Japón sale a defender el yen y sacude al carry trade global


El yen, la moneda clave del “carry trade” mundial, usada durante años como divisa de financiación, ha ingresado en una zona turbulenta para los deseos oficiales japoneses.

En los últimos días se ha fortalecido con fuerza tras nuevas advertencias de intervención por parte de las autoridades monetarias japonesas, así el dólar llegó a superar los 160 yenes, presionado por el petróleo encarecido y la falta de urgencia del Banco de Japón (BoJ) para subir las tasas de interés. Por ello el mercado empieza a valorar la posibilidad de una intervención coordinada para frenar la debilidad de la divisa japonesa.

Según comentaron los principales operadores del mercado mundial de monedas, días atrás Japón comenzó su campaña de intervención de 2026 actuando sobre la paridad dólar/yen cuando el cruce superaba el nivel de 160 yenes por dólar. Para los expertos esta movida marca el inicio de una estrategia más amplia por parte de las autoridades japonesas para mantener al dólar/yen por debajo de ese umbral a lo largo del año, en un contexto de debilidad estructural de la divisa nipona. Los analistas del banco holandés ING consideran que lo visto días atrás recuerda a lo ocurrido en 2024, cuando el BoJ intervino a finales de abril con ventas de divisas que llevaron temporalmente al cruce hasta la zona de 152 yenes, aunque el efecto fue limitado en el tiempo.

Si bien este tipo de maniobras no son oficializadas, precisamente para no revelar las preferencias del BoJ, varios operadores le confirmaron a la agencia Reuters que Japón intervino para apuntalar el yen frente al dólar, en lo que constituye su primera acción oficial en el mercado de divisas en casi dos años. Dicha intervención provocó una importante reacción en el mercado, con una apreciación del yen de hasta el 3%. El dólar llegó a caer hasta los 155,5 yenes, su nivel más bajo desde el 2 de marzo pasado, y luego se ubicó en torno a los 156,3 yenes, con un descenso cercano al 2,5%, en lo que sería su mayor caída diaria desde diciembre de 2022. Cabe recordar que en la previa el dólar había alcanzado los 160,72 yenes, su nivel más alto desde julio de 2024, lo que habría intensificado la presión sobre las autoridades japonesas para actuar.

Lo que ocurre es que antes que el BoJ interviniera, los inversores y especuladores mantenían la mayor posición corta en yenes en casi dos años, apostando contra la moneda frente al euro, el franco suizo, la libra esterlina y el dólar australiano, ante la percepción de que ni subas de tasas ni amenazas de intervención serían suficientes para sostenerla. Vale señalar que previamente la ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, había advertido que se acercaba el momento de adoptar «medidas decisivas», en la señal más clara hasta la fecha de una posible intervención.

Para los analistas la suba de los precios de la energía y las tensiones en Medio Oriente elevaron la presión sobre Japón, al incrementar el impacto inflacionario y el costo para empresas y hogares, lo que habría reforzado la necesidad de actuar. De todos modos, desde ING consideran que, sin una acción coordinada con Estados Unidos, el impacto de la intervención podría ser limitado y dar solo un respiro temporal al yen, con una posible reaparición de la demanda de dólares en niveles cercanos a 155 yenes.

Así y todo, el mercado está ahora más atento a nuevas intervenciones en los próximos días, en un entorno de menor liquidez por días festivos y la elevada sensibilidad a los movimientos de las divisas.

¿Por qué ocurre todo esto?

Después que las autoridades niponas intensificaran los mensajes en apoyo de la divisa japonesa, el yen registró una fuerte apreciación luego que el cruce tocara los 160,70 yenes por dólar. ¿Cómo se explica la presión sobre el yen?, por varios factores: por un lado, el fuerte repunte del petróleo perjudica especialmente a Japón, una economía muy dependiente de las importaciones energéticas; pero por otro, el BoJ no ha mostrado una urgencia clara por subir las tasas de interés, lo que mantiene a la divisa como una moneda atractiva para financiar operaciones de “carry trade”.

No hay que soslayar que durante años el yen ha sido utilizado como divisa de financiación: los inversores piden prestado en yenes, donde el costo del dinero sigue siendo bajo, y colocan esos fondos en activos con mayor rentabilidad en otros mercados. Este tipo de estrategia, conocida como “carry trade”, funciona mientras la moneda financiadora no se aprecia de forma brusca. El problema para Japón es que esa dinámica ha contribuido a dejar al yen en niveles que muchos economistas consideran claramente subvaluados. Vale señalar que la debilidad de la divisa nipona encarece las importaciones, especialmente las energéticas, y agrava la presión sobre los consumidores y las empresas japonesas. Pero la caída del yen no es solo un problema financiero porque también aumenta el costo de importar petróleo y puede intensificar la presión inflacionaria interna en Japón.

Por eso la reacción del mercado se produjo después de que la ministra Satsuki Katayama afirmara que el momento de adoptar medidas contundentes para apoyar al yen “se está acercando”. El mensaje fue interpretado como una advertencia directa a los operadores que siguen apostando contra la moneda japonesa. Luego, el principal responsable de divisas del país, Atsushi Mimura, reforzó el mensaje al señalar que estaba lanzando una advertencia final antes de actuar. También indicó que mantiene contacto estrecho con su homólogo estadounidense en relación con el acuerdo cambiario alcanzado el año pasado. Esta referencia es importante para los operadores porque sugiere que podría existir margen para una intervención coordinada o, al menos, para una actuación con conocimiento de EEUU.

Ahora bien, el fortalecimiento repentino del yen muestra que el mercado empieza a tomarse en serio el riesgo de intervención ya que cuando una divisa se utiliza de forma masiva para financiar operaciones apalancadas, cualquier giro brusco puede obligar a cerrar posiciones rápidamente, amplificando el movimiento. Entonces, si las autoridades japonesas intervienen, el impacto puede ser especialmente fuerte en el corto plazo, dado que los inversores que han vendido yenes para comprar activos de mayor rentabilidad podrían verse obligados a recomprar la moneda, generando un movimiento de apreciación adicional.

Para los operadores el mensaje para el mercado es claro: seguir vendiendo yenes por encima de la zona de 160 frente al dólar empieza a tener un riesgo político y operativo mucho mayor.

¿A qué hay que prestar atención?

A partir de ahora, la vigilancia estará en tres frentes: en primer lugar, si el cruce dólar/yen vuelve a acercarse o supera la zona de 160, un nivel psicológicamente muy sensible; en segundo término, si el BoJ da señales más claras de futuras subas de tasas; y tercero, si el Ministerio de Finanzas pasa de la intervención verbal a una intervención real en el mercado de divisas.

Claro que también será clave la evolución del petróleo ya que cuanto más suba el crudo, mayor será la presión sobre Japón para frenar la debilidad de su moneda, porque el costo energético importado se vuelve más difícil de absorber.

Por lo tanto, el reciente rebote del yen refleja que las autoridades japonesas han decidido elevar el tono, y aunque el mercado todavía no sabe si habrá intervención efectiva, la advertencia ya ha sido suficiente para provocar un ajuste. El riesgo para quienes mantienen posiciones bajistas contra el yen es que una actuación oficial convierta una corrección puntual en un movimiento mucho más violento.

Cabe señalar que días atrás, el BoJ mantuvo su tasa de interés en el 0,75% anual, en medio de la persistente incertidumbre sobre la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. La mayoría de los economistas internacionales creen que el BoJ esperará hasta julio para subir su tasa de interés para evaluar cuidadosamente cómo el choque en los términos de intercambio deteriorará la crisis del costo de vida y las ganancias de las pequeñas empresas, que también son políticamente cruciales para la economía. Sin embargo, una mayor depreciación del yen podría dar al BoJ argumentos sólidos para elevar la tasa de interés en junio y contrarrestar la percepción de que se está quedando rezagado en la lucha contra la inflación. Vale recordar que la crisis de los términos de intercambio en 2022-2023 se vio significativamente agravada y prolongada por la depreciación del yen. En tal sentido, el impacto de la depreciación del yen en la inflación importada ha sido limitado hasta el momento, y se cree que la primera ministra Sanae Takaichi aceptará a regañadientes una suba de tasas si fuera necesario para frenar un mayor deterioro de la crisis del costo de la vida y un aumento en los rendimientos de los bonos del gobierno. Claro que el BoJ podría retrasar la próxima suba de tasas si persiste la crisis de Medio Oriente. Veremos.



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