La creciente preocupación por la violencia en las escuelas argentinas encendió una alarma entre especialistas. Para Gustavo Zorzoli, el fenómeno no responde a hechos aislados, sino a una dinámica más compleja que atraviesa a toda la comunidad educativa. “No es que hay 5 o 10 adolescentes con problemas, pareciera que estuvieran más relacionados con una campaña orquestada desde las redes sociales”, sostuvo.
El disparador reciente fue un caso en Santa Fe, que derivó en una ola de amenazas en instituciones educativas de todo el país. Según el especialista, la simultaneidad de estos episodios refuerza la hipótesis de una propagación digital: “No resulta creíble que sea espontáneo que en 200 escuelas se reproduzcan amenazas al mismo tiempo”. Aunque muchas no se concretan, generan un clima de tensión que impacta directamente en estudiantes, docentes y familias.
Un miedo que atraviesa la vida escolar
Zorzoli describió cómo este fenómeno se instaló en la cotidianeidad de los jóvenes. “Es un tema de conversación en los recreos, en la plaza, entre los chicos”, explicó, y advirtió que el miedo es difícil de revertir porque existe un antecedente concreto en el país. En ese contexto, las escuelas enfrentan limitaciones para contener la situación: “Las estrategias que pueden implementar son bastante acotadas y esto podría volver a repetirse”.
Además, señaló que el sistema educativo argentino no cuenta con antecedentes recientes que permitan actuar con protocolos claros, a diferencia de otros países donde estos hechos son más frecuentes. Sin embargo, sí existen problemáticas estructurales como el bullying y el ciberbullying, potenciadas por el uso de celulares. “Las redes sociales son el vehículo a través del cual estas situaciones se reproducen”, afirmó.
Nuevos desafíos: salud mental y pospandemia
El especialista también vinculó el aumento de conflictos con otros factores que afectan a los adolescentes, como las apuestas online, los consumos problemáticos y la salud mental. En ese sentido, remarcó que el impacto de la pandemia sigue vigente: “El encierro prolongado produjo secuelas importantes en términos psicológicos”.
Sobre el rol de los adultos, Zorzoli fue contundente al señalar la necesidad de actuar ante señales de alerta. “Muchas veces ese mensaje que da un joven es un pedido de auxilio”, advirtió. Y cuestionó la tendencia a minimizar estas situaciones: “Reservar ese ‘secreto’ no está bien, hay que acudir a especialistas”.
Finalmente, subrayó que, aunque existen capacitaciones docentes para problemáticas tradicionales, este nuevo escenario requiere respuestas específicas. “Siempre va a ser mejor que un especialista tome el tema y no alguien sin formación específica”, concluyó.

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