gobierno “no dejó de hacer esfuerzos por amortiguar el movimiento” del tipo de cambio mediante ventas de bonos dollar linked y una reducción del ritmo de compras de divisas en el mercado oficial, aunque manteniendo la señal de terminar cada rueda con saldo comprador. La consultora agregó que una de las consecuencias del movimiento cambiario fue que “dejaron de crecer los préstamos bancarios en dólares”, un mecanismo que venía alimentando la oferta de divisas.
El contexto internacional también dejó de jugar a favor en términos de ingreso de dólares, ante la tregua en Medio Oriente y la corrección de precios de las materias primas. Desde mediados de mayo, según 1816, el petróleo cayó 28,4%, la soja retrocedió 8%, el índice global del dólar subió 3,4% y el real brasileño perdió 6,2% frente a la moneda estadounidense. Para la consultora, fue con ese “viento de frente” que el dólar oficial pasó de la zona de $1400 a la de $1480.
La consultora One618 coincidió en que la depreciación del peso respondió a una combinación de factores locales y externos. Del lado doméstico, estimó que la mayor volatilidad cambiaria demoró ventas del complejo agroexportador mientras la demanda minorista de dólares permaneció elevada. Del lado externo, mencionó el fortalecimiento global del dólar y la caída de los precios de los granos y de la energía. Aun así, sostuvo que el BCRA “permanece en control de un mercado cambiario bien anclado” y que continuará utilizando herramientas con ese objetivo.
Quantum Finanzas consignó que la liquidación de divisas viene más lenta que en campañas anteriores pese a una cosecha de mayor volumen y valor. Según la consultora, la producción de trigo, maíz y soja llegaría a 149 millones de toneladas, frente a 119 millones de la campaña anterior, y el valor total rondaría los US$40.000 millones, casi US$7000 millones más que el ciclo previo. Sin embargo, en mayo se liquidaron US$2677 millones del complejo cerealero, por debajo de los US$3054 millones del mismo mes de 2025 y del promedio de US$3531 millones de mayo entre 2020 y 2025. En el acumulado del año, las liquidaciones sumaron US$10.300 millones, contra US$11.700 millones en igual período del año pasado.
Entre las explicaciones, Quantum mencionó factores logísticos y climáticos, problemas de humedad en la soja y una mayor disponibilidad de financiamiento para productores, que podría haber reducido la necesidad de vender granos rápidamente. De confirmarse ese diagnóstico, parte de la oferta de divisas podría trasladarse hacia los próximos meses. Pero el segundo semestre ya no tendrá el mismo colchón estacional que tuvo la primera mitad del año.

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