La tragedia interminable de un país que aprendió a salvarse solo tras años de chavismo


CÚCUTA, Colombia.– “Venezuela es tan bendecida que todo nos lo manda doble, un terremoto tras otro”, ironizó desde Carabobo la madre de un preso político con la calma que generan mil batallas perdidas.

La mujer salvó la vida mientras espera la libertad de su ser querido y con la esperanza de que el desembarco de rescatistas y ayuda internacional, en especial la que manda Washington, libere a los atrapados entre las toneladas de escombros porque el gobierno, desarbolado por la tragedia, ya ha demostrado que no tiene capacidad de respuesta.

Cuando la rutina es el desaliento, cuando los dramas se suceden unos tras otros, la resistencia se convierte en la única salida. Los venezolanos disfrutaron durante décadas de las riquezas de su tierra bendecida con las mayores reservas de petróleo del planeta, con toneladas de oro, con gas suficiente para vender toda la vida.

Voluntarios locales se toman un respiro en medio de los trabajos de rescate en La GuairaFEDERICO PARRA – AFP

El venezolano es un pueblo que jamás había emigrado porque no hacía falta. Tan inexperto, que durante los primeros años de la diáspora las videollamadas desde el extranjero acababan en un mar de lágrimas, nada que ver con el mar de felicidad que Hugo Chávez había prometido.

Mientras sigue llorando, el pueblo protagoniza otro terremoto cargado de humanidad y solidaridad. Pese a las constantes réplicas, que ya superan las 400, pese a la ineficacia del Estado y a la desesperación de los saqueadores, se han lanzado a la calle a ayudar: la tragedia surrealista del chavismo les ha enseñado que estas desgracias sólo se pueden superar entre todos.

En las calles de Catia La Mar o Caraballeda, junto a algunos edificios colapsados en los alrededores de los hospitales permanecen cadáveres, tapados por sábanas o cartones, alineados en desorden, atrapados por la muerte. Los dos terremotos consecutivos del día de San Juan les arrebató la vida en lo que ya constituye una de las mayores catástrofes naturales del continente. Hasta el momento, el gobierno de Delcy Rodríguez sólo reconoce 1430 víctimas mortales y 3238 heridos.

Un militar venezolano con el fondo de un bulldozer removiendo los escombros en La GuairaFEDERICO PARRA – AFP

Son las mismas calles que ya fueron destruidas en 1999 por la avalancha de barro y rocas enormes que cayeron desde la cumbre del Ávila. En la misma sociedad que soporta un terremoto de baja intensidad desde la llegada al poder de Hugo Chávez ese mismo año. En el mismo país que asistió asombrado a la operación militar estadounidense que capturó al dictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.

Ese día nadie se atrevió a celebrar más allá de su propio hogar, había que contenerse horas o días para la gran celebración. Pero esta tampoco ha llegado, porque los herederos de Maduro tomaron el poder con el apoyo de Washington. Los observadores más optimistas adelantaron entonces que el gobierno del chavismo trumpista marcaría el paso, en una especie de año bisagra, hasta las elecciones que se avizoran a finales de 2027. Otro error: la fuerza de la naturaleza los contradijo.

El error fatal de votar a Chávez

“Venezuela no está maldita, pero los venezolanos cometimos un fatal error al elegir a Chávez, porque le abrimos la puerta al peor de los males: la avariciosa envidia del resentido”, dijo a LA NACION el escritor Juan Carlos Chirinos, autor de Los cielos de Curumo, convencido de que los venezolanos han demostrado otra vez “una de las características más hermosas que, me atrevería a decir, define gran parte de nuestra idiosincrasia: somos insensibles al desaliento”.

Rescatistas, bomberos y voluntarios buscan víctimas de los dos terremotos en La GuairaFEDERICO PARRA – AFP

En la Valencia mediterránea atribuyen al poeta Antonio Machado la famosa frase de “sólo el pueblo salva el pueblo”, transformada en un eslogan de resiliencia tras la riada de 2024. En Venezuela ya juegan con mensajes parecidos, como “donde falta gobierno, sobra pueblo”, que describe a la perfección que el venezolano está dispuesto a pasar por encima a las autoridades revolucionarias para salvar a sus hermanos.

“La tragedia en La Guaira ocurre en medio de un país que ya tenía colapsado sus servicios públicos y donde la autoridad es vista con desconfianza. En medio del dolor, cada día que pasa trae una cuenta mayor en el inventario de reproches: ¿Dónde están las Fuerzas Armadas tan dispuestas al chauvinismo en medios y tan cobarde en el terreno? ¿Por qué la lentitud en la respuesta? ¿No fue un acto de miseria mantener el bloqueo del Estado sobre redes sociales y medios digitales después de la conmoción? ¿Se puede aceptar que los funcionarios de Defensa Civil y Bomberos trabajen, literalmente, sólo con sus manos? ¿Dónde está la maquinaria pesada del Estado? ¿Es posible hacer frente a este desastre con una red debilitada de ONG por la persecución? ¿Es posible que se intente secuestrar, con fines políticos, los recursos que está movilizando la sociedad civil?”, interrogó sin respuestas el sociólogo Gianni Finco, quien percibe cómo el rencor crece con el paso de las horas.

La presidenta Delcy Rodríguez visita una zona de edificios derrumbados en Los Palos Grandes, en el municipio de Chacao[e]STR – XinHua

La descomunal desconfianza en la revolución y el sentimiento de hermandad exacerbado por las desgracias ha empujado distintas iniciativas de la sociedad civil. Una de ellas es la plataforma de búsqueda de personas no localizadas, que ya suma 68.000 reportes. Las redes se han llenado de fotos familiares, de recuerdos, de imágenes de seres queridos a los que buscan con desesperación, pero con esperanza. De los reportados ya se han localizado 13.000, por lo que se mantienen sin contactar más de 55.000, a sabiendas que una buena parte son desaparecidos.

“Llevamos casi 30 años resistiendo al cataclismo prolongado de la corrupción chavista. Con mucha más razón, abandonados por el Estado, los ciudadanos le están haciendo frente como pueden a las consecuencias de los dos terremotos, por encima de lo único que sabe hacer el gobierno: estorbar. Yo me siento orgulloso de mis compatriotas en la misma medida en que siento profundo desprecio por esa rémora de ineficiencia y corrupción que, por ahora, encabezan los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello. Ellos, como todos los malvados, creen que están a salvo del largo brazo de la Justicia. Pero saldremos reforzados de estas desgracias como siempre lo hemos sabido hacer. Y esta vez, son muchas lecciones que debemos aprender y jamás olvidar”, añadió Chirinos a este diario.

Rescatistas y voluntarios buscan sobrevivientes entre las ruinas en La Guaira MARYORIN MENDEZ – AFP

“¡Nos tenemos! En medio de la tragedia ha surgido la naturaleza amable y solidaria del venezolano y tantos amigos extranjeros que no nos abandonan”, resumió la líder opositora, María Corina Machado, que al igual que el resto del país afronta nuevos retos que van más allá incluso que la fecha de su regreso a Venezuela.

El juego ha cambiado otra vez en el país petrolero y sus dirigentes lo saben. La gran catástrofe en el litoral caraqueño atraerá durante meses el foco mundial y nacional precisamente cuando Caracas y Washington ya compartían el objetivo de la recuperación económica por encima de la transición política.

“Venezuela está, tanto en lo humanitario como en lo político, ante una nueva coyuntura crítica. Es inevitable una lectura potencialmente política del evento, pues los efectos de la corrupción y la degradación de la capacidad institucional también cobran víctimas. Los eventos catastróficos como sismos o huracanes pueden, si los gobernantes logran hacerlo mínimamente bien, o venderlo como tal, fortalecer a una dictadura. Aunque también pueden mostrar, como en México 1985 y La Guaira 1999, las fallas de los sistemas basados en el control de la información y la mediocridad enraizada”, dijo el historiador Armando Chaguaceda a este medio.




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