Las represas de Santa Cruz: el Gobierno prometió reactivarlas en marzo, pero los trabajos todavía no arrancaron
Casi cuatro meses después del anuncio de reactivación de las represas de Santa Cruz, la realidad en el terreno es más modesta: los trabajos siguen sin arrancar y la obra de mayor envergadura, la represa Néstor Kirchner —antes conocida como Cóndor Cliff—, ni siquiera está en el horizonte inmediato. Lo que sí avanzó fue la burocracia: un cambio de comitente, la conformación de comisiones y el análisis de documentación en oficinas porteñas.
El 5 de marzo pasado, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció en la red social X el reinicio de las obras del complejo hidroeléctrico —dos represas sobre el río Santa Cruz que, una vez terminadas, aportarían el 4,5% de la oferta eléctrica nacional— con “un cronograma verificable”. La verificación, por ahora, muestra poco movimiento.
El traspaso de Enarsa a la Secretaría de Obras Públicas como organismo a cargo del proyecto generó un proceso de revisión integral que lleva meses y que todavía no terminó. Nuevos equipos deben relevar el proyecto ejecutivo completo, resolver cuestiones administrativas sobre la liberación de trazas, definir las líneas de alta tensión necesarias y poner en condiciones la infraestructura de vivienda para los obreros. A eso se suma el invierno patagónico, que no impide los trabajos, pero tampoco es el momento óptimo para reactivar una obra de esa escala.
“La obra se está desarrollando en los escritorios de la Secretaría, en Buenos Aires, no en Santa Cruz”, reconocieron fuentes al tanto del proceso. En el lugar, por ahora, solo trabajan los equipos de mantenimiento mínimo y seguridad que nunca se retiraron del sitio.
En enero pasado ingresaron US$150 millones de un consorcio de bancos chinos, después de varios pedidos de waivers (perdones) por parte del Gobierno y por presión del gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, el principal impulsor de que se reactiven las obras. Con ese pago, el monto total transferido asciende a unos US$2000 millones, sobre un financiamiento comprometido inicialmente de US$4714 millones.
Horacio Cordoba
Ese dinero está en las arcas del Estado y se irá utilizando cuando comiencen los trabajos de campo. En los próximos meses no se espera un desarrollo de obra significativo: la prioridad es poner en marcha la infraestructura de base.
Los mandos medios y el equipo de gerenciamiento de la UTE contratista —integrada en un 54% por la firma china Gezhouba, en un 36% por Eling Energía (ex Electroingeniería) y en un 10% por la mendocina Hidrocuyo— se están recomponiendo; hay posiciones que se buscan a través de LinkedIn.
Para avanzar con los nuevos desembolsos, además, aún debe firmarse la adenda XII del contrato, que debe ser rubricada por representantes de Enarsa y de la UTE contratista.
El largo camino hasta la luz
Las represas de Santa Cruz tienen un historial que excede al actual gobierno. El acuerdo de financiamiento original se firmó en 2014, durante la presidencia de Cristina Kirchner, y los trabajos arrancaron en 2016.
Pero desde entonces, según explicó la Secretaría de Energía, la ejecución quedó atravesada por “incumplimientos contractuales, falta de actualizaciones de precios frente al aumento de costos y una acumulación de reclamos que derivaron en la ralentización y posterior virtual detención del proyecto”.
Desde 2016 no se habían efectuado redeterminaciones de precio. Como consecuencia, la contratista acumuló reclamos por más de US$700 millones y entre ambas obras solo se ejecutaron aproximadamente US$1800 millones. Para completar el complejo, se estiman otros US$5000 millones de inversión.
La represa Jorge Cepernic —la de menor porte, antes llamada La Barrancosa— registra un avance del 46% y es la que el Gobierno prioriza. Una vez terminada, aportaría 1860 GWh al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y 360 MW de potencia instalada. La fecha de finalización que maneja el Gobierno es 2030. La otra obra del complejo, la represa Néstor Kirchner, tiene apenas un 20% de avance y su futuro es, por ahora, incierto.
Los tiempos actuales no son ilógicos dado el cambio de comitente, admiten fuentes cercanas al proceso, pero sí son distintos a los que el anuncio de Caputo sugería. La reactivación real, la que se ve en cemento y maquinaria, llegará después del invierno. Mientras tanto, la obra más costosa de la historia reciente del sector energético argentino sigue siendo, ante todo, un expediente.
LA NACION consultó al Ministerio de Economía sobre el estado de la obra, pero al momento de publicar esta nota no obtuvo respuesta.

COMENTARIOS