Las razones financieras que entusiasman al Gobierno frente a los primeros números de rebote de la actividad

El equipo económico busca consolidar el relato de que «lo peor ya pasó«. Marzo es el mes: en los despachos oficiales se entusiasman con datos que muestran en verde a la actividad económica. Un tímido rebote, pero rebote al fin. Estimaciones privadas convalidan el salto, pero la lectura es más cautelosa. La advertencia es que la tracción proviene casi en exclusivo del sector externo y ponen el foco en el deterioro de la cadena de pagos familiar. El Gobierno, en cambio, afirma que hay un efecto buscado gracias a la baja de tasas.

Las autoridades siguen de cerca una serie de indicadores de alta frecuencia que, desestacionalizados, mostraron un giro positivo en marzo. En el Palacio de Hacienda celebran especialmente el repunte de rubros vinculados al mercado interno que venían rezagados: las ventas de bebidas sin alcohol subieron 1,2%, los despachos de cemento 5,5% y los patentamientos automotores un 2,3%. En el plano industrial y primario, destacan la producción de acero (+11,4%) y un salto del 21,4% en la molienda de soja. «Los procesos de recuperación nunca son lineales ni homogéneos. Pero los números apuntan a mejoras. Y me parece que, con bases sólidas, las mejoras se retroalimentan y conllevan a un ciclo virtuoso», consideró en diálogo con PERFIL una fuente gubernamental.

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Luis Caputo

El impulso de las exportaciones

Las consultoras privadas ratificaron el repunte, pero encienden luces amarillas sobre su sustentabilidad. El Estimador de Actividad Económica (EsAE) elaborado por Eco Go registró una expansión desestacionalizada del 0,8% en marzo frente a febrero, y un alza interanual del 2,4%. La radiografía de este indicador expone que la recuperación no es integral. El motor excluyente fue el mercado externo: las exportaciones se dispararon un 41,2% en el mes, mientras que variables sensibles como el consumo apenas marcaron una variación del 1,4%. Para los especialistas, depender de los envíos agrícolas y energéticos en lugar del consumo interno pone en duda la continuidad temporal de este rebote, de cara al segundo semestre.

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Para Analytica la mejora fue similar, del 0,9% desestacionalizado, de acuerdo a su Índice Líder de Actividad (ILA). La consultora además explicó: «Marzo fue un mes de recuperación extendida aunque con heterogeneidades. La industria y el frente externo traccionaron con fuerza, el sector automotriz revirtió su caída y la construcción dio señales de sostenimiento. El agro registró una baja mensual pero sigue operando en niveles históricamente altos. Donde el rebote no apareció fue en la demanda del hogar: el consumo privado, el crédito a familias y la confianza del consumidor volvieron a deteriorarse, dejando en claro que la recuperación tiene un techo bajo«.

En las empresas productivas, en cambio, ven una comparación positiva con un mes que resaltan fue muy bajo. La Unión Industrial Argentina (UIA) ve en marzo un repunte general del 3,2%. “La industria tanto en el nivel agregado como sectorial continúa con un desempeño bajo en relación al primer trimestre del año anterior, y en torno a un 10% por debajo de los niveles 2022 y 2023”. En febrero, el INDEC había registrado una caída mensual del 2,6% y del 2,1% interanual de la actividad económica.

El pico de morosidad: ¿saneamiento o crisis de ingresos?

El entusiasmo estadístico del Gobierno convive con el lado más duro del apretón monetario: la morosidad bancaria tocó un pico del 11,2%. Lejos de alarmarse, el oficialismo asume este dato como un daño colateral ya digerido. «Es un efecto esperado del apretón monetario de las elecciones, tiene que bajar en los próximos meses», indicaron desde Economía. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reforzó esta línea durante su paso por la ExpoEFI. Para el titular de la autoridad monetaria, el sistema financiero «se está saneando» tras haber superado el pico de impagos. Según su diagnóstico, el reinicio de la actividad crediticia tras la devaluación generó una «primera ola de créditos que se otorgó a ciegas».

Santiago Bausili
Santiago Bausili

Y resumió: «Si no hay crédito, no hay mora; cuando volvió el crédito, apareció la mora». Bausili argumentó que el fin de la licuación inflacionaria obligó a los bancos a recalibrar sus sistemas de scoring. «Para el deudor, la inflación se ocupaba de las últimas cuotas del crédito en pesos. Ya no más», advirtió el funcionario.

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Estudios privados hablan de la mora más alta en años como consecuencia de un shock de ingresos. Un informe del Centro RA de la Universidad de Buenos Aires (UBA) señala que el incumplimiento en créditos al consumo saltó del 2,5% al 12,1% (casi cinco veces más). En paralelo, la morosidad total de los hogares alcanzó el 10,6%, superando incluso los peores registros de la pandemia y marcando el nivel más alto desde 2009.

El informe vincula este deterioro patrimonial con la disparidad en la corrección de precios relativos. Con una inflación acumulada desde diciembre del 170% en bienes y del 362% en servicios, la estructura de supervivencia de las familias mutó drásticamente. Los asalariados pasaron de destinar el 60% de sus ingresos a la compra de bienes para concentrar un 42% exclusivamente en el pago de servicios (cuatro puntos más que al inicio de la gestión). Un desplazamiento que absorbe la liquidez de los hogares y los empuja al default en sus obligaciones financieras.

AM/ML

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