Una desaforada “estrategia discriminante” | Perfil

La denominada estrategia discriminante de primer grado, también conocida como discriminación perfecta de precios, es el marco teórico de una táctica de marketing y fijación de precios, por la cual los vendedores cobran a cada cliente el precio máximo que está dispuesto a pagar por un producto o servicio.

Esta es una estrategia que históricamente ha caracterizado a las industrias farmacéuticas, que han venido aplicando (en todo lugar que se lo ha facilitado) los mayores precios posibles, según las características propias de cada país o región.

El problema central es que los mercados de servicios y productos para la salud, registran ciertas características particulares que facilitan estas acciones. Existe una expresión maximizada de todos los “sesgos cognitivos” conocidos, una “opacidad natural” generada por la asimetría de la información, a la que se agregan muy oportunistas “opacidades inducidas” (con ocultamiento de información relevante, difusión de información sesgada y pagos impropios a múltiples actores involucrados).

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De ese modo se logra contrariar la hipótesis de mercados «informacionalmente eficientes» (Eugene Fama 1970), la que debiera prevalecer cuando los precios logran incorporar la información de forma rápida y completa (en caso de que ésta circule libremente en un marco de competencia).

Bajo estas circunstancias, los precios se ajustarán instantáneamente ante nuevos datos, haciendo imposible obtener en el largo plazo rendimientos muy superiores a la media.

En términos menos técnicos, esto permite aplicar precios según la cara del cliente o en algunos casos, su capacidad de endeudamiento y/o desesperación»

Los actores importantes lo saben y por eso imponen la prevalencia de información asimétrica (Stiglitz, Akerlof y Spence), generando así profundas ineficiencias en estos mercados específicos. En términos menos técnicos, se podría decir que esto permite aplicar precios según la cara del cliente o en algunos casos, su capacidad de endeudamiento y/o desesperación por acceder a un determinado medicamento. (Ayudados localmente por fallos incapacitados de acceder a información relevante).

En este sector, nuestros costos transacciónales son el fiel reflejo de una total necedad anti-sistémica (no adherir a sistemas eficientes), con profesionales mal pagos, complejidades naturales y un entorno plagado de oportunismos que impiden que los precios reflejen con precisión, los costos y beneficios reales de estos bienes y servicios tan necesarios.

Datos desaforados

En nuestra investigación y publicaciones hemos evaluado algunas mini canastas de principios activos, denunciando falsedad de proclamas en lo referente a la real evolución de precios (tortura de datos a lo Coase), junto con comparaciones de las enormes distorsiones (entre 141 % y 458%) respecto a precios de otros países.

Frente a estas “conocidas y estudiadas malas noticias” una muy buena nueva: un enorme esfuerzo de la investigadora Dra. Micaela Kulesz (Farmacopea**) quien ha desarrollado un comparador internacional de precios de medicamentos: Argentina contra Brasil, España, Francia, EE.UU. y Australia en un dashboard cruzado, con casos editoriales que se extienden a otros países.

Este trabajo pone a disposición muy valiosa información y nos permite visualizar integralmente, el alcance real de los escandalosos oportunismos. Esperamos que ese inmenso esfuerzo pueda sostenerse y continuar a través del tiempo.

Algunos datos seleccionados:

• El laboratorio Sanofi vende insulina glargina (insulina de acción lenta) a US$ 44 en España. Igual presentación del mismo laboratorio en Argentina se vende a US$ 354. Nada más que un 702% de diferencia.

Recordemos que Banting y su equipo vendieron la patente de la insulina a la Universidad de Toronto en 1922 por la “sideral suma de un dólar”. El argumento de los descubridores fue que debía pertenecer a la humanidad. En España se regula el precio y subsidia el copago crónico. Sanofi acepta ese precio, pero en la Argentina mentalmente subdesarrollada se mira para otro lado.

• Pareciera que el récord de los galardones… lo obtiene el laboratorio Novartis con el Glivec (imatinib) de 400 mg, un medicamento oncológico oral (inhibidor de la tirosina quinasa) fabricado en Suiza y cuya patente expiró en el 2016. En Australia se vende al precio de US$ 136 pero en nuestra querida patria, nada menos que US$ 6.120, un módico 4.500% de diferencia (45 veces).

• El Revlimid de Bristol Myers Squibb (BMS) se vende en Australia en US$ 580 pero en la rica Argentina a US$ 20.501 por ciclo de mieloma múltiple. Diferencia nada más que 3535 % (35 veces).

• En esta tendencia, la “orgullosa” industria nacional no podía ser menos: el Bevax /Alymsys medicamento oncológico biosimilar de producción argentina de Laboratorios Elea (anticuerpo monoclonal bevacizumab), se vende en farmacias argentinas a US$ 1.186 mientras que en Francia una empresa del mismo grupo lo vende a solo US$ 82. Diferencia por “peloduros” nada más que 1446 % (14,46 veces).

Las conclusiones son evidentes, pero sepan los lectores perdonar nuestras múltiples adjetivaciones, con los datos emergentes queda claro que esto supera cualquier evaluación estrictamente técnica a la que siempre intentamos cernirnos.

*(https://bibliotecadigital.econ.uba.ar/download/tesis/1501-1178_MorgensternMA.pdf)
** farma.kavnes.com

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