Mientras Donald Trump intenta salir de la guerra contra Irán sin que se note demasiado -y también despegarse de la agenda de su socio Benjamín Netanyahu, orientada a aplastar con su pesada bota a Irán, Líbano y todo “enclave” que obstaculice la pretensión de consolidar el llamado Gran Israel-, la República Islámica desarrolló un tipo de propaganda bélica que se viraliza en la web, pero con un rasgo poco común: la estética de los muñequitos tipo Lego. Con milicianos iraníes fieros y, a la vez, humanizados.
Uno de los últimos videos –o capítulos– de esta serie, difundido el 23 de abril, abre con imágenes aéreas de columnas de infantería avanzando en el desierto. Tanques que levantan polvo mientras decenas de misiles se preparan para ser lanzados. La música, marcial, acompaña un montaje que transmite fuerza. Todo apunta, desde luego, a exhibir el músculo militar de Irán. Hay lanzamientos simultáneos de proyectiles que se elevan en diagonal hacia el cielo. La secuencia alterna con tomas de drones en vuelo -algunos pequeños, otros más robustos- y muestra la apuesta iraní por tecnología relativamente barata, pero efectiva.
El foco se traslada al mar, al estrecho de Ormuz: lanchas rápidas maniobran a alta velocidad, la llamada táctica de “enjambre”, basada en saturar al enemigo con unidades pequeñas, difíciles de detectar y de bajo costo, en lugar de grandes buques tradicionales.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El video también exhibe instalaciones subterráneas: túneles extensos donde se almacenan bombas alineadas, mientras figuras barbadas de estética Lego las pulen con franelas.
Crece la interna en la OTAN por el conflicto bélico en Medio Oriente
El cierre es casi hollywoodense: desfiles, banderas, lanzamientos nocturnos y explosiones controladas. Todo está editado para transmitir una idea central: Irán no necesita igualar a las grandes potencias en tecnología o presupuesto. En una de las piezas más difundidas, una ciudad estalla bajo bombas que caen como bloques de plástico. Las figuras -cabezas cuadradas, gestos exagerados- corren, disparan, mueren. Podría ser un videojuego. Podría parecer una parodia. No lo es. Es propaganda.

En otro de los videos, que incluso fue difundido por la televisión pública iraní, la escena comienza como un juego, pero deriva rápidamente en una pieza de acusación política directa. La animación -producida por el instituto estatal Revayat-e Fath- muestra esta escena: sobre una mesa, versiones caricaturizadas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu aparecen junto a una figura demoníaca, hojeando un dossier oscuro vinculado al caso Epstein. La escena sugiere una relación de chantaje: Netanyahu presionando a Trump con ese material.
El giro es inmediato: Trump, enfurecido, presiona un botón rojo y ordena un ataque. Un misil despega y cae sobre lo que parece un aula. El impacto es limpio.
Luego, el detalle: mochilas, escombros, cuerpos de niños representados como juguetes. A partir de ahí, el relato se invierte. Soldados iraníes avanzan, la música cambia, llegan las represalias.
El mensaje no es sutil. La narrativa propone que la dirigencia estadounidense actúa bajo coerción y responde a intereses israelíes, al tiempo que interpela directamente al público norteamericano con una acusación brutal: estar gobernado por elites corruptas y desviadas. Todo envuelto en códigos visuales infantiles.
Irán encontró en esta estética -no oficial, pero inmediatamente reconocible- una forma de narrar la guerra comprensible para todos los públicos del planeta.
La novedad no está en la propaganda, sino en el formato. Donde antes había solemnidad, ahora hay meme. Donde había discursos largos, ahora hay clips breves.
Detrás de estas piezas hay células de producción pequeñas -en algunos casos de menos de diez personas- que trabajan con inteligencia artificial y animación automatizada. Equipos como el del canal Explosive Media producen contenido de forma constante. El costo es bajo, la velocidad alta y la replicación, potencialmente infinita.
Ese ecosistema no solo produce contenido: también choca con los límites de las plataformas donde circula. Explosive Media creció con rapidez desde 2025 tras incorporar IA. Sus videos acumularon millones de visualizaciones en pocas semanas.
Pero ese crecimiento trajo controversia: parte del contenido fue restringido o eliminado por YouTube ante cuestionamientos por propaganda y desinformación. Las piezas operan en una zona gris: no son registros reales de violencia, sino animaciones; no son discursos oficiales, pero tampoco completamente extraoficiales.
En una entrevista con la BBC, el propio creador -“Mr. Explosive”, cuyo nombre real es Mohammad Reza Nourbakhsh- reconoció que Irán es “un cliente de mi empresa”. Y explicó: “El formato Lego funciona porque es un lenguaje universal, mi producto combina la lógica del influencer con los objetivos de la propaganda estatal. Irán habla hacia afuera, especialmente a públicos jóvenes. Traduce el conflicto a una gramática simple: buenos y malos, ataque y respuesta”.
El diario El País sostuvo que esta producción forma parte de una “guerra memética”, en la que la inteligencia artificial permite generar contenido constante, “erosionando la capacidad de atención del público”. En medios tecnológicos como Wired, el fenómeno fue descrito como una maquinaria capaz de producir contenido viral con humor y códigos de la cultura estadounidense, lo que muestra su llegada a audiencias fuera de Oriente Medio.

En Israel, The Jerusalem Post subrayó que estos videos incluyen afirmaciones falsas o no verificadas sobre operaciones militares, “integradas en una narrativa visual diseñada para impactar emocionalmente”.
Los analistas que estudiaron este tipo de propaganda coinciden en otro punto: el éxito no radica en la precisión, sino en la circulación. Para la cadena Al Jazeera, estos contenidos son “de alta calidad y bajo costo”, pero logran explotar grietas en el debate político occidental.
Occidente, destinatario de estos combatientes de plástico, no es ajeno a esta lógica, pero llega más tarde al formato.
Entre tanto, Irán consigue instalar fragmentos de su narrativa a escala global.
Veni Vidi Vici: la cuestión es viralizar
Sin métricas auditadas de audiencia, el alcance de Explosive Media debe leerse en el marco de lo que los investigadores describen como “propaganda computacional”. Medios como The Guardian o El País sostienen que los videos Lego son de rápida viralización y circulación transnacional. Como advierte la investigadora Joan Donovan, citada por The Guardian, “la escala ya no depende de una audiencia directa sino de la capacidad de amplificación en red. En esa lógica, más que un público estable, lo que existe es un flujo de reproducciones fragmentadas, impulsadas por algoritmos y replicadas en múltiples plataformas”.
Un video animado con estética de Lego y soldados iraníes llegó a rozar el millón de visualizaciones en YouTube antes de ser eliminado por la plataforma. Para entonces, algunos ya circulaban en X e Instagram. En ese circuito, la audiencia deja de ser un número único: cada copia suma vistas propias y convierte a la viralización en un galimatías acumulativo difícil de medir.
Afirman que Trump, enojado por Irán, podría retirar el apoyo al Reino Unido por Malvinas
La cuestión es que en el nuevo teatro de guerra la pelea ya no es sólo por el territorio, sino por el relato en la web. Y en ese terreno, ganar es lograr que otros lo repitan y le sumen likes. A pesar de que, como todos sabemos, la primera víctima en una guerra es la verdad.
El canal Explosive Media comenzó a ganar visibilidad a partir de 2025. Creció muy rápido: millones de visualizaciones en pocas semanas, entre otras razones porque cada pieza puede ser recortada, subtitulada y redistribuida en cuestión de horas.
Pero ese mismo éxito lo puso bajo la lupa. Parte de su contenido fue restringido o eliminado por YouTube, como ya dijimos. Aunque esa decisión llevó rápidamente a un dilema: ¿cómo moderar contenidos que no son imágenes reales de violencia, sino animaciones, pero que cumplen funciones claras de acción psicológica?
El caso también revela un cambio de época. La propaganda estatal ya no necesita canales oficiales para comunicar. Bien que lo aprendimos en la Argentina de Milei y de la incontinencia digital de Donald Trump.
LT

COMENTARIOS