Estados Unidos y una aclaración nada «híbrida»

La descripción en detalle de las «guerras híbridas«, concepto que el Rafael Bielsa poeta y escritor (su faceta que importa) toma de distintos autores para elaborar, con lucidez e impronta propia, una nota publicada en este mismo portal el domingo 29 de marzo bajo el título ¿Qué ves cuando ves las guerras híbridas? es una descripción acertada para entender mejor el mundo actual. El inmundo mundo actual, encarnado en inmundicias como Trump. Netanyahu y Milei.

Pero sin tantos alambiques, no del autor, sino de esta época berreta que se los provee, saturada de Adornis deslomados, chicas poco ilustradas como la Limoneso esos «teóricos» de la derecha y demás animalitos que pululan por las redes sociales como las heces por las cloacas, así como en los medios pululan los que la van de periodistas y son más bien lacayos, caso el que por desgracia no se murió cuando el Covid-19 y estuvo internado, o uno pelado al que la falta de ideas y pelo hace que se le trabuquen las palabras, y todo el resto de serviles a los que, en conjunto, ahora, y es parte del laburo, la sociedad a la que defienden con tesón y que los humilla sin pruritos los obliga a pasar publicidad –sí, el capitalismo es un amor– y, ¡diablos!, lo bien que lo hacen, hasta parecen locutores de antaño, lo que lleva a pensar si no le habrán chingado a su verdadera vocación, la de locutores, y la confundieron con el periodismo.

Quizá hasta logren «spot» propio, como ya lo lograron futbolistas de la Selección y su técnico o el que siempre entra último en la Fórmula Uno, quienes promocionan productos del producto de lo que son producto, sin darse cuenta, como el mono que se ve ante el espejo y no comprende que es él, no otro mono.

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

¿Será por eso, que sonríen? Está claro que una cosa fue Maradona y otra es esta cosa, Messi. Pero volvamos a la nota de Rafael Bielsa, que en ella estábamos, a su descripción detalladísima de estas guerras de moda, las «híbridas», que calzan ideal en estos tiempos ídem. Híbridos como el rostro de Trump, o «el rostro Trump», que así le llamaría un experto en make-up al darle el último retoque anaranjado a esa especie de torta rancia que es su cara, aunque menos rancia, más rubiota y de esconder picardías –vaya a saber qué «picardías», no las de bombardear un país o secuestrar a un presidente–, en esas fotos de más joven, sonriente junto a Epstein (Jeffrey). No confundir con Einstein (Albert), por favor.

Ese anaranjado que tampoco se parece al crepúsculo de un atardecer o de un amanecer, sino más bien a una jalea en la que acaban de desovar las moscas, de no ser una coluria por trastornos hepáticos o biliares o, visto el personaje, mentales, del tipo que lo llevan a combinar, en su vestuario, traje y corbata con un gorrito MAGA de visera… ¿los colores?

Híbridos como el rostro de Trump, o ‘el rostro Trump’, que así le llamaría un experto en ‘make-up’ al darle el último retoque anaranjado a esa especie de torta rancia que es su cara»

En fin…, a la manera en que una banana sentada en una silla o un auto untado en dulce de leche podrían pasar por arte conceptual en una galería contemporánea, como el tiburón en formol de Damien Hirstlo fue en la Royal Academy of Arts, de Londres, en 1997, o antecedentes ilustres, con escándalo, como La Fuente, de Duchamp, en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York en 1917 o, con vómito incluido, La Jefa en el mingitorio de la casa rosácea, en la Panorámica Surrealista Saudí montada por el Colectivo de Artistas Árabes en la Embajada de Bruselas, con la célebre pintura de Akabar bin Veniyaii Lamémelas.

¿En 1927 fue? ¿A la que asistió Breton? Se nos pierde la fecha, se nos perdió el catálogo, se nos pierden pormenores entre los misiles que retumban.

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Hablando de toda esa hibridez, de esta mezcla, un observador medianamente atento la podría encontrar también en ese globo aerostático que es el rostro de Milei, lleno de estrías y pozos, en los que se disimulan sus falacias, o en maquillajes como el mazacote de lo que tiene por cara Netanyahu, una de piedra inmune a «crímenes de guerra y lesa humanidad», de atenernos al reporte de la Corte Penal Internacional de La Haya.

Caras molde estadounidense, a lo John Wayne, Ronald Reagan, Tío Sam, Ku Klux Klan y tanto filme de Hollywood, aunque pruebas ya se venían acumulando, pero alcanzaron su punto relevante con firmas indelebles en 1945, las de Hiroshima y Nagasaki, al quedar formalizada la mayor organización terrorista que existe: los Estados Unidos de América.

Afables, tipo Lincoln o Kennedy, y no afables, tipo Truman o Nixon, y sus variedades intermedias de sonrientes, lascivas, racistas, sanguinarias, neutras, imbéciles, etcétera. Hoy, ésta anaranjada»

América, en realidad, alude a la porción de ellos y un cacho más, Alaska, o sea, lo que les rapiñaron a los indios y lo que les compraron a los rusos, quienes no sólo en 1991 se mostraron estrechos de visión, y es preciso aclarar todo esto dado el malentendido que circula por el mundo, porque «americanos» somos todos, incluidos los que son parte de esa parte del norte, no sólo ellos, sino México y Canadá.

Desde 1945, entonces, más que nunca, todo estadounidense, por el solo hecho de nacer, debe demostrar que es inocente. Aunque la vena asesina de esos gringos tampoco empezó ahí, se gestó de 1776 en adelante, o 1789, si se quiere. Ese apotegma espurio de que de un lado están «los buenos», que son ellos, y del otro «los malos», que somos nosotros.

Cada presidente estadounidense encarna eso, que arranca, en rostros, con el rostro de Washington, la pasta base sobre la que se fueron calzando después distintas máscaras. Afables, tipo Lincoln o Kennedy, y no afables, tipo Truman o Nixon, y sus variedades intermedias de sonrientes, lascivas, racistas, sanguinarias, neutras, imbéciles, etcétera. Hoy, ésta anaranjada.

El bestiario completo consta, a la fecha, de 45 presidentes. De entre los más recientes, Clinton, Bush Uno y Dos, Obama, Biden… De los previos, una parva. Ahí se tiene Internet para buscarlos. Las palabras clave son: «cucurucho de pochoclos» + «gorrito con visera» + «insidia» + «invasiones» + «asesinatos». Vías de acceso indirectas: «democracia» y «mundo libre». «Occidente» puede demorar el rastreo en bifurcaciones como «Europa».

El predominio es blanco, segregacionista, supremacista. Hay excepciones, claro. Gente de otro color, incluso blanca, aunque preferentemente pieles rojas como Toro Sentado, Gerónimo y Cochise, negros como Eldridge Cleaver y los Panteras Negras, verdes como Ray Bradbury, que llegó del espacio exterior, de Poesía, o azules como Woody Allen, a quien la cigüeña que lo llevaba a Suecia, al Bergmans Sjukhus, se equivocó de ruta y lo dejó en el Mount Eden Hospital, del Bronx, en Nueva York, o esa chica, violácea, sensual, inteligente, Susan Sontag.

Y puñaditos más, sí, puñaditos, porque la mayoría son unos «hijos de trump». De «trump» con «u», como se pronuncia en españolla «u», no con la «a» de «tramp», aunque describa tan bien a ese país que es una «trampa». El inconsciente es medio sabio, ¿no?

No, no nos fuimos de la nota de Bielsa, acá volvimos, como en la insoportable sociedad de consuno, «luego de una tanda». Vamos a reconvenirle, empero, que, en esa hibridez de la que habla, se arma una mezcolanza que no permite discernir, pues, al margen de la modalidad de hacer las guerras, la dicotomía sigue siendo una sola, nunca estuvo tan diáfana.

Como no hubo una fase «bipolar», por más que se la miente, la de la Guerra Fría, sino un odio basal, de clase, tampoco hay esta fase «multipolar», por evidente que sea, cara a las «guerras híbridas, ni hubo ese interregno «unipolar» del fantasioso Fukuyama con su «fin de la historia». Tampoco caben eufemismos como «socialdemocracia», «progresismo», «Estado de bienestar», «movilidad social» y demás yerbas o medias tintas.

Todo es más directo, contrastante, frontal. ¿Cromático? Sí. ¿Daltónico? No. Pero, como en el revelado de la foto analógica, se necesita una luz roja para que la imagen no se vele ni se confunda la realidad. Porque, en esencia, nada cambió, todo sigue igual, por vueltas que se pretenda darle. Es blanco y negro. Anoten: capitalismo o comunismo.

* «El escritor en su torre de marfil”; periodista y escritor, autor de “Treinta poemas escritos en invierno”, “Guía del siglo XX para un turista del futuro”, “Maia”, “Dom” y “El Equipo de José nunca nunca existió”, entre otras obras.

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