ROMA.- Dejando atrás el C9, el consejo de cardenales que había puesto en marcha su predecesor, el papa León XIV abrió este viernes el segundo consistorio extraordinario de su pontificado -una reunión para escuchar a más de 170 cardenales de todo el mundo y para hacerlos participar en el gobierno de la Iglesia católica-, con un llamado.
“Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos (…). Les pido que me acompañen no sólo en estos días de trabajo, sino también en el servicio cotidiano a la comunión de la Iglesia universal. Ayúdenme a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio, pero también a no ignorar las fatigas, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino”, pidió, en su discurso de apertura, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.
Allí se destacaba la misma coreografía inaugurada por Francisco en el sínodo sobre sinodalidad -caminar juntos-, con mesas redondas para que los purpurados trabajen en grupos.
“Necesito su libertad, su franqueza y su lealtad. Un consejo sincero es siempre un acto de comunión”, insisitó León, que también defendió la sinodalidad, la gran apuesta de su predecesor y uno de los frutos del Concilio Vaticano II (1962-65), evento eclesial que abrió la Iglesia católica a la modernidad.
Antes, en el sermón que pronunció en la misa que concelebró por la mañana junto a los cardenales en la Basílica de San Pedro, en vísperas de una sesión en la que tuvieron protagonismo cardenales provenientes de zonas marcadas por terribles conflictos, el Papa volvió a clamar por “el don de la paz en la unidad”.
“La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como bestias, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas”, advirtió.
“La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales. No se trata sólo de un dato biológico, sino que es un principio ético. La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana, una magnifica humanitas que halla en Cristo a su único jefe y redentor”, añadió.
Por otro lado, al destacar que “al trabajar juntos, nuestra colegialidad resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados, en la unidad del pueblo de Dios”, y que “la sinodalidad y la colegialidad son, en efecto, formas de la fraternidad cristiana que nos une como bautizados y como obispos”, como hizo al comenzar su pontificado, el Papa reiteró que no quiere ser un llanero solitario al frente de la barca de Pedro.
“La ayuda que puedan prestarme en el ejercicio del ministerio petrino encuentra en mí a quien pide, no a quien manda”, dijo. “La autoridad del primado, de hecho, es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y sólo por eso enseña, siempre siguiendo al único Maestro”, sumó.
En este consistorio extraordinario, que culminará el lunes con una misa solemne en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia y de Roma, los cardenales reflexionarán sobre cuatro argumentos en cuatro sesiones. En primer lugar, sobre la realidad del mundo actual, convulsionada por guerra e injusticias, donde la Iglesia está llamada anunciar el Evangelio; en segundo, sobre la cultura del poder en contraste con la civilización del amor, temas de su reciente encíclica, Magnífica Humanitas; en tercer lugar, sobre este texto, que aparece como su documento programático y la importancia del bien común; en cuarto lugar, sobre el camino de aplicación del sínodo.
La reunión de cardenales se da en medio de gran hermetismo. Según informó el Vaticano, se les pidió reserva y que no concedieran entrevistas a los medios “a fin de mantener un clima de diálogo fraterno”.
En su discurso de apertura León explicó que la unidad de las cuatro sesiones se encuentra en la perspectiva misionera que dejó en claro en su primer consistorio extraordinario, en enero pasado. “No estamos aquí ante todo para reflexionar sobre la vida interna de la Iglesia”, advirtió. Aludió, así, al hecho de que los cardenales más conservadores querrían discutir sobre la cuestión de la liturgia y el uso de la misa en latín -limitado por Francisco, justo en vísperas de que el 1 de julio próximo los lefebvrianos, un grupo tradicionalista, en desafío al Papa consagrarán a cuatro nuevos obispos, provocando un nuevo cisma y su excomunión.
“Todos los temas que afrontaremos —la mirada sobre el mundo, la paz, el bien común, la sinodalidad— convergen en una única pregunta: ¿cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a anunciar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad?“, explicó Robert Prevost. ”La misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de existir y, precisamente por eso, se convierte también en el criterio que orienta nuestro discernimiento”, subrayó.
Entre los 178 purpurados presentes -mayores y menores de 80 años-, lo escuchaban cinco cardenales argentinos: Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio; Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de la curia romana; y Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba, Vicente Bokalic, arzobispo de Santiago del Estero y Mario Poli, arzobispo emérito de Buenos Aires.
El cardenal Fernández, exmano derecha de Francisco y considerado del ala progresista, tuvo un rol no menor, al abrir la sesión de la tarde sobre “la cultura del poder y la civilización del amor”.
Al igual que en el consistorio de enero, los participantes se dividieron en dos grupos: uno compuesto por ocho grupos de cardenales electores ordinarios (incluidos los nuncios y los cardenales electores que han concluido su servicio como ordinarios) y otro formado por 10 grupos de cardenales electores de la curia Romana y cardenales no electores, adelantó el Vaticano.
El trabajo en grupo se desarrolla siguiendo una metodología de tres fases -con intervenciones personales de 3 minutos, otra de 2 minutos y un informe-, dejando un breve periodo de silencio entre cada una de ellas.
León XIV es consciente de que entre los cardenales más conservadores aún hay reticencias a este método, idéntico al del sínodo impulsado por Francisco: “sé bien que, para muchos de nosotros, no es el modo habitual de desarrollar un consistorio”, admitió, en la apertura. “Y, sin embargo, también esto forma parte del camino por el que el Señor nos está conduciendo. Naturalmente, quedará espacio también para las intervenciones personales y, como siempre, cada uno podrá hacerme llegar libremente observaciones o reflexiones reservadas”, dijo.
“Pero les pido que entren con confianza en este ejercicio eclesial. También nosotros aprendemos la sinodalidad practicándola; aprendemos juntos a crecer en la comunión. Les agradezco desde ahora su disponibilidad, su libertad interior y su amor a la Iglesia”, concluyó.

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